FICHA TÉCNICA
Título obra La hojarasca
Notas de autoría Gabriel García Márquez / autor de la novela corta homónima; Pawel Nowicki / adaptación teatral
Dirección Pawel Nowicki
Grupos y Compañías Corporación-Estudio Teatro de Bogotá
Espacios teatrales Foro Shakespeare
Cómo citar Rabell, Malkah. "La hojarasca, con un grupo colombiano". El Día, 1993. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
imagen facsimilar
El Día
Columna Se alza el telón
La hojarasca, con un grupo colombiano
Malkah Rabell
El Foro Shakespeare es un teatrito muy versátil, y con la misma libertad que acepta representaciones de una erótica bastante subida de color, esta vez da cabida en su escenario móvil, por igual que su sala –ya que ambos pueden cambiar de lugar y de presencia con mucha funcionalidad– a un texto de Gabriel García Márquez: La hojarasca, que éste escribió, según parece a los 22 años (lo que creo es una equivocación, ya que esa preciosa obrita fue escrita en 1956, y él nació en 1928, según datos de la primera edición, es decir que ya contaba con 28 años, edad suficiente para la evolución y hasta para la madurez de un escritor). Cuento o mejor dicho novela corta que ya señala todas las virtudes de las que hizo gala el escritor en sus ulteriores producciones, además de una frescura y espontaneidad que tal vez nunca recuperó.
Para llevar a escena La hojarasca, se presentó en el Foro Shakespeare un grupo colombiano: la Corporación-Estudio Teatro de Bogotá, bajo la dirección y probablemente adaptación de un director de escena polaco, Pawel Nowicki, sin duda arraigado ya en tierra colombiana, empero cuyas ideas y conocimientos de Latinoamérica me parecen bastante recientes.
Da la sensación de considerar a México como un país que aún vive en la época colonial, o cuando mucho en la de la Revolución, y nos trae una puesta en escena completamente primitiva y hasta a veces infantil. A este maestro sería bueno hacerle saber, que en la ciudad de México, DF, antigua Tenochtitlan, la bella Venecia del Mundo Nuevo, existen 80 compañías, actualmente, y por sus escenarios han desfilado los más diferentes movimientos teatrales, desde el realismo stanislawskiano hasta las locas imaginaciones del teatro del absurdo. Y es muy difícil dejarnos "epater" con una puesta en escena colocada en el marco de una puerta, con tres actores de muy poco profesionalismo. El espectáculo no logró entusiasmar ni siquiera a un público de escolares de secundaria que ocupaban gran parte de la sala y asistían a la representación con una frialdad de espectadores acostumbrados a ver algo mejor.
Desde luego que una representación que permanece durante una hora, o más, encerrada en el marco estrecho de una puerta, bajo el pretexto de que se trata de un espejo, si bien en su primera visión puede impactar, a los diez minutos resulte insoportable. De por sí el texto de La hojarasca no nació para el escenario, aunque sus tres protagonistas cuentan su historia en sendos monólogos. Relato para la lectura, donde ya se presentan todas las manías,los tics y las repeticiones, así como ese tono misterioso y su belleza de lenguaje innatas en Márquez. Todo ello pierde su apasionante vitalidad encerrado en la estrechez de una puerta que sólo abandonan los actores para errar por un escenario desnudo.
Relato donde tres personajes narran los hechos acaecidos desde 1903 hasta 1928 en Macondo, pueblo que el escritor colombiano llevó a las mayores alturas universales. Cuya historia cuenta desde el día cuando llegó a casa del Coronel (tal vez el mismo Coronel que no tenía quien le escriba) un misterioso doctor, cuyos extraños orígenes ignoraban los habitantes de Macondo, hasta el día cuando el Coronel volvió a su casa y le dijo a su hija Isabel, "Tiene que acompañarme... Hay que salir de esto como sea, hija. El doctor se ahorcó esta madrugada".
La hojarasca en esta novelita corta y primeriza es lo que en Cien años de soledad es la lluvia, permanente y destructiva. Es un elemento que atraviesa el relato como algo vivo y pujante. Pero en un escenario desnudo y frío donde las tres figuras protagónicas permanecen inmóviles en el fondo del foro vacío, donde la hojarasca no existe, donde el calor no se siente, donde el paisaje no se reproduce ni la atmósfera se comprende, Macondo nos parece inexistente e indiferente. Sobre todo lo que hace falta es la atmósfera de ese Macondo que Márquez impuso a la curiosidad del mundo entero, que hizo vivir de cien maneras diferentes, sin su atmósfera toda la historia, se reduce a una pobreza desesperante que tres actores de muy poca creatividad, tal vez cuya creatividad no se supo aprovechar, no fueron capaces de revitalizar.