FICHA TÉCNICA
Título obra A tu intocable persona
Autoría Gonzalo Valdéz Medellín
Elenco Blanca Torres, Felipe Castillo, Evelio Arias
Escenografía José Enrique Gorlero
Espacios teatrales Foro Sor Juana Inés de la Cruz
Cómo citar Rabell, Malkah. "A tu intocable persona de Gonzalo Valdés Medellín". El Día, 1994. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
imagen facsimilar
El Día
Columna Se alza el telón
A tu intocable persona de Gonzalo Valdés Medellín
Malkah Rabell
¿Cómo empezar? ¿Por dónde empezar? Resulta tan difícil escribir sobre una creación que nos disgusta. Y debo admitir desde el principio que A tu intocable persona de Gonzalo Valdés Medellín no le tengo mucha simpatía. Tal vez ya no tengo edad para soportar tantos desnudos, sobre todo masculinos, en el escenario. Hace ya muchos años que opté de no escribir acerca de obras que no me agradan. Pero no puedo dejar de hacerlo cuando una representación me atrae por algo especial, cuando señala un terrible drama en nuestra sociedad, cuando enfoca uno de los más destructivos males de la época moderna, como lo hace Gonzalo Valdés Medellín, un dramaturgo muy joven, muy inteligente, que da sus primeros pasos en el campo del drama, aunque ha incursionado con frecuencia en el área de la dirección, y sobre todo en el de la crítica. Y en esta ópera prima cuyas fallas se explican por la juventud y por la inexperiencia del dramaturgo, no faltan momentos emotivos, parlamentos interesantes y un desarrollo que mantiene en tensión al público.
¿Cuáles son pues las equivocaciones del dramaturgo?
En primer término, demasiado larga, demasiado tiempo para la duración de una obra teatral: ¡Tres horas!
Demasiados monólogos, y éstos demasiado largos. Ya muy poca gente tiene paciencia para aguantar tantas escenas donde alguno de los protagonistas habla solo, y nos cuenta "secretos" de los cuales ya nos hemos enterado por los demás personajes, de los cuales nos dimos cuenta por nosotros mismos.
Demasiado repetitivos algunos detalles.
Exceso de pornografía... Si prefiere llámela erótica. Pero esas escenas de amor entre hombres desnudos al principio de la obra, duran demasiado y sólo molestan, sin agregar nada al texto ni al contenido del drama. Igualmente dura demasiado la proyección de las fotografías "eróticas", que éstas yo sí llamaría pornográficas. Y que tampoco agregan nada a la obra.
El tema es trágico, pero muy poco original en estos tiempos. Ya todos tenemos esta auténtica maldición divina en nuestras mentes, y al salir del teatro empezamos a repasar nuestras propias dolencias para asegurarnos que no estamos contagiados por este terrible mal.
En cuanto a la presencia casi permanente del homosexualismo, éste deja de ser autodefensivo, para transformarse en propagandístico.
Entiendo que si el autor cayó en esas exageraciones fue debido a que buscaba novedades, originalidades, un nuevo teatro con nuevos intereses, diferente de otros teatristas que han usado el mismo material. Pero, aunque Ignacio Solares (otro joven dramaturgo recién llegado con una enorme personalidad creativa) diga en la introducción al programa de mano, que se trata "del mejor trabajo que sobre el tema (el sida) se haya realizado entre nosotros" creo que si la obra fuera más resumida y menos "erótica" ganaría mucho en profundidad.
Y ahora vamos a lo positivo de la representación.
Hay indudablemente escenas desgarradoras que interpretadas por una gran actriz como Blanca Torres quedan inolvidables y dejan de esa madre que llora a su hijo moribundo, un recuerdo que no se borra fácilmente. Pero no todos los intérpretes de ese drama dedicado a presentar y conocer a esa peor maldición de la época moderna, peor que la sífilis en su tiempo, son de la misma calidad que una Blanca Torres. El reparto, que es bastante amplio, en su mayoría está formado por actores juveniles, de reciente aparición en el escenario, como Felipe Castillo y Evelio Arias en el papel de Leonardo el primero y en el de Orlando el segundo, la pareja de amantes que separó el sida: aunque tan sólo uno de ellos lo padece, y es precisamente el más joven y agraciado. Pero no entendí por qué el otro, el sano, anda constantemente enojado, como si estuviera disgustado de permanecer sano. Tampoco pude entender el final. Este final de repente feliz, me resulta demasiado suertudo. ¿Lo arregló el autor para consolar al público y permitirle volver a sus casas de buen humor, o significa que se considera la curación del sida como una posibilidad ya muy próxima? Según tengo entendido no existe aún ninguna esperanza. ¿Es posible que los médicos sean tan ignorantes que se han podido equivocar? Entonces, ojalá se equivoquen en otros muchos casos y el enfermo pueda salir de sus consultorios sano y salvo. Mas, tal vez esta milagrosa recuperación se deba simplemente a un engaño de los familiares para ayudar al enfermo a soportar el final. Sin embargo, me parece una equivocación del dramaturgo desviar el interés del punto central que es el caso del enfermo de sida, y transportarlo a los dos amantes y a su amor, lo que es al final de cuentas lo secundario del tema que pierde su intensidad. Creo que se necesita un final más dramático y más realista, aunque el público se quede desmoralizado.
Desde luego, en el reparto nadie pudo alcanzar las alturas de Blanca Torres. Y algunos de los jóvenes intérpretes no lograban dar todo lo ancho que exigía su tarea.
Uno de los elementos interesantes de la puesta en escena fue la escenografía, debida a José Enrique Gorlero, cuya capacidad en este terreno ignoraba. Llamaba la atención el empleo de la técnica para hacer salir del área escénica partes enteras del decorado.
Tengo realmente curiosidad para saber cuál sería el destino final en cuanto al público se refiere, de esa primeriza obra de Medellín: A tu intocable persona. Y a la vez, tengo aún mayor curiosidad por presenciar la aparición de una segunda obra teatral del joven autor. Seguramente más madura.