FICHA TÉCNICA
Título obra Nacido al margen
Notas de autoría Ken Kesey / autor de la novela Alguien pasó volando sobre el nido del cucú; Roberto Sosa / adaptación teatral
Dirección Roberto Sosa
Elenco Germán Nolasco, Sergio Bonilla, Leticia Pedrajo,
Escenografía Alberto Díaz G.
Espacios teatrales Teatro Estudio Galerías
Productores Héctor Bonilla, Roberto Sosa, Rafael Sosa
Notas Premios 1992 de la Asociación Mexicana de Críticos de Teatro
Cómo citar Rabell, Malkah. "Dos versiones de la misma obra". El Día, 1993. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
imagen facsimilar
El Día
Columna Se alza el telón
Dos versiones de la misma obra
Malkah Rabell
Por segunda vez vi la misma obra. Pero en una versión diferente. Por primera vez bajo el título: Atrapado sin salida, y no la pude olvidar. La segunda vez bajo el título: Nacido al margen, que vi ayer y casi no la puedo recordar. Ambas presentan la misma falla: han sido adaptadas al ambiente mexicano, cuando en realidad este drama terrible y tercamente norteamericano necesita su tono original. Las adaptaciones por lo general en lugar de ayudar, descomponen, y no siempre son aceptables. Nunca he sabido que en México a un preso de derecho común lo encierren en un manicomio aunque sea perfectamente cuerdo, tal como sucede en esta obra en sus dos versiones. Se ha hablado de tales casos con mucha frecuencia de que sucedían en la Ex-Unión Soviética con acusados políticos. Tal vez también pudo suceder en los Estados Unidos. Pero que yo sepa nunca hubo tal costumbre salvaje e inhumana en México. Hay también muchos rasgos psicológicos de los personajes que no dejan de ser norteamericanos, y resultan falsos cuando se trata de adaptarlos a otros campos. Por ejemplo la dureza de la enfermera jefa en esa casa de enfermos mentales. Tales "hermanas" de blanco abundan en el vecino país, así como en muchos otros. Pero en México precisamente se distinguen por su gentileza y comprensión (y hablo de mis propias experiencias). También el jefe Escobedo, tiene todas las características del indígena nórdico. Tampoco la adaptación para nada lo cambió.
Desde luego, entre las dos versiones existe la diferencia de que la anterior fue adaptada –probablemente de una película– por nuestro gran escritor nacional, José Agustín. En cambio la versión actual, Nacido al margen, es una adaptación de Roberto Sosa que más bien es un excelente director de escena en lugar de escritor, y que lo tomó de la novela de Ken Kesey, Alguien paso volando sobre el nido de cucu (en tanto que Atrapado sin salida viene de una obra de Wasserman). Y según apunta el programa de mano: "traslada la anécdota de la novela a la problemática de una juventud que lucha por ganarse un lugar". También esto me resulta extraño.Porque en esta puesta en escena yo no vi ninguna juventud en lucha. En cambio vi una juventud que se ganó un lugar en un manicomio. Una juventud destrozada por una sociedad sin justicia.
El personaje más interesante en Nacido al margen, se me hace el "jefe Escobedo", que se hace pasar por sordo mudo, cuando en realidad es dueño de las dos facultades. Las escenas, cuando en la penumbra del escenario aparece con la silueta iluminada por la luz y un micrófono emite los pensamientos mudos de ese personaje cerrado físicamente al mundo, son muy bien logradas, y creo que son las más bellas del espectáculo. También ese intérprete, Germán Nolasco es muy apropiado para ese papel. En cambio el papel de Gutiérrez, interpretado por el joven actor Sergio Bonilla, se me hace excesivamente joven para semejante figura y todavía inmaduro profesionalmente para tan complejo carácter. Se repite demasiado en el mismo tono y en una sola actitud demasiado alegre para semejante infierno donde se encuentra. Pero la menos convincente resultó Leticia Pedrajo, como la enfermera Sotelo. Le falta temperamento y matices, resultaba ni mala ni buena, sino desabrida. Tampoco el joven tartamudo pudo dar el ancho de semejante tipo, cuya madre es la principal responsable de la desgracia de su hijo, a quien ella personalmente encerró en el manicomio.
Había muchos parlamentos que no podía captar, tal vez por la mala acústica, en esa pequeña sala: Galería-Estudio tan llena de un extraño público juvenil, seguramente estudiantes de la Universidad Metropolitana que hace parte del grupo de productores, junto con Héctor Bonilla y Rafael y Roberto Ramos. Fue un público en extremo entusiasta, que aplaudía, a veces a destiempo, pero con toda honestidad y sentimiento. También me impedían a menudo seguir la acción en el escenario los modernos peinados de las espectadoras que creaban un telón ante la vista.
Sólo me queda analizar un poco la puesta en escena bajo la dirección de Roberto Sosa, que al parecer no contó con bastante intérpretes dotados para tan difícil espectáculo, y en algunos momentos se sentía un cierto desorden en el escenario. Tal vez aún faltaban ensayos al conjunto y así mismo, a las principales figuras, ya que apenas estábamos en el segundo estreno. De todos modos Roberto Sosa haría bien en mantener a sus intérpretes en un círculo más disciplinado y más apegado a sus textos. Con luces apagadas fuera de lo necesario.
En cuanto a la escenografía de Alberto Díaz G. difícil de crear y de darle las medidas necesarias en un espacio tan reducido, aunque muy sencillo, resultaba funcional.
Lo que no comprendo y no admito, es cómo ese terrible drama de una sociedad sin justicia –y que ya no sé si es de Wasserman o de Ken Kesey– se ha transformado de pronto en una comedia... de tremendo final.