FICHA TÉCNICA
Título obra La puerta del fondo
Autoría David Olguín
Dirección David Olguín
Elenco Diego Jáugueri, Carmen Madrid, Héctor Gómez
Escenografía Gabriel Pascal
Espacios teatrales Teatro de la Paz
Notas Función que conmemora los 50 años de actor de Héctor Gómez
Cómo citar Rabell, Malkah. "La puerta del fondo y los 50 años de actor de Héctor Gómez". El Día, 1993. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
imagen facsimilar
El Día
Columna Se alza el telón
La puerta del fondo y los 50 años de actor de Héctor Gómez
Malkah Rabell
Apenas entrados en la sala, nos sorprende en primer término el escenario abierto –ausente el telón– con una escenografía asombrosa, que da una sensación de increíble profundidad, con, en el fondo, una amplia puerta de vidrio, inesperada. Todo ello debido al más joven de nuestros nuevos escenógrafos: Gabriel Pascal, que ya logró cimentar una fama bien ganada.
Ahora comprendemos el título: Puerta del fondo. Puerta sin duda por la cual se entra, pero por la cual ya nadie sale. Su autor, David Olguín, no es fácil de comprender. Su obra es compleja con arraigos en el Teatro del Absurdo. Antiteatro con sus fantasías, alegorías entremezcladas con un realismo perfecto y claro. Es un teatro que desea ser novedoso y complicado. Y lo es. Y a menudo nos destantea. Aquí la tragedia nace sobre la comedia como un hongo sobre una planta. El dramaturgo inicia su pieza –porque indudablemente se puede considerar ese drama moderno como tal– con una tentativa de suicidio del protagonista. Y como por lo general sucede, antes de morir, la víctima vuelve a revisar en su imaginación todo su pasado: su juventud, sus amistades, su matrimonio, que nos ofrece una imagen muy poco positiva de las mujeres, pero bastante acertada. Con una esposa que trata a su marido como a un menor de edad, lo que éste acepta probablemente por cansancio y por costumbre. Más que dramáticos todos los personajes resultan ridículos, masculinos y femeninos: marido, esposa y amantes...
Tenemos que llegar al segundo acto para encontrar un poco de luz y claridad. Tenemos que llegar a ese segundo acto para encontrar una figura simpática: la secretaria, una joven que simbólicamente se llama Esperanza, y representa la esperanza, la única esperanza de todos los seres humanos: la juventud y el amor.
Y cuando el dramaturgo empieza a narrar la vida de su héroe, es cuando empieza la comedia, o mejor dicho la farsa, que se parece mucho a una comedia del arte. Todas estas escenas de la imbecilidad del marido, del joven Bartle, manejado por una esposa de hierro macizo, no dejan de ser desagradables, aunque tienen mucho de verdad. Tal vez es también la culpa del mismo director de escena, que es igualmente David Olguín, por imponerseles una excesiva prolongación. Y no los salvan ni la excelente interpretación de los dos jóvenes, Diego Jauregui como el joven Bartle y Carmen Madrid como Esperanza. Sobre todo Diego Jauregui, que tiene un don especial de imitar a otros pueblos. Y cuando se pone a gritar en un idioma que desconozco, tal vez el japonés, o que desea ser japonés, parecía actor de Kabuki, y fue la única vez cuando estallé en risa en toda la representación.
Es en el segundo acto cuando empieza a penetrar un poco de claridad. Los dos Bartle, el joven y el mayor, tratan de alcanzarse uno al otro. Y desde luego es una tarea imposible. Sobre todo la persecución del mayor de los Bartle, que aún no ha nacido, pero ya persigue a su "yo" menor, puede tener diversas explicaciones según cada uno. Para mí, es el espíritu del hombre maduro quien quien trata de alcanzar a su propia sombra viviente, para infiltrarle mayor inteligencia, mayor sentido de la lucha por la propia independencia. Ese espíritu aún no nato trata de ejercer sobre su imagen viva una influencia que más adelante adquiere. Pero cuando ya logra su finalidad. . . se pega un tiro. Desde luego todos los escritores del mundo (si son escritores) han sido poseído por la idea de la muerte. Y especialmente perseguido por el deseo del suicidio. Alguien me dijo en una oportunidad: "El suicidio nos ayuda a vivir". Y tuve que admitir que tenía razón que Camus escribió que el único problema filosófico verdaderamente importante es el del suicidio (cito de memoria). Y se me hace que para el escritor David Olguín, no sólo el suicidio lo ayuda a vivir, sino que es el único que lo hace vivir.
Este drama moderno de Olguín, y que éste dirige, reúne a un grupo de excelentes actores, la mayoría muy poco conocida. El más conocido de ellos, Héctor Gómez, cumplía esa noche del sábado 20 de noviembre, 50 años de vida escénica, e interpretaba con mucho temperamento al ya maduro Bartle, que una vez lograda su lucha de imponerse como hombre libre con su propia voluntad... ya sólo al asistir a la representación el espectador resolverá el enigma...
Esa noche era de fiesta en el teatro de la Paz. El público desbordaba la capacidad de la sala y muchos se hallaban de pie... Se esperaba en cola la posibilidad de llegar hasta Héctor Gómez para abrazarlo y felicitarlo. Las charlas y las demostraciones amistosas para el festejado continuaron hasta altas horas de la noche, pese al cansancio de los actores.