FICHA TÉCNICA



Título obra La jaula de las locas

Notas de autoría Jean Poirot / autor de la obra homónima; Jerry Herman y Harvey Fierstein / adaptación

Dirección José Luis Ibáñez

Elenco Luis Gatica, Luis Gimeno, Javier García Dueñas, Gustavo Rojo Julio Beckles

Escenografía David Antón

Coreografía Marin Allen

Música Jorge Neri / dirección musical

Vestuario Elsy Jiménez

Espacios teatrales Teatro Chopin




Cómo citar Rabell, Malkah. "La jaula de las locas, la mejor obra musical del momento". El Día, 1993. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

El Día

Columna Se alza el telón

La jaula de las locas, la mejor obra musical del momento

Malkah Rabell

Debo confesar que ante el estreno de La jaula de las locas –comedia musical norteamericana de Jerry Herman y de Harvey Fierstein, basada en la obra francesa del mismo título de Jean Poirot– tuve mucha desconfianza, no me gustaba el título, ni confiaba en un tema ya muy repetido. Y aunque me aseguraban que la película con el mismo argumento tuvo mucho éxito hace algunas décadas cuando el homosexualismo era una audacia, me embargaba una falta de entusiasmo que no pude vencer. Y la noche de la Premiere terminé viendo una aburridísima película de gansters históricos en el canal cuatro de la televisión.

Probablemente nunca hubiese asistido a la representación de esa comedia musical, si no fuera por un articulo del escritor y estudioso de teatro, Armando Partida, a quien tengo admiración y respeto, y por lo mismo leí con todo detenimiento su crítica, por cierto bastante negativa. Pero a mi gran sorpresa, el espectáculo iba poco a poco, paso a paso. destrozando todas las objeciones de Armando Partida en mi ánimo. Es cierto que éste tuvo la buena fe de prevenir al público que se trataba de una de las primeras representaciones de la obra, que aún parecía no haber cuajado del todo, y le parecía que aún le faltaban ensayos y profundización de toda la puesta en escena. Hasta llegó a afirmar que la aparición de cinco minutos de Luis Gimeno hacía olvidar a todo el resto del reparto. Que me perdone el prestigioso escritor, cuyas opiniones siempre he respetado. Pero me parece que esta vez se le fue un poco la mano. Según mi opinión, y creo que nunca fui muy condescendiente, todo el reparto fue excelente.

Pero sobre todo resultaba un magnífico actor y aún mejor cantante Javier Díaz Dueñas (aunque en nuestra descorazonadora civilización de técnica anti-humanista, ya no se sabe quién canta y quién mueve sólo los labios, mientras unos aparatos electrónicos hacen el resto). Pero Dueñas se me hace que canta personalmente. Desde luego con un pequeño y misterioso aparatito en la corbata, pero ni siquiera ese aparatito para aumentar el volumen de la voz, fue capaz de suprimir de anular todo el encanto humano y artístico de ese factor que se entregaba a su papel con todo los sentidos y con todo su temperamento. Actuaba vestido de mujer, y nos olvidábamos que se trataba de un hombre. Cantaba, y nos olvidábamos que tal vez un misterioso objeto de nuestra técnica lo ayudaba. Era realmente una reina del vaudeville, del music-hall o del cabaret. Y cuando, al final de su número de canto con gesto violento se arranca la peluca, nos embargaba de pronto una extraña tristeza. Ese actor, a quien muchos denominan histrión, era ante todo y sobre todo, un profundo ser humano... Probablemente el más indicado para recibir el premio a la mejor actuación.

A su lado, como su permanente compañero de actuación otro excelente actor, el ya muy conocido del público Gustavo Rojo, a quien no imaginaba cantante de tanta fibra y emotividad que demostró sobre todo en el número: Fijate bien.

Y así, bajo la dirección de ese gran director de escena, José Luis Ibáñez, nuestro mejor director de comedia en México, y tal vez el mejor director en la actualidad también en el género dramático, ha manejado con mano maestra a todo su reparto. Tal vez Luis Gatica en el papel del hijo Juan Miguel, resultaba un poco demasiado seco y tieso, y tal vez Julio Beckles exageraba algo su comicidad que llegaba a veces a la payasada. Mas, todas esas pequeñas fallas, esos pequeños detalles desaparecían como hojas llevadas por el viento y devoradas por el mar. Ante la bellísima música que lamentablemente no podíamos escuchar en vivo bajo la batuta de Jorge Neri, y que reproducían los coros ayudados por la electrónica.

Y otro don de la representación, resultaban esos bailarines, a la vez que acróbatas y actores, hombres que ne los ballets aparecían todos como graciosas mujercitas, ni siquiera les faltaba los altos tacones. Y el público sólo se enteraba de su sexo cuando se despedían de los espectadores quitándose las pelucas. Pero de toda esa estupenda coreografía de Martín Allen, la mejor para mi gusto fue la danza de los hombres, cuyo título ignoro, y donde los hombres ya bailaban como tales, con una masculinidad y fuerza expresiva que conquistaba a todo el público. Aunque también era muy atrayente y lleno de alegría y de acrobacia el Can-Can, en el cual hacía reir no un bailarín sino un excelente actor: Luis Gimeno vestido de bailarina, con una especial técnica. Asimismo llamó mucho la atención, el bailable de "Los pájaros en la jaula", todos ellos vestidos de unos preciosos trajes de centelleantes colores, realizados, como los demás. por Elsy Jiménez.

Pero, tal vez, tal vez, todo ello desaparecía ante la escenografía, que nos dio una visión completamente desconocida de todas las posibilidades artísticas de ese multifacético artista, que es David Antón: las casas se movían, se abrían y se cerraban, y se volvían a abrir dando paso a una cantidad de imágenes cambiantes. Todo ello con un ritmo endiablado. He aquí una visión de Saint-Tropez, Francia, y he aquí enseguida un cabaret. Y así pasaba la paleta de David Antón. Es indudablemente la mejor producción escenográfica del año en el teatro de México.

Delante de toda esa riqueza musical y escénica la historia dramática pasa a segundo plano. Es ya una historia envejecida ante los cambios que ha vivido el mundo. Porque si nuestra sociedad humana ha sufrido muchas destrucciones, infinitos males, también ha presenciado numerosos cambios positivos, como de la nueva comprensión del hombre por sus semejantes de moral distinta o de piel distinta.