FICHA TÉCNICA
Título obra Juicio suspendido
Autoría Héctor Mendoza
Dirección Héctor Mendoza
Elenco Delia Casanova, Margarita Sanz
Escenografía Gabriel Pascal
Espacios teatrales Teatro El Galeón
Cómo citar Rabell, Malkah. "Juicio suspendido, una representación controvertida". El Día, 1993. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
imagen facsimilar
El Día
Columna Se alza el telón
Juicio suspendido, una representación controvertida
Malkah Rabell
Julio Castillo solía decir muy a menudo: "Todo lo que soy, y todo lo que sé, se lo debo a mi maestro Héctor Mendoza". Y probablemente era cierto. Aunque Julio era siempre muy modesto y jamás tomó actitudes de genio. Por lo mismo todo el mundo lo quería. Pero también Héctor Mendoza era extremadamente amado por sus alumnos y por todos en su rededor. Era el hombre más ajeno a un ambiente donde todo el mundo se cree elegido de Dios. Era y lo sigue siendo, el ídolo de sus alumnos y de sus ex-alumnos. Si tuviera que escribir una biografía del maestro, dramaturgo y director de escena Héctor Mendoza (lo que tal vez un día voy a emprender) diría: "Un hombre que ha entregado toda su vida, todos sus esfuerzos y todos sus conocimientos para el teatro mexicano, para preparar una nueva generación de teatristas, y sin embargo llegó a la madurez absolutamente desprovisto de medios económicos".
Desde luego, de un hombre así se le exige mucho, (lo que es injusto, ya que dio bastante). Y al dirigirme ese Sábado 26 de septiembre a ese desagradable teatro que es el Galeón, me hice la ilusión de que voy a presenciar una obra maravillosa, superior, a todo lo que ofrece la cartelera mexicana actual, una obra y una representación no sólo superior en calidad artística sino hasta filosófica... Y desde luego me sentí muy decepcionada al encontrarme ante una simple "obrita", como hay muchas en determinadas revistas, con la historia amorosa de una señora casada que por fin encontró la dicha en la cama (perdón, en los brazos), de un amante 20 años más joven que ella. Y si no fueron 20, por lo menos lo parecían. Y si fuera poco, además del amante tenía una conciencia que la seguía por todas partes y sostenía con ella largas conversaciones.
Pero Héctor Mendoza conoce demasiado el teatro y sus públicos para no darse cuenta que semejantes dos actos sólo pueden ahuyentar al muy respetable. Entonces con mucho sentido del humor, y con bastante amargura, les dio a esos dos actos excesivamente tranquilos, un final para chuparse los dedos hay jovencitas sentadas en la primera fila y que no se sabe por qué se reían todo el tiempo hasta en las escenas más dramáticas. Les agregó un tercer (o cuarto) acto con desnudos, con masturbaciones tan de moda actualmente, y otras maravillas consideradas en este fin de siglo como vanguardia teatral.
¿Qué más puedo decir de este Juicio suspendido? Contaba con dos excelentes actrices: Margarita Sanz y Delia Casanova. Aunque Delia Casanova antes de aceptar el papel central, el de la mujer enamorada de un joven, debía haberse puesto a dieta muy estricta y haber perdido una docena de kilos. Los admiradores del espectáculo –que son numerosos– aseguran que a ciertos hombres les gustan las entradas en carnes. Posible, pero no con exceso, y no en el escenario. Una cosa es la vida y otra muy distinta el foro teatral donde se exige mayor estética.
Quizá lo más positivo del espectáculo resultaba el joven Hernán Mendoza, en el papel de Mario, el joven amante que sabe despertar en la mujer ya madura un ignorado sentimiento, un desconocido deseo sexual. Hernán Mendoza logra imponerle a su personaje toda la naturalidad de un buen actor y toda la alegría de un ser joven y enamorado.
En cuanto a la escenografía debida a Gabriel Pascal, daba todo el ambiente necesario de pobreza de dos amantes clandestinos. Pero me extrañaba que Gabriel Pascal, considerado como el mejor escenógrafo de la nueva generación en este campo, no haya encontrado algo original para imponerle a su creación. Sospeché un intención especial en ese movimiento de los decorados que en cada acto parecían acercarse al público, estrecharse, como si quisieran insinuar que el ambiente se volvía cada vez más estrecho a medida que el amor iba desapareciendo. ¿Era esa la intención? También quizá sería mejor desviar un poco las luces del escenario que llegan directamente a los ojos del público.
La dirección de Héctor Mendoza trató probablemente de adaptarse al tono de la última moda y hacer hablar a sus intérpretes en voz tan baja que casi no se les oía. Lo que a veces llegaba a ser desesperante, porque perdíamos algunos diálogos que nos interesaban especialmente.
A pesar de todos mis "malvados" comentarios dignos dignos de los críticos que siempre viven con complejo de culpa, les deseo de todo corazón la mejor de las suertes y la más prolongada vida escénica.