FICHA TÉCNICA



Título obra Oh La La

Elenco Ofelia Medina, Xavier Mark

Espacios teatrales Teatro Julio Castillo




Cómo citar Rabell, Malkah. "Xavier Mark y Ofelia Medina protagonizan un musical". El Día, 1994. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

El Día

Columna Se alza el telón

Xavier Mark y Ofelia Medina protagonizan un musical

Malkah Rabell

En el transcurso de una sola semana pude presenciar cómo dos actores, intérpretes del teatro dramático –Xavier Mark y Ofelia Medina– se transformaban en estrellas de sendas revistas musicales.Sobre todo me llamó la atención Xavier Mark, a quien conozco desde muchos años, y nunca tuve la sospecha de que Xavier Mark sabía cantar, y menos bailar, lo que hace como una gracia de jovenzuelo. Tampoco sospeché que dominaba el francés, hasta ejecutar el programa de Oh, La La; en el teatro Julio Castillo en ese idioma. Y sólo de tanto en tanto ayudaba al público –que esa noche de estreno abarrotaba la sala con su entusiasmo–, pasando del francés al español, interpretando canciones de otros tiempos pero que siguen entusiasmando a los públicos a las multitudes, canciones de otras épocas, pero a las que el cantante daba una interpretación muy personal que las remozaba y rejuvenecía.

Así el público escuchaba Les feuilles mortes o La vie en rosa, que todo el mundo conoce tanto en francés como en español, pero que nunca se atreven a cantar en voz en cuello, por miedo de hacer el ridículo. Pues bajo la batuta de Xavier Mark toda la sala cantaba. Las canciones de Prevert, de Edith Piaff, el gorrión de París, de Charles Trenet, de Verlaine, y una desconocida de Charles Aznavour: Mi amante es sordomuda que Xavier Mark nos daba a entender haciendo con los dedos los signos de los sordomudos.

Y luego vino Pigale que fue la locura;¡Todo el mundo cantaba!

En cuanto a Ofelia Medina, nunca tuve la oportunidad de presenciar algunas de sus apariciones en los teatros más conocidos. Su espectáculo se anunciaba en el Diego Rivera y tenía como título: Voz de mujer. Una mirada al programa de mano me aclaró que esa voz de mujer no era únicamente la de Ofelia Medina, sino que también de mujeres se componía el abanico de los autores del programa.

En la larga lista de poetas femeninos figuran: Juana Inés de la Cruz, Rosario Castellanos, Concha Urquiza, Alfonsina Storni, Chabuca Granda, María Greever, Violeta Parra, Silvia Rexas y Mirta Silva. Me pareció una brillante selección, con sus multifacéticos temperamentos de creadoras latinoamericanas.

Lamentablemente muy pronto me di cuenta que los nombres famosos no correspondían al valor de sus obras, que Ofelia Medina a veces recitaba y otras veces cantaba. La cantante-recitadora parecía tener un especial don de escabullir los textos de los poemas que se desvanecían en la nada, sin llegar ni hacia nuestros oídos, ni hacia nuestro corazón. Las canciones eran un poco más consistentes, pero tampoco ni sorprendían ni emocionaban. A veces tenía yo la impresión que la pianista, Tete Cueva, que acompañaba a la estrella, era más intérprete que la propia Ofelia Medina, que nos cansaba con una insoportable gesticulación de las manos y de los brazos.

Tal vez me equivoco. Pero tenía yo la fuerte impresión de que Ofelia Medina carecía del apoyo de un buen director de escena, aunque se anunciaba la presencia de un director técnico. Pero se me hacía más bien que la joven intérprete necesitaba a un buen guía de actuación, que tuviera bastante fuerza para imponerse a una actriz que seguramente se consideraba capaz de hacer su buena voluntad. Además se me hacía que la actriz ignoraba lo que hacía falta en su repertorio para conquistar al público, y necesitaba un director con cultura e imaginación para saber cómo y dónde elegir un repertorio respetable y unificado, con textos de razonable duración, en lugar de ese cúmulo de canciones callejeras, que ni eran populares, ni eran valiosas.

Al salir de la sala tenía yo una lamentable sensación de vacío, y de haber desperdiciado una noche.