FICHA TÉCNICA
Título obra El talón del diablo
Autoría Jesús González Dávila
Dirección Jesús González Dávila
Elenco Holda Ramírez, Alfredo Alonso, Perla de la Rosa
Escenografía Alejandro Luna
Espacios teatrales Foro Sor Juana Inés de la Cruz
Cómo citar Rabell, Malkah. "El talón del diablo, de Jesús González Dávila". El Día, 1994. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
imagen facsimilar
El Día
Columna Se alza el telón
El talón del diablo, de Jesús González Dávila
Malkah Rabell
¡Ay! del artista que no sabe, o no quiere, o no puede, hablar de sí mismo. En tales casos, el público termina por olvidarlo, y hasta la crítica, que se ve obligada de estar en contacto con decenas de nombres, y con centenar de obras, lo pierde de vista al correr de los años. Creo que Jesús González Dávila, excelente dramaturgo, y hasta excelente director, pertenece a esta categoría de creadores. Desde bastantes años parece haber desaparecido del escenario, por lo menos no lo oía mencionar ni por la prensa ni por la propaganda teatral, y poco a poco, este autor de numerosas obras, la mayoría interesantes y representadas por las mejores compañías, se perdió en el anonimato. Yo misma sólo recuerdo dos títulos: El pastel de zarzamora y La muchacha del alma. Y me cuesta mucho esfuerzo reordenar en mi memoria la larga lista de títulos que figuraron en la lista que anunciaba su aparición cuando lo conocí hace más de una década. Y cuando hace poco le pedí que me diera algunos nombres para una crítica más alargada, se escapó prometiéndome que al día siguiente me hablaría. Lo que –desde luego– nunca hizo.
Por lo general, los dramaturgos suelen citar sus obras pasadas en el programa de mano. Lo que Jesús González Dávila tampoco hizo. Y ese último programa suyo de Talón del diablo, apareció casi desnudo de toda presentación biográfica. Un título en tinta roja; debajo, un recordatorio escueto: "Autor y director, Jesús González Dávila". Y en las dos hojas siguientes, los nombres de los tres actores que aparecen en sus respectivos papeles: Rosy: Holda Ramírez; Andrés: Alfredo Alonso, y Cristi: Perla de la Rosa. Es más o menos toda la aclaración acerca de la obra y de su autor.
Algunos otros colaboradores son citados, como por ejemplo: el brillante escenógrafo Alejandro Luna, que con especial pasión movió las luces de los automóviles que aparecían de lejos en la noche, y que creaban una atmósfera muy peculiar y misteriosa.
¡Sí, la atmósfera! ¡El clima! He aquí uno de los puntos más importantes de esa puesta en escena debida al dramaturgo, que a su vez se ocupó de la dirección. Cosa que por lo general me disgusta, pero que en este caso casi logró la perfección. Una puesta en escena que supo manejar a los jóvenes actores como si fueran ya profesionales de mucha competencia, sobre todo a las dos jóvenes actrices, y que a su vez supieron mantener ese clima, esa atmósfera de terrible tensión nerviosa, una tensión que nos mantuvo durante una hora y media, a lo largo de ese acto único, inmersos en la angustia, inmóviles, petrificados, con una angustia y un miedo, que sin embargo nunca llegaba al horror. Sabíamos, sentíamos que algo debía suceder, algo inesperado, que nos mantenía tensos sin palabras y sin movimientos... Mas, esa tensión no se debía a los futuros sucesos, sino a los actuales, a lo que sucedía en esa oscura soledad nocturna atravesada de tanto en tanto por las luces de los automóviles, que allí, de lejos pasaban por el camino, o los caminos, con sus voces destrozadas.
El talón del Diablo es una curva cerrada en el filo del abismo..." El abismo nos parecía ese escenario, extraño escenario que transformaba a ese Foro Sor Juana Inés de la Cruz en algo terrorífico, perdido en la noche de un bosque donde tres personajes salían y entraban en un automóvil detenido en un pasaje misterioso a la espera de quien sabe qué acontecimiento. Un pasaje llamado El talón del diablo. Y como movido por el demonio, los tres personajes iban entrando y saliendo del coche, reviviendo sus vidas pasadas. Sus vidas de malhechores, de prostitutas y quien sabe si no de asesinos.
Holda Ramírez, Alfredo Alfonso, Perla de la Rosa; Rosy, Andrés, Cristi, actores nuevos en el escenario de cuyas interpretaciones en otros teatros, en otras obras nada sabíamos. Y sin embargo, se nos antojaban gente del oficio, ya con mucha profesionalidad. Sobre todo las dos mujeres. Cristi, o Perla de la Rosa, una joven casi todo el tiempo bajo el efecto del alcohol y de una especie de enloquecedor deseo sexual, con un temperamento de prostituta, ya arraigado en el vicio. Holda Ramírez, o Rosy, no menos actriz que su compañera, aunque su papel no contiene tantas posibilidades exhibicionistas como de la otra. Entre esas dos intérpretes, que en el transcurso de ese acto único han sabido posesionarse del escenario como antiguas profesionales, el único hombre en su papel de Andrés, víctima o victimario, criminal o inocente arrastrado en el camino del crimen, tenía que luchar con no pocas dificultades para no perder su presencia de primera figura, que además se enfrentaba a la dificultad de transformarse de tanto en tanto en otra figura.
El dramaturgo nunca llegaba a transformar su juego dramático en clara aventura. El interés se mantenía en el misterio, que nunca llegaba a adquirir claridad ni tampoco perdía su dramática intensidad.