FICHA TÉCNICA



Título obra Muertos sin sepultura

Autoría Jean Paul Sartre

Dirección Robert Ciulli

Grupos y Compañías Theater an der Ruhr de Alemania

Elenco Hannes Hellman

Escenografía Gralf Eezard Habben

Espacios teatrales Teatro Juan Ruiz de Alarcón

Eventos Cuarto Festival de la Ciudad de México




Cómo citar Rabell, Malkah. "Muertos sin sepultura en el Theater an der Ruhr". El Día, 1992. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

El Día

Columna Se alza el telón

Muertos sin sepultura en el Theater an der Ruhr

Malkah Rabell

La primera obra de Jean Paul Sartre que llegó a mis manos fue Muertos sin sepultura, y después de su lectura, recuerdo muy bien que durante varios días anduve como enferma de angustia, como destrozada. Un día antes de asistir a la representación de la compañía alemana: Theater an der Ruhr que se presentaba en la sala universitaria: Juan Ruiz de Alarcón, volví a leer el drama del autor existencialista francés, y lo hice a conciencia, con todo cuidado. Así que venía bien preparada para defenderme contra mi ignorancia del alemán. El viernes 18 de julio, asistí al estreno, e indignada, como estaba indignada la mayoría del público, me enfrenté a una representación lenta, aburrida y a menudo incomprensible. Según parece, y según lo aseguraron los mismos representantes de la compañía el día de la conferencia de prensa, que siempre se anticipa al estreno, el director y el dramaturgo Roberto Ciulli y Helmuth Schaffer, de la compañía alemana, aligeraron la obra del 70% de su contenido, o como lo expresa el programa de mano, de "sus chácharas históricas-ideológicas"... Y yo pregunto, si tanto les parece una cháchara a esos señores del Theater an der Ruhr ¿por qué no se buscaron una obra con menos cháchara? como por ejemplo el drama del autor uruguayo Mario Benedetti: Pedro y el Capitán, que según esas mismas personas pone en boca del capitán más interesantes diálogos que en la de Pedro, ¿el preso político?

Es cierto, que alguno diálogos de los maquis en Muertos sin sepultura ya se antojan envejecidos y pudieron ser suprimidos, pero sin destrozar la construcción dramática de la obra, la que nos pinta a los policías colaboracionistas como unos sinvergüenzas, borrachos y sádicos, que gozan del sufrimiento ajeno. Pero no todos son iguales. Algunos han de esconder sus sentimientos humanos, como el que trata de salvar la vida de los presos una vez que han denunciado a un jefe que no existe. Pero todos, no sólo son torturadores "profesionales" sino unos sádicos profesionales.

Y otras fallas de la dirección escénica, la misma que ya encontramos en el montaje de La muerte de Dantón, no logramos discernir quién es quién en el escenario. Se nos pierde un personaje como Jean, el jefe del grupo, por causas de quien suceden casi todas las desgracias de sus compañeros. Es para protegerlo que se mata a un chamaco, por miedo de que denuncie al jefe.

La puesta en escena de Robert Ciulli, trae a escena una celda llena de agua que cubre el piso entero de lo que en realidad debe ser, o puede ser, un sótano de una escuela –ya que en los pueblos de Francia es la escuela el lugar donde se organizan todos los actos importantes– donde quedan encerrados los presos maquis. Indudablemente este largo bastante profundo es una imagen impresionante, que transmite su fuerza dramática a la actuación de toda la obra. No sé si ésta escenografía se debe a la imaginación del director o a la del escenógrafo: Gralf Edzard Habben. Igualmente impresionante es la figura de ese preso (hombre o mujer, no lo sabemos) sentado con la cara cubierta por un trapo negro y las manos atadas a la espalda. Se me hace inspirada en el personaje de Pedro en la obra de Benedetti. Lo que no importa. Las influencias no son prohibidas en el arte, tal vez muy al contrario. Lo que se nos hace difícil de permitir, es que hable tan bajo que nadie puede oírlo. Lo que tampoco se nos hace fácil admitir son los largos silencios, las permanentes oscuridades, que se hacen inútiles. La última escena que falta, la de las tres detonaciones que señalan el fin del grupo, fusilado por el capricho de uno de los funcionarios policiales, se me hace una inútil mutilación. Y por fin, si la tortura fue la única finalidad de haber elegido esa obra, se me hacen que las escenas que faltan y que pertenecen a la pluma de Jean Paul Sartre, hablaban mucho más de semejante tema que las que han quedado.

No puedo mencionar a ninguno de los actores de la representación porque temo equivocarme de nombre. Y además, porque ninguno me ha entusiasmado.