FICHA TÉCNICA



Título obra Grito de silencio

Autoría José Vázquez

Dirección Roberto Sosa

Elenco Leticia Pedrajo, Joana Brito, Armando González, Ernesto Godoy, Ramsés Ortiz, María Rebeca

Espacios teatrales Teatro Estudio Galerías




Cómo citar Rabell, Malkah. "Grito de silencio, de un [joven] autor: José Vázquez". El Día, 1992. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

El Día

Columna Se alza el telón

Grito de silencio, de un [joven] autor: José Vázquez

Malkah Rabell

Se trata de un drama, o tal vez sería más correcto decir: melodrama, o simplemente pieza, ya que se maneja una obra con un solo acto, primera producción profesional de un dramaturgo mexicano bastante joven, José J. Vázquez, aún desconocido para la mayoría del público. Un nuevo autor es ya una ventaja, ya que no pocos teatristas se quejan de la falta de nuevos valores en este dominio. El título de la obra es sugestivo: El grito de silencio, –aunque no faltan gritos en el escenario– que se presenta en una sala aún poco "calentada", en el Estudio Galerías, modesto, pero de moderna arquitectura, capaz de transformarse, tanto el reciento como el escenario, en diversas modalidades, según las necesidades de la puesta en escena. Teatro, como hay muchos actualmente, desconocidos la víspera y que nacen debido a la urgente necesidad de las 80 compañías y grupos con los que cuenta ya la capital.

El deseo primordial del joven dramaturgo parece ser la descripción de una infancia nacida en la calle y tragada por la calle. Un destino amargo y trágico, que parece carecer de solución ni finalidad. Pero las descripciones de José Vázquez se antojan mas bien dirigidas a los adultos marginados, que traen al mundo una infancia destinada a la misma desgracia de sus padres. Ese joven dramaturgo posee indudablemente un temperamento artístico ya bastante desarrollado, y que probablemente seguirá desarrollándose al contacto con el escenario y con el ambiente histriónico. En ese primer ensayo dramático exagera el tono de la violencia y de la brutalidad, lo que indudablemente es el reflejo del ambiente. Pero al dramaturgo se le fue la mano, y no supo controlar su propio temperamento. Sin duda no inventa ni a sus personajes, ni saca de la nada los sucesos. Los presenta, unos como otros, según dice Hugo Argüelles en su introducción al programa de mano: "Con un verismo de una indignada, dolorida y sincera actitud de crítica social".

Pero el arte no puede ser simplemente una copia de la vida. También necesita un poco de poesía, un tanto de imaginación algo de "aire" para respirar. Cuando José Vázquez aprenda a introducir un poco de ese "aliento" poético, cuando aprenda a manejar el verismo a través de la imaginación y de los artísticos vericuetos, habrá llegado a una calidad superior. Y tal vez alcanzará algún día a ser considerado como producto de alta calidad de nuestro teatro y de nuestra juventud dedicada al drama.

Lo extraño resultaba que ese modesto espectáculo, agazapado en una sala casi desconocida, pudo llegar a un público bastante amplio, realizado de una manera nada despreciable, con jóvenes actores que han puesto un apasionado empeño en su trabajo bajo la dirección de Roberto Sosa, que supo manejar a sus intérpretes la mayor parte del tiempo con lógica y sentido común. Aunque más de una escena se prestaba a ser suprimida, sobre todo al final. Los cuadros se prolongaban con exceso, con todas sus exageraciones de las desgracias no sólo de los marginados, sino de los "normales" también, como en el caso de la psicoanalista, interpretada por una joven actriz de muy pocas tablas, Leticia Pedrajo, que resulta un ser ilógico al buscar las relaciones sexuales con un ser tan depravado física y moralmente como Temo. Y éste a su vez resulta ilógico al rechazar la entrega de una mujer infinitamente superior a él.

En cambio han sido muy bien estudiados y reproducidos el tipo de Chole y de Victorino. Violenta y brutal hasta con sus propios hijos, a quienes muele a golpes, ella, y caliente hasta la repugnancia con su "hombre". Excelentemente interpretada por Joana Brito como la mujer, y Armando González no menos natural como el hombre de la pareja. En cuento a Ernesto Godoy, como el Foyer, un joven actor que promete. Aunque no deja de ser sorprendente que semejante vagabundo se dedique a la literatura. Mas, tampoco se sabe cuándo y dónde puede nacer un Máximo Gorky. Tanto él como Ramsés Ortiz, los dos muchachos callejeros hijos de la urbe, han logrado dominar a sus personajes, nada fáciles de manejar. La hija, Marta, si no me equivoco actuada por María Rebeca, menos natural que los dos jóvenes, abusa de sus tics.

En cuanto a considerar el lugar donde se desarrolla la acción, como un "lugar cualquiera", resulta bastante falso. Es sin duda un lugar determinado, que el autor conoce, y que hace falta señalar. Lugar en una ciudad, ya que se trata de un drama urbano, en una zona urbana determinada, donde semejante drama debe de estar a la orden del día.