FICHA TÉCNICA



Título obra Los escarabajos

Autoría Hugo Argüelles

Dirección Enrique Rentería

Elenco Olga Martha Dávila, Luis de León, Ernesto Godoy, Elena Ballester, Leticia Pedrajo, Ernesto Vilchis, Jorge Alberto Bolaños Luis de León

Escenografía Félida Medina

Espacios teatrales Foro de la Conchita




Cómo citar Rabell, Malkah. "Las 300 representaciones de Los escarabajos en La Conchita". El Día, 1993. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

El Día

Columna Se alza el telón

Las 300 representaciones de Los escarabajos en La Conchita

Malkah Rabell

No es tanto la sorpresa ante las 300 representaciones, lo que para las obras de Hugo Argüelles, es caso normal, sino por el lugar donde se llevaron a cabo. Pues, fue en un teatrito de unos 35 asientos, llamado Foro Conchita, que hace unas dos décadas era una casa particular, en medio de un amplio jardín provisto de una piscina, y cuya dueña, Olga Martha Dávila, era actriz. Como la mayoría de los actores retirados, soñaba en volver a las tablas. Y viéndose dueña de tan amplio lugar concibió la idea de transformarlo en un teatrito. Proyecto que le ayudó llevar a cabo el arquitecto y esplendido escenógrafo Alejandro Luna. Y así ese lugar, hoy llamado Foro de la Conchita poco a poco en el transcurso de la última década abrigó infinidad de grupos en un principio amateurs que más de una vez representaban ante tres o cuatro espectadores. Pero con el éxito de la obra: Cupo Limitado de Tomás Urtusuástegui se vio de pronto transformado en un teatro que iba a pasos agigantados hacia el profesionalismo.

Hoy, el Foro de la Conchita en Coyoacán, es una especie de pequeño pabellón, con su historia particular, que cuenta en su reciente pasado con varios éxitos, como A puerta cerrada de Jean Paul Sartre, o como el drama de Hugo Argüelles: Los escarabajos que llegó el pasado jueves 21 de enero a las 300 representaciones. ¡Bravo! Es una victoria nada despreciable. Vencer todos los obstáculos y no perder el entusiasmo ni la esperanza, como lo hizo Olga Martha Dávila con la permanente ayuda de su esposo, un médico, es algo bastante raro.

Esa noche de aniversario ya veía el drama de Hugo Argüelles por segunda vez, con un reparto renovado. No sabría decir quienes realizaron mejor su cometido, si el antiguo o el nuevo conjunto.

En la presentación del programa de mano, Emilio Carballido afirma con toda razón: "Esta esplendida pieza de Hugo Argüelles está singularizada por un timbre de autenticidad y una rotunda fuerza contenida, que la determina como superior a otras obras del mismo autor..." Nada más cierto.Los escarabajos, aunque lleve en el título un nombre de insectos –tal como suele ser la costumbre del autor– es una obra terriblemente humana, que llega a lo más profundo de la psicología de cada uno de sus intérpretes. Y el espectador no puede dejar de juzgar a cada uno de esos personajes según sus propias medidas, despejándolo de todas sus vestiduras superficiales con las cuales lo ha vestido la naturaleza y la sociedad. Sin duda se trata de un melodrama. Pero de un melodrama excelente realizado, muy a fin al romanticismo del cual es siempre más cercana que la tragedia tan imbuida de clasicismo.

¿Mediocres todos esos protagonistas? ¡Tal vez! No olvidemos que la mediocridad –o la medianía– es el rasgo más preponderante del ser humano. Y el personaje que más trata de rechazar esta mediocridad, y quien encuentra la semejanza de su familia con los insectos del título, es la hija de 23 años, Leticia, y es el personaje más antipático de la obra, aunque el autor la quiso colocar en el más alto peldaño moral. No es Mauro que rechaza a ciertos espectadores, sino la hija con sus aires de superioridad, que busca grandeza anímica en el pobre ser humano, y cae en tres matrimonios con un hijo de cada marido.

Esos dos hijos que tiene la figura central del drama dominan más a la pobre mujer de lo que podría hacerlo una madre posesiva. Su deseo de separarla de un hombre, Mauro, a quien ama, y quien la abandonó cuando los hijos eran menores, parece más bien debido a celos de un hijo que sufre de un complejo de Edipo, y no la indignación de unos hijos jóvenes que tratan de devolverle su dignidad a la madre. Pero la escena del hijo que le pone un cuchillo al pecho del padre cuando éste trata de levantarle 1a mano a la mujer es estupenda. En cuanto a Mauro, indudablemente no ama a su ex amante, y tiene a su vez un complejo de Edipo por la hija.

Así que toda la obra, es un ovillo de complejos, de pasiones y de enredos psicológicos. Tal vez les falte a todo ello un poco más de firmeza directiva. Pero, da la casualidad que el programa de mano carece de nombre del director de escena. Y en cambio nos presenta con letras de igual importancia a todos los demás protagonistas. Al lado de Olga Martha Dávila, y de Luis de León, los únicos que quedaron del primitivo reparto, figuran los nuevos: Ernesto Godoy, como el hijo, Jaime, en su juventud, actor con mucho sentido dramático; Elena Ballester, como la prima, o la hermana de la dueña de casa, papel cómico como suele haberlo en todos los melodramas para romper la seriedad de las escenas demasiado tristes. A la primitiva intérprete le tocó despedirse del papel y de la vida hace unas semanas reemplazada por la nueva intérprete, Elena Ballester. Ambas actrices conservaron la misma interpretación más o menos igual. Leticia, la hija, actuada por Leticia Pedrajo se mantuvo demasiado fría e indiferente. Ernesto Vilchis, como Mauro, exageraba sus rabietas y conservaba demasiado tiempo el mismo mal humor. En cuanto a Elvira, en la actuación de Olga Martha Dávila, resultaba mucho menos exagerada en la anterior interpretación, lo que daba más credibilidad al personaje. Sería muy bueno que volviera a dominar las escenas demasiado temperamentales. Jorge Alberto Bolaños, como el novio de la hija, conservó toda su naturalidad.

La obra fue escrita por Hugo Argüelles hace dos o tres décadas, cuando reinaba en la sociedad occidental y en la nuestra una moral de muy distintas reglas que en la actualidad. La pareja que compartía su vida sin la bendición del cura cometía un pecado religioso y social que la sociedad no perdonaba y sus hijos eran considerados bastardos. Todo el drama de Argüelles se basa en esa falta de unión oficial y religiosa de la pareja, Mauro-Elvira. Hoy, tal punto de vista parece haber desaparecido, y si aún persiste, permanece mudo y escondido. La juventud actual rechaza el matrimonio y en la mayoría de los casos vive en amasiato, lo que considera "camaradería". Pero estos antiguos puntos de vista en el drama no molestan y lo admitimos como normales.

Lo único nuevo que el autor agregó a su antiguo texto, es la presencia de un nuevo personaje, casi inesperado. El joven Jaime anterior se ha vuelto ya anciano, pero conserva su pasión por el teatro, y en un epilogo nos cuenta la muerte de su madre y la supervivencia de los otros miembros de la familia. En el papel de este nuevo protagonista, Luis de León se impone con toda la fuerza de su dramaticidad, y con toda la sobreactuación de un antiguo actor fracasado, pero que aún no pierde sus ilusiones.

La escenografía de Félida Medina sigue siendo la misma y divide el lugar de la actuación en dos planos: el de arriba y el de abajo, haciendo el ambiente muy atrayente.

Esas 300 representaciones en el minúsculo Foro de la Conchita es un buen síntoma de la nueva potencia del teatro en México, que ya cuenta con 80 compañías y grupos, que necesitan y reclaman nuevos lugares para actuar, para explayarse. Teatro que cuando es bien representado con una obra que gusta y con actores que sepan estar a la altura de las exigencias profesionales, puede llegar a las 300 representaciones, y también a más, hasta en lugares tan lejanos y reducidos como el Foro de la Conchita... ¡Bravo! y !Buena suerte!