FICHA TÉCNICA
Título obra El extraño jinete
Autoría Michel de Ghelderode
Dirección Nina Serrato
Elenco Juan Carlos Remolino, Leticia Bonilla, Fidel Monroy, Arturo Reyes, Claudia Ríos, Adriana Rovira, Luis Javier Serrozo, Karim Martínez
Escenografía Mónica Kubli
Espacios teatrales Teatro el Granero
Cómo citar Rabell, Malkah. "Michel de Ghelderode, en el Teatro Granero". El Día, 1993. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
imagen facsimilar
El Día
Columna Se alza el telón
Michel de Ghelderode, en el Teatro Granero
Malkah Rabell
En realidad no sentía ningún deseo de presenciar la obra de Michel Ghelderode: El extraño jinete en el teatro Granero. Terminé por ir porque ya no sabía qué inventar para negarme a quienes insistían en llevarme. Michel de Ghelderode, el dramaturgo belga. más poeta que autor dramático, que lleva a su Flandes natal no sólo en su sangre sino en cada palabra y en cada página de sus obras, con todos sus misterios y todas sus sombras, terminó por cansarme durante todos sus largos periodos de permanencia en el escenario cuando estuvo de moda hace unos diez o veinte años atrás. También terminó por cansarme su falta de claridad y continua persecución de la muerte.
Pero, a mi gran sorpresa, nada más entrar en la sala del teatro, ya a media luz, y quedé prendada de una extraña e impresionante escenografía en ese circular foro, debido sus medios escénicos a Mónica Kubli, ocupado su escenario por un grupo de intérpretes dispersos por el foro en las más extravagantes actitudes, que sólo permitían ver la mitad del cuerpo, la mitad inferior que quedaba desnuda, en tanto las piernas igualmente desnudas colgaban de quien sabe qué instrumento invisible y las cabezas de plano quedaban invisibles. El escenario redondo estaba rodeado de cadenas de las más diversas formas que colgaban desde el techo. Y de repente ese foro redondo empezaba a girar con una rapidez embriagante. Y todo ello producía una impresión de desconcierto y sobre todo de pánico.
Empezó la representación, y cada vez más nos dábamos cuenta que nos hallábamos frente a un espectáculo visual, mucho más preocupado por el ojo que por el oído, para el cual sólo existía un texto de lo más reducido. Y hasta este texto poco extenso, nos estaba vedado por las oscuridades verbales del autor. Los actores se alzaban por las cadenas con mucha agilidad. Subían y bajaban con extraordinaria rapidez. Lo que nos probaba que se trataba de excelentes gimnastas, pero sin mayores posibilidades en el campo de la actuación.
De lo único de que nos enteramos fue de que se trataba de la muerte y de unas campanadas misteriosas que parecían desgarrar el aire, pero cuyo significado nos escapaba. También logramos entender que todo el reparto en el escenario se componía de viejos, todos ellos bajo la vigilancia de un vigía, que sí era joven, interpretado por Juan Carlos Remolino. Mas, tampoco sus pocas palabras nos aclaraban el tema del drama. El resto del reparto lo componían: Emilio López; Leticia Bonilla; Fidel Monroy: Arturo Reyes; Claudia Ríos; el único personaje femenino, también ella representaba un papel de anciana; la otra mujer, Adriana Rovira, hacía papel de hombre. Además figuraba en el escenario Luis Javier Serrozo como el sexto viejo, y un niño de once años, Karim Martínez, cuya presencia sólo consistía en una carcajada, que tampoco me explico. Tal vez el autor, o mejor dicho la directora de escena, y también adaptadora, Nina Serrato, trató de expresar la alegría de un niño, el único ser que no teme la muerte... ¡Tal vez! Todos los demás, pese a su vejez, pese a sus males y probablemente a su pobreza, se aferraban a la vida con temor desesperante ante la muerte... que probablemente anunciaba su presencia por las campanadas que sólo oían los condenados.
Lástima que todos esos intérpretes son absolutamente desconocidos y han surgido en los últimos tiempos, tal como otra multitud de intérpretes, debidos a las numerosas escuelas de actuación, o de estudios dramáticos que se han organizado por todas partes. Todo este reparto, da la impresión de hacer parte y unidad del espectáculo visual, y como tal impresiona con mucha fuerza. Y es precisamente este espectáculo visual que pertenece a la directora de escena, Nina Serrato, una joven artista aún no muy conocida, pero que me da la impresión que no tardará en ocupar un lugar importante en el teatro mexicano. Teatro visual, que sin duda pertenece más a la dirección que al texto dramático, que no solamente es muy reducido, sino que debemos adivinarlo por lo poco audible que se hace, en tanto lo visible constantemente se hace más importante, y conquista el interés del público.
En resumen esta obra de Michel de Ghelderode, que no sé muy bien en cuál género colocar, y que hemos ya visto en México en varias oportunidades, bajo distintas direcciones, una de ellas de Tavira, nos parece muchísimo más interesante y atractiva en la presente adaptación y puesta en escena de la joven directora, Nina Serrato, que otros varios montajes aparecidos en el transcurso de los pasados años.