FICHA TÉCNICA
Título obra La pasión del puerto
Autoría Marguerite Duras
Notas de autoría Óscar Flores / traducción y adaptación
Dirección Óscar Flores
Elenco Óscar Flores, Francisca Vargas
Espacios teatrales Foro La Conchita
Notas Montaje que conmemora los 10 años del Foro La Conchita
Cómo citar Rabell, Malkah. "Cumple diez años de vida el Foro de la Conchita". El Día, 1994. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
imagen facsimilar
El Día
Columna Se alza el telón
Cumple diez años de vida el Foro de la Conchita
Malkah Rabell
Hace precisamente diez años, una joven actriz mexicana, Olga Marta Dávila, que parecía acercarse con pasos seguros al éxito en su carrera, de pronto –después de casarse con un médico muy querido en su ambiente y por sus enfermos,– y después de comprar una bellísima casa en Coyoacán, decidió abandonar su carrera teatral y dedicarse a las tareas hogareñas en su nueva vida.
El jardín de la casa en Coyoacán era amplio con su arboleda y su piscina. La casa tenía uno de sus cuartos con medidas algo demasiado vastos para un simple comedor. Y ciertos amigos de sus años de actriz, que visitaban a la nueva pareja, empezaron a soñar en voz alta: "Imagínese, Olga Martha, un escenario en aquel rincón, y unos asientos más allá... ¿No te parece un teatro perfecto?" Y oiga Martha que aún tenía transido de nostalgia el alma por su antigua vida de actriz, no tardó en darle viso de realidad a esos sueños. Llamó como consejero a ese mago de la escenografía que es Alejandro Luna. Y empezó la transformación de la casa. Hasta en una oportunidad usaron la piscina, vaciándola y dándole aspecto de infierno, en A puerta cerrada de Sartre.
Desde aquella época cuando, un poco por juego, y otro mucho por amor a esa embrujadora actividad que es el teatro, Olga Martha y todos sus amigos, metieron mano en la creación de un nuevo hogar para representaciones teatrales. El Foro Conchita, como llamó Martha Olga al recién abierto teatro, ha crecido increíblemente en importancia, y después de dar cabida a numerosos grupos de amateurs, y a actores independientes, empezó a llamar la atención a su vez a dramaturgos ya reconocidos y a más de un intérprete de renombre. Hasta llegar, con ciertas representaciones, a 500 funciones. Hoy, el Foro Conchita es el hogar de un repertorio serio, de sólido prestigio entre numerosos teatristas. Y para festejar esos diez años de vida creativa, vinieron a presentarse dos jóvenes actores, él y ella, que en sus inicios ya pasaron por el mismo escenario. Con un texto de Margarite Duras, traducido y adaptado por Óscar Flores, a la vez intérprete y director de ese acto único de una historia de pasiones que se presentaba bajo el título: Pasión en el Puerto. Y al lado de Óscar Flores una actriz no menos joven, Francisca Vargas.
Debo decir la verdad: Este espectáculo, después de tantas representaciones fracasadas, que he presenciado en todo lo que va del presente año, y que me han llevado a la neurosis y al deseo de alejarme definitivamente del teatro, me ha parecido un oasis. Esos dos intérpretes jóvenes y guapos, que hablaban con una dicción perfecta y de quien se oía y se comprendía cada palabra, y de quienes veía cada gesto en la cara y percibía cada expresión cambiante en los ojos que cambiaban la interpretación del drama, me mantenían en suspenso, pese a tratarse de una historia sin secretos y de un texto sin especial originalidad. Como buena francesa, Marguerite Duras recurrió a una historia de amor en toda su desnudez, sin especiales efectos dramáticos. Dos seres humanos que se torturan, que se hacen daño uno al otro con una especie de goce que temen abandonar. Tal vez ni siquiera se trate de amor, sino del instinto de posesión, de mantener lo que es de uno y no dárselo a otro. Sin duda, Marguerite Duras sabe manejar el lenguaje con arte y musicalidad. Y la música de fondo resultaba perfecta para su acompañamiento. Pero no se trataba de alguna especial novedad. Nada de extraño sucedía ni alguna frase llamaba en especial la atención. Los dos jóvenes, pareja de antiguos casados, se cuentan uno al otro sus particulares traiciones, sus individuales aventuras de amor. ¿Por qué? Tal vez para provocar los celos del otro. Pero no es seguro. Creo que simplemente deseaban hacerse daño, y en ello residía su placer, la pasión del masoquismo.
He visto la misma obra con el mismo texto en el IFAL, y salí aburrida. ¿Por qué en cambio en el pequeño teatro del Foro de la Conchita más teatro de campo que de ciudad, me apasionó? ¿Por qué? Tal vez esa combinación de teatro y de casa particular tiene su particular encanto. Tal vez esa cercanía al actor que casi nos lleva a tocar al intérprete y a oírlo con toda claridad –que hoy ya no está de moda, porque el director exige al actor que emplee una voz baja que mal se oye– todo ello tiene un especial encanto, todo ello nos atrae tal vez inconscientemente.
Y allí están esos dos actores jóvenes en el foro plano y vacío en un principio. Dos actores que se han presentado sin director de escena, lo que por lo general me parece un defecto y lo rechazó. Pero aquí me parece de especial belleza. ¿Por qué? Tal vez porque esos dos actores jóvenes, que han excursionado ambos por casi todas las artes de la representación, y han estudiado mucho, tanto Francisca Vargas como Óscar Flores, tienen ese encanto a flor de piel y lo transmiten sin esfuerzo. Tal vez esas palabras de Marguerite Duras en boca de esos dos intérpretes mexicanos toman una especial fuerza dramática. No lo sé, pero les deseo muchas noches de tanta expresividad como aquella del festejo de los 10 años de vida del Foro de la Conchita.