FICHA TÉCNICA



Notas El autor realiza un balance de la actividad teatral del 2007




Cómo citar Bert, Bruno. "... Y se acabó". Tiempo Libre, 2007. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



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Tiempo Libre

Columna Teatro

... Y se acabó

Bruno Bert

Llegamos a fin de año un tanto fatigados, con ganas de renuevos, con deseos de aires frescos y problemas distintos. Dentro y fuera del teatro, claro. Esta fue una temporada con bastantes propuestas, algunas interesantes, pero sin grandes picos, sin asombros creativos. Eso es una pena: tener un teatro "correcto" es lo menos correcto que le puede suceder al arte, espacio de la desmesura por definición.

Seguimos adoleciendo de un verdadero teatro independiente, y creo que este es justamente el punto: mientras el público va madurando para mejor ubicarse frente a la ventana teatral, los creadores desarrollan vuelos bastante más bajos de lo que su espacio social esperaría. Uno desea ver nacer espacios alternativos en cada barrio, y en ellos grupos de, autogestión con materiales artísticamente agresivos de todas las corrientes estéticas e ideológicas, pero más bien encuentra que las salas van disminuyendo en número y los espectáculos toman un tono medio muy poco estimulante.

Tal vez la situación también tenga que ver con los espacios formativos. El teatro independiente generalmente se muestra como una opción auto pedagógica que a la larga y a través de sus mejores exponentes, renueva los planteles académicos incorporando las propuestas periféricas a un espacio de largo aliento y directamente vinculado con los centros de investigación. La casi inexistencia de estos focos referenciales, rutiniza la tarea de las aulas, que cada vez más se van distanciando de agilidad y eficacia para lo que demanda un teatro contemporáneo con un horizonte tanto de identidad nacional como de perspectiva global. A esto se le suma la desarticulada agenda económica, que deja a las escuelas desguarnecidas y en la imposibilidad no ya de generar planes, promover intercambios, facilitar encuentros, etcétera, sino que incluso comienzan a languidecer en espacios que, como el Centro Nacional de las Artes, está urgido hasta de una renovación de sus computadoras e incluso mobiliario básico.

Pero aquí no pretendo fomentar el llanto hacia un gobierno muy poco interesado en la cultura y las artes, allí sólo cabe una exigencia coherente para que el Estado no abandone sus obligaciones básicas al respecto. Más bien pienso que debemos renovar el diálogo entre hacedores y público, creando alternativas diversas para la producción y difusión de productos por parte de los que aún creen que el teatro es un arte especialmente importante en tiempos como los actuales. Un arte de vinculación, de convivio, como se lo suele llamar en otras latitudes, un arte donde el cuerpo vivo de sus hacedores se hace presente simultáneamente cada noche para compartir la ceremonia del espectáculo, es decir, los sueños de un espacio social en relación a su presente y futuro.

Creo que México cuenta con artistas valiosos en este rubro, pero que hay un predominio de miradas intimistas, a veces voyeristas incluso; de pensamientos que se retuercen sobre sí mismos y preocupaciones que parecen carecer de un entorno espacio-temporal concreto. Estoy lejos de proponer el regreso a retrógrados y simplificadores teatros políticos, pero siento que es tiempo de pensar un paso más allá de las situaciones individuales, los gustos personales y las dudas estrictamente existenciales. Ojalá el 2008 sea un tiempo de reflexión creativa con toda la audacia que el teatro y la realidad de México merecen.