FICHA TÉCNICA
Notas Con motivo de los 60 años del Palacio de Bellas Artes, la autora comenta al respecto de este recinto, en un concierto de aniversario.
Título obra Un día nublado en la casa del sol
Autoría Antonio Algarra
Dirección Antonio Algarra
Elenco Dora Montero, Marco Vinicio, Luis Ibar
Escenografía Arturo Nava
Espacios teatrales Sala Julián Carrillo de Radio UNAM
Cómo citar Rabell, Malkah. "El Palacio de Bellas Artes reabre sus puertas". El Día, 1994. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
imagen facsimilar
El Día
Columna Se alza el telón
El Palacio de Bellas Artes reabre sus puertas
Malkah Rabell
1934 — México, D.F., sólo cuenta con una población de 3 millones de habitantes. Es una ciudad pequeña y preciosa, que encanta a los pocos turistas, por lo general norteamericanos, con su mezcolanza de arquitectura colonial y moderna, y con su carácter aún ligado a la colonia. Cuando llegué al país, en 1938, ese gran edificio, que se veía de lejos, el Palacio de Bellas Artes, era el orgullo de los antiguos habitantes, y la burla de los jóvenes y de toda una clase de intelectuales, que lo llamaban "tarta a la crema" o "pastel de quinceañera". En tanto sus padres y familiares se dedicaban a llevar a cualquier turista a presenciar esa "maravilla".
Mas, pasaban años y años, y las opiniones cambiaban bajo la influencia de numerosos críticos, tanto del arte plástico, como del arte dramático. Hasta llegar a repetir las opiniones del gran crítico de la pintura, Justino Fernández: quien decía de ese monumento que representaba "el último esfuerzo de una época por renovarse, por tener una expresión propia y distinta". En tanto Francisco de la Maza consideraba en 1957, que se trataba: "de una reacción contra el Academicismo y el romanticismo... Un fecundo puente que ligaba el siglo pasado con el presente". Y así ese monumento del Art Nouveau se transformó en muchas mentes en un Art Noveau mexicanizado.
Han pasado 60 años y todo México trata de observar de más cerca los nuevos aportes que al orgullo de sus padres han aportado los jóvenes arquitectos. Y esa noche de jueves 29 de septiembre, a las 8 y media, se alzó el telón sobre una orquesta de más de cien músicos dirigidos por el director huésped: Alfredo Silipigno, con un programa de selecciones de ópera, de Wagner, Puccini y Verdi. Seguido ese programa por un ballet: El pájaro de fuego, con música de Igor Stravinski. Pero, lo que más me entusiasmó fue: Las redes de Silvestre Revueltas, que yo oía por primera vez. Además me parecía que la Suite de Revueltas fue dirigida con mucho sentimiento por el joven director mexicano, Enrique Arturo Diemecke.
A la salida, los jóvenes me llevaron de visita al enorme estacionamiento, donde pueden caber 300 automóviles. Luego salimos de esa bellísima plaza que se extiende ante la entrada del Bellas Artes y que da al teatro un aspecto complemente distinto.
Un día nublado en la casa del sol
Obra y dirección de Antonio Algarra, hombre de teatro aún poco conocido en el ambiente teatral, pero que da la impresión que no tardará en ocupar un puesto importante en ambas manifestaciones. El drama —o pieza— aunque recurre a una temática ya muy manoseada en los últimos años: la homosexualidad y el sida, no deja de interesar tanto al público como al crítico, por la finura de la realización dramática y la excelencia de la interpretación de los tres actores que forman todo el reparto: Dora Montero, Marco Vinicio y Luis Ibar.
Historia de un amor entre una pareja de homosexuales, que saben permanecer fieles a una amistad en las condiciones más peligrosas y duras de soportar, cuando el amigo se halla enfermo de ese mal es como la peste del siglo XX.
El autor sobre todo pone el acento sobre la actitud de la madre, que al saber a su hijo moribundo acepta la conducta homosexual de éste y continúa los cuidados por el joven moribundo al lado del otro amigo. Tanto Dora Montero, en el papel de la madre, como Luis Ibar, en el personaje del enfermo, y el amigo interpretado por Marco Vinicio se han entregado a sus interpretaciones con todo los sentimientos, con toda el alma, haciendo olvidar las anteriores puestas en escena de la misma temática.
La escenografía y la iluminación, pese a estar en manos de un profesional de tanto prestigio como Arturo Nava, no estaba a la misma altura que el resto de la obra. Se notaba en la sala que el decorado aún no fue acabado, en ese teatrito que se antoja una pequeño joyita en esa sala de Radio UNAM ubicada en la calle Adolfo Prieto 133.