FICHA TÉCNICA
Título obra Crimen
Notas de autoría Marguerite Yourcenar / autora de la novela homónima; Elena Poniatowska / adatpación teatral
Dirección Jesusa Rodríguez
Elenco Paloma Woolrich, Ana Ofelia Murguía
Escenografía Jesusa Rodríguez
Productores Jesusa Rodríguez
Cómo citar Rabell, Malkah. "Crimen de Marguerite Yourcenar y Jesusa". El Día, 1992. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
imagen facsimilar
El Día
Columna Se alza el telón
Crimen de Marguerite Yourcenar y Jesusa
Malkah Rabell
Ya la Biblia nos demostró cuan relativo es el amor fraternal cuando al enfrentar a los dos primeros hombres sobre la Tierra, uno mató al otro; el más pobre y desdichado, Caín, al más rico y privilegiado, Abel. Los griegos antiguos, más cultos que los hebreos del pasado, fueron más lejos y en su Mitología nos dieron el retrato de una madre poco santa y poca madre, al enfrentarla a la hija encolerizada y vengativa: Clitemnestra frente a Electra. En cuanto al hijo de Clitemnestra, Orestes, éste aunque no pudo escapar a las erinias que lo persiguieron por tierra y por mar, se dedicó a amar a su hermana con un amor excesivamente humano. Todos los sentimientos que los Diez Mandamientos ensalzan y consideran sagrados, se transforman en el texto de esa prodigiosa escritora belga, Marguerite Yourcenar, en llamas de odio y latigazos de burla en el minúsculo escenario del no menos minúsculo teatro, Capilla, el otrora feudo del célebre escritor mexicano, Salvador Novo.
Crimen título de la tragedia modernizada por Elena Poniatowska de la novela del mismo título de Margarita Yourcenar. La tragedia de esos personajes mitológicos es bien conocida casi por todo el mundo, y la autora permaneció fiel a la historia original casi en su totalidad. Los cambios son superficiales, aunque algunos espectadores interpretaban la visión de los protagonistas debidos a la Yourcenar como fruto del carácter de lesbiana de ésta, quien impone toda la fuerza psíquica a la mujer, pintando a los hombres como seres débiles, incapaces de llevar a cabo la lucha por el poder y la venganza. Lo que se me hace una definición absolutamente falsa. La intención de la novelista me parece más bien dada a presentar a las figuras masculinas, y en especial a Orestes, como infinitamente más nobles y bondadosos comparados con las figuras femeninas de una crueldad pavorosa. El diálogo entre la madre y la hija, entre Clitemnestra y Electra es de una violencia y de una bárbara crudeza, que asusta y hace odiosas a las dos mujeres. En cambio es natural la actitud de Orestes que rehuye las exigencias de su hermana de matar a su madre. Y en ese primer diálogo entre madre e hija, cuando esta última termina por estrangular a su progenitora, no nos indigna tanto la asesina, la matricida, sino la propia madre. Tal hija de tal madre. Con razón la mitología llamó a esa familia real: la "familia asesina". Y la propia Yourcenar agrega: "Es posible que cada comedor de familia tenga su Orestes esgrimiendo la cuchara de sopa y a sus Electras jugando con el cuchillo". ¡Que manera tan gráfica de parar a cada quien en su lugar, tanto en el comedor como en la psicología! A decir verdad esa escritora que tanto me entusiasmaba, ya empieza a repugnarme. Y casi estoy de acuerdo con otro escritor que cita el programa de mano: Monsieur Crayencour, quien pregunta: "–¿Dónde se está mejor que en el seno familiar?– y responde: –En cualquier parte".
Para ese espeluznante diálogo, la directora de escena, Jesusa Rodríguez, eligió para la madre, a la excelente actriz Ana Ofelia Murguía, veterana de cien batallas escénicas, que a veces bajaba excesivamente de tono y no la podíamos oír, pero cuando lo alzaba parecía en toda su oscura grandeza, en toda su fuerza trágica, la mitológica reina sangrienta, que tuvo el coraje de poner fin a la vida de un marido, Agamenón, que volvía de la guerra después de diez años de ausencia y traía en su carro triunfal a una cautiva del campo enemigo, exhibiéndola desvergonzadamente como amante. Y para el papel de la hija, Electra, a la joven actriz Paloma Woolrich, que se presenta como una de las seis intérpretes que a continuación ocuparán el mismo lugar, una cada noche en el transcurso de la temporada. Paloma Woolrich, a quien suele llamarse "La dulce Paloma", tuvo que vencer muchas resistencias tanto físicas como psicológicas, para compenetrarse con su personaje. Y aunque se pretende que todo actor –así como cualquier ser humano– es siempre él mismo, la joven actriz logró crear un nuevo personaje muy distinto a ella misma. Una protagonista con los ojos inmensamente abiertos llenos de odio que no perdona, y con una voz igualmente dispuesta al crimen.
Hay todavía algunas escenas atrayentes, a veces dinámicas y otras estáticas, imitando posturas de antiguos monumentos. Pero ninguna llega a la fuerza dramática del episodio de la madre con la hija, que parece ser el eje del espectáculo.
Dirigida por la ya muy controvertida y aplaudida directora de escena, Jesus Rodríguez, a la vez actriz, escritora, escenógrafa y productora, que vuelve a demostrar en ese espectáculo tanto sus múltiples capacidades, como su amplia cultura y su incontenible curiosidad por traer al escenario aspectos nuevos del teatro tanto nacional como universal.