Tiempo Libre
Columna Teatro
Emigrados
Juego de amargas sensaciones
Bruno Bert
Sawomir Mrozek es un autor polaco (Cracovia, 1930) no muy conocido entre nosotros. De tanto en tanto vemos alguna obra suya en cartelera (Tango, En altamar, etcétera), pero que pasan rápidamente sin impactar ni a los espectadores ni a la crítica. Ahora, de manos de David Psalmón, tenemos en La Gruta Emigrados, material de 1974, que de alguna manera elabora literariamente su propia experiencia como tal, primero en Italia y luego en Francia, en tiempos del socialismo polaco.
No es solamente un dramaturgo, y de él recuerdo también unos cuentos excelentes que se ubican entre sus primeras producciones. Llevan el título genérico de El elefante y están cargados de un cierto humor muy ácido, una indudable capacidad de síntesis, una escritura casi impecable y un fuerte pesimismo, sobre todo en el aspecto político. Mucho de esto –que debe ser de fines de los cincuenta– se encuentra también en la obra que hoy nos ocupa.
Anecdóticamente toma a dos personajes que comparten una pobre habitación en el sótano de un edificio de departamentos. No sabemos en qué ciudad ni país están, pero sí se nos informa que ambos son emigrados de una misma tierra a la que nunca se le da nombre, aunque podamos inferir que es la Polonia de los setenta. Uno es obrero de la construcción y el otro, un intelectual sin oficio demasiado claro. El primero trabaja como una bestia para ahorrar lo suficiente para volver a su patria y reencontrarse con su mujer e hijos; el otro, goza de una cierta solvencia y trata a su vecino y compatriota como si fuera su conejillo de indias en experimentos sicológicos que minan completamente su estabilidad mental. Por ahí campea una cierta reminiscencia del teatro del absurdo, que pinta las situaciones de manera que el naturalismo escénico no se apodere demasiado del ambiente. Cada escena es un poco como un cuento cortó que se ensambla con otros, formando una cadena narrativa.
Las acciones son lentas, las reflexiones pasan de la estridencia a rumiar estados de ánimo con cierta tendencia a lo circular y compulsivo, la naturaleza –tan virtual en ese sótano miserable– parece hacerse presente a través de amenazas de incendio o tal vez de temblores, de oscurecimientos y remotos sonidos de quienes –arriba– parecen festejar un fin de año. Viven sintiendo que todo lo que los rodea, ellos mismos y su país lejano, no son más que débiles especulaciones sin mucho sentido, mientras vegetan navegando la más absoluta desesperanza. Un texto difícil en un montaje complejo.
Para este dúo un tanto beckettiano, el director eligió a Silverio Palacios (el intelectual) y Joaquín Cosío –aunque la vi interpretada por Hernán Mendoza, con quien seguramente alterna– para el obrero que sueña con el regreso. Mendoza hace un trabajo sólido, de difícil factura para evitar superficialidades simplificadoras o caídas hacia el melodrama. También la labor de Palacios es muy interesante, aunque posiblemente pueda profundizarla aún más en el correr de las funciones.
Un trabajo poco frecuente de ver en nuestros escenarios. Una reflexión que tiene que ver con un mundo ya muerto, pero también con la realidad cada día más extendida de los que emigran por cuestiones políticas, económicas o de seguridad. No se trata de un discurso panfletario ni de una denuncia concreta, sino más bien un juego de amargas sensaciones para los que no encuentran lugar, pierden arraigo y bordean el sinsentido.
En definitiva, un trabajo para verse, nada complaciente, que le exigirá un interesante grado de madurez, tanto ideológica como artística.
Emigrados de Slawomir Mrozek. Dir. David Psalmón. Con Hernán Mendoza y Silverio Palacios. Foro La Gruta, Centro Cultural Helénico, Revolución 1500, Guadalupe Inn (MB Altavista), 4155-0900. Sábado, 19:00; domingo, 18:00 horas. Loc. $150. Sistema Ticketmaster, 5325-9000. Adolescentes y adultos. Duración aproximada 110 mins. Estacionamiento. (Sur)