FICHA TÉCNICA



Título obra Café de ciegos

Dirección Gilles Maheu

Grupos y Compañías Carbone 14 de Canadá

Música Claude Vendette y Claude Fradette

Espacios teatrales Teatro Julio Castillo

Eventos Cuarto Festival de la Ciudad de México




Grupos y Compañías La, La, La, Human Steps de Canadá

Música Grupo alemán de Rock Einstrucende Neubauten

Eventos Cuarto Festival de la Ciudad de México




Cómo citar Rabell, Malkah. "Jazz y rock en el festival de la ciudad". El Día, 1992. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

El Día

Columna Se alza el telón

Jazz y rock en el festival de la ciudad

Malkah Rabell

¡La, La, La, La Human Steps!

Nunca antes había oído hablar antes de la música en el Canadá, y en especial ignoraba todo lo referente al grupo: La, La, Human Steps. Por primera vez me enfrenté a tales manifestaciones en el actual festival de la ciudad de México. Y hace mucho tiempo que no me puse tan furiosa y tan indignada como frente a ese grupo que parecía compuesto de suicidas empeñados no sólo en perder la voz, y la fuerza necesaria para la actuación dramática, sino la vida. No tengo nada en contra de los suicidas, al contrario me siento ligada con ellos por una fraternal solidaridad, pero no soporto a los suicidas escandalosos, que para llamar la atención son capaces de quitarse la vida en una iglesia como Nuestra Señora de París.

Y caso extraño, apenas abrí el programa de mano –que nunca abro antes de terminado el espectáculo– las primeras palabras que descubrí fueron: suicidio. Y otra palabra que me estuvo torturando todo el tiempo, desde el inicio de la representación: "sadomasoquismo" me pareció la palabra más indicada para designar a la primera bailarina, también actriz, que a veces cantaba cuando lograba emitir la voz después de una danza interminable, como endiablada, como surgida del infierno. Bailarina cuyo nombre no logro descubrir, perdido entre el resto de los nombres de sus colegas. Era la única que no descansaba ni un momento durante el espectáculo y cuyo rostro, muy interesante, aparecía constantemente en el close-up de la pantalla cinematográfica, con una expresión desesperada de angustiado cansancio, como si pidiera piedad. Pero no se entregaba. Parecía a cada momento a punto de desmayarse, pero juntaba pieza tras pieza cada uno de sus miembros para lanzarse nuevamente al combate contra la muerte de su voz, de su cuerpo, de su arte. Si arte puede llamarse tanta absurda lucha... Y en mi desesperada indignación pensaba que no sólo en Auschwitz se puede matar a inocentes. También se puede hacerlo sobre el escenario de un teatro.

Y el público, con un sadismo inconsciente, que hace gozar al verdadero artista dispuesto a dejarse matar por cada ráfaga de aplausos, batía palmas, gritaba de emoción, temblaba de entusiasmo, indiferente ante el martirio de una bailarina dispuesta a ofrecerse como víctima en aras del éxito.

Creo que lo que más me hacía sufrir, era la estridencia de la batería del grupo alemán de Rock de Einstrucende Neubauten... De todas las estridencias que he oído en mi vida, ninguna tenía esa fuerza destructiva, ese grito que llegaba al cielo en su furia dominante, y hacía competencia con el latir del corazón del músico. Y una voz anunciaba: "Cuando más fuerte golpea su batería el baterista, tanto más fuerte late el corazón". Y el músico castigaba cada vez con mayor furia a su instrumento. ¿Y el corazón?... Sus latidos se transmitían por altoparlantes al público.

Y el programa de mano anunciaba: "La música del grupo alemán Einstrudende Neubauten, se encargará de hacernos vibrar al ritmo de la estridencia cosmopolita de un siglo XX que claudicó ante los más sublimes ideales de un humanismo inocente".

Y los bailarines seguían sus repetidos movimientos. Se tiraban al suelo y se levantaban y se volvían a caer... Todo es o resultaba desesperante y parecía no tener fin.

Carbone 14

Por fortuna la danza del Grupo Carbone 14 tenía cierta mayor dulzura y también cierta mayor humanidad. Su número llamado Café de los ciegos dirigido por Gilles Maheu, que también era su creador, usaba los muebles como elementos auxiliares de la danza.

Su Café de los ciegos podía también llamarse muy bien Las sillas como la obra de lonesco. Las sillas volaban por los aires y las muy jovencitas bailarinas vestidas de ropa de estudiantes de secundaria, volaban por los aires también ellas, colgadas de las sillas. La música de Claude Vendette y Claude Fradette, era más suave, aunque creo que la ejecutaba una orquesta de jazz, y aunque nunca fui admiradora de ese género musical, en esa oportunidad me gustaba especialmente su ejecución por un bastante complejo conjunto que tocaba sobre el escenario detrás de una cortina transparente, en el teatro Julio Castillo. Los anunciaba el programa de mano como: un conjunto de músicos invidentes, igual como los visitantes ciegos del café. Desde luego, nadie era invidente en esa compañía Carbone 14, ni los músicos, ni los visitantes del café.

En esa producción teatral se entremezclaban todos los géneros: teatro, baile, canto, y hasta cinematografía. También aquí tuvimos que aguantar ciertos sonidos muy poco agradables. Como las canciones cantadas por –creo que–: Terry Montcalm, que lanzaba unas notas estridentes como si quisiera rompernos los tímpanos.

Lo que quedaba muy claro, desde las primeras escenas de la obra, es que se trataba de un país de múltiples culturas y de múltiples razas. En el escenario se hablaba en inglés y se cantaba en francés, en tanto que el director artístico Gilles Maheu era de origen canadiense. En cuanto a la producción de Carbone 14, es una coproducción con Expo 92, Sevilla. España, con el Centro Nacional de Artes de Ottawa y con las celebraciones por el 350 aniversario de Montreal.