FICHA TÉCNICA



Título obra Claro que te quiero

Autoría Willy Russel

Dirección Rubén Broid

Elenco Gina Morett

Escenografía Andrés Alemán

Espacios teatrales Foro Shakespeare




Cómo citar Rabell, Malkah. "Claro que te quiero, con Gina Morett en el Foro Shakespeare". El Día, 1994. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

El Día

Columna Se alza el telón

Claro que te quiero, con Gina Morett en el Foro Shakespeare

Malkah Rabell

Por lo general me disgustan los monólogos, y creo que a la mayoría de la gente le pasa lo mismo.Y da la casualidad que Claro que te quiero. del norteamericano Willy Russell, que se estrenó en el Foro Shakespeare es un monólogo. Además un monólogo muy largo, con dos actos y dos horas de duración. Así que llegué a la representación con muy poco entusiasmo. Pero no contaba con la actuación de Gina Morett. Pero no contaba con una actriz de la talla de Gina Morett. Hizo de ese monólogo bastante simple y a veces hasta aburrido, una obra de arte. ¿Drama? No, no podemos llamarlo así. Tampoco una comedia. Más bien una obra que entrecruza los dos géneros, tal vez un melodrama basado en una novela corriente. Una obra ahora teatral que refleja todos los pormenores de la vida de una mujer de 42 años, de clase media norteamericana, con todos sus altibajos y con todas sus verdades cotidianas.

Cotidianas verdades. He ahí lo que representa esta semicomedia de Willy Russell, de quien no tuve nunca la oportunidad de presenciar alguna creación que se me haya quedado en la memoria. Y a decir verdad tampoco Claro que te quiero, un título más que nada burlón, tiene texto que permanezca por mucho tiempo en la memoria. La historia doméstica de la protagonista es bastante parecida a la vida de todas las mujeres de la misma clase social que llegan a los 42 años casadas y con hijos ya grandes. Y tal vez esa simpleza de una mujer simple es lo que atrae al público, sobretodo femenino que se ven como en un espejo. Tal vez con algunas exageraciones pero con más verdades de lo que supone, sobre todo en las vidas familiares de las mujeres norteamericanas, a las que creemos ya tan liberadas y prepotentes.

A propósito del monólogo, el Diccionario de Teatro de Patrice Pavis, anota lo siguiente: "Monólogo, del griego "monólogos", discurso de una sola persona, discurso de un personaje que no está dirigido directamente a un interlocutor con el propósito de obtener respuesta. El monólogo se distingue del diálogo por la ausencia de intercambio verbal, y por la importante extensión de un parlamento separado del contexto conflictual y dialógico. El contexto permanece el mismo del principio al fin, y los cambios de dirección semántica están limitados a un mínimo que asegura la unidad del sujeto, de la enunciación."

Pues en este discurso de dos actos de prolongación, la protagonista le dirige la palabra –se supone– a su padre, personaje que no existe en la obra, y al final hasta habla a las montañas frente al mar. Esta manera de hablar a unos seres inexistentes, tiene no obstante cierto realismo, y nos recuerda otra obra representada hace poco en México: Él, y sus mujeres. La presente obra, es aún más basada en unos discursos con seres inexistentes. Y probablemente sin la intérprete, Gina Morett, con el temperamento necesario para darle vida artística a sus palabras que sólo se dirigen al vacío, nos hubiésemos aburrido mucho. Pero la actriz Gina Morett parecía poseer el temperamento necesario para mover montañas. Esta estupenda interpretación no temía exagerar su edad y presentarse como una mujer de 42 años madre de hijos mayores, cuando ella misma puede aún representar el papel de una hija. Y no solamente no nos aburrió, sino supo introducir la risa en ciertos momentos. Y cuando decide cambiar su vida y empezar una vida nueva, todas las mujeres –o casi todas– que se encontraban en la sala aplaudían sus cambios.

Bajo la dinámica e inteligente dirección de Rubén Broid, quien también es el traductor de la obra, la intérprete dio de si lo máximo de sus esfuerzos. Vivíamos con ella toda las vivencias de su personaje, de esa mujer de clase media norteamericana, que parece tan esclavizada como cualquier mujer latinoamericana, tanto por su marido, como por sus hijos. En cuanto a sus amigas, algunas le ayudaban a levantar la cabeza y luchar, y creer en su propia capacidad así como en sus propias fuerzas y posibilidades. En tanto que otras de esas amigas sólo logran hacer más pesadas sus cadenas.

El texto parece salido más bien de una novela que de un drama. Y dar vida teatral a un texto novelado es aún más complicado que dárselo a un monólogo. El último giro del personaje demuestra que no todo está perdido y la rebelión es la mejor batalla contra el sometimiento.

La escenografía en el aspecto dedicado a la escena, que no es muy amplio, se debe a Andrés Alemán, aún desconocido del más grande público. Su escenografía del primer acto no sólo es funcional sino atractiva. Tal vez la decoración de la última escena, que debe sugerir las montañas frente al mar, montañas de un pueblo marítimo, parece más bien un abrigo de pieles desplegadas que una montaña.

Creo que Gina Morett es una de las actrices más destacadas en el actual momento. Y no se puede dejar de agradecer a Rubén Broid la limpieza y el esfuerzo que puso al servicio del presente espectáculo.