FICHA TÉCNICA



Título obra La secreta obscenidad de cada día

Autoría Marco Antonio de la Parra

Dirección Martín Acosta

Elenco Carlos Cobos, Arturo Reyes

Espacios teatrales Foro La Gruta




Cómo citar Rabell, Malkah. "La secreta obscenidad de cada día, las cenizas del teatro del absurdo". El Día, 1992. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

El Día

Columna Se alza el telón

La secreta obscenidad de cada día, las cenizas del teatro del absurdo

Malkah Rabell

Extraño título: La secreta obscenidad de cada día que pertenece a la no menos extraña obra del autor chileno Marco Antonio de la Parra y que se representa actualmente en el breve teatro adjunto al Helénico: La Gruta. Obra extraña y misteriosa a menudo descabellada, como sienta a una representación de vanguardia, cuyo misterio no podemos descubrir en partes sin destrozar todo el edificio. Sólo nos queda por decir que empieza de una manera muy desagradable, casi pornográfica, aunque de un modo muy tenue, y continua desenvolviéndose en las más extraordinarias historias, cada vez más apasionantes, para terminar de un modo inesperado, tan impactante que nos levanta del asiento con un grito.

Obra crecida sobre las cenizas del Teatro del Absurdo, aunque no se parece a ninguna de los maestros y jefes del género. Tal vez nos trae un lejano eco de Max Frisch con sus Incendiarios, con su infraestructura política, que puede ser adaptada a los más diversos movimientos que navegan ya con bandera roja, ya con bandera blanca o negra. El teatro del absurdo siempre se ha distinguido por su lucha contra todo arte politizado, tanto de Brecht como de Sartre. Y sin embargo, pese a sus protestas y a sus burlas ha sido siempre activamente político. Su única diferenciación de otros escenarios preocupados por tales manifestaciones, era su manera de darle a su tinte político un tono de "verdad eterna" como lo llamaba Ionesco: "muerte, enfermedad, miseria, amor, etcétera". Los incendiarios de Frisch podían representar tanto a la Nueva Izquierda como a los racistas de ayer y de hoy. Asimismo El rinoceronte de Ionesco podía ser aplicado a las más diversas causas y fenómenos, hoy a una manifestación y dentro de veinte años a otras totalmente distintas.

Algo semejante sucede con La secreta obscenidad de cada día, que se refiere en su título a esa obscenidad tan de moda en películas y dramas teatrales, y sin embargo se trata de un drama vanguardista totalmente politizado, y hasta partidario del terrorismo. Lo que no debe sorprendernos en un escritor chileno, cuyo país estuvo sometido durante tantos años a una sangrienta dictadura.

La puesta en escena debida a un joven director de mucho talento, de brillante imaginación y fuerte personalidad, Martín Acosta, presenta a dos protagonistas, únicos personajes del drama o tal vez comedia, Arturo Reyes y Carlos Cobos, en los papeles de Sigmundo el primero y de Carlos el segundo. El misterio de esos dos nombres es una de las facetas, tal vez la más importante, del misterio total de la obra. Tampoco podemos descubrirla sin arruinar todo el edificio de esa Secreta obscenidad de cada día, obra que forma una totalidad indisoluble. Y creo que por primera vez en mi vida admito la necesidad de callar la historia de toda la obra.

En cuanto al manejo de esos dos únicos personajes, el director ha puesto su sello en cada movimiento, en cada gesto y en cada expresión sonora de sus protagonistas, y éstos hacen gala de una disciplina dramática pocas veces llevada acabo en todo el transcurso del espectáculo con tanta estricta seriedad. Los dos papeles, los de Carlos y Segismundo, son especialmente difíciles, porque expresan diversas características y pasan más de una vez del drama a la comedia y hasta la farsa y cantan a dos voces, sobre todo Carlos Cobos demuestra tener buena voz y buen oído. Arturo Reyes y Carlos Cobos parecen entregarse a sus menesteres artísticos con toda el alma y todas las pasiones de su creatividad. La ovación que recibieron al final del espectáculo de esa renovada vanguardia, de un público formado en su mayoría por gente de teatro, fue la mejor demostración del entusiasmo que le mereció al auditorio esa extraña obra.

El espectáculo carecía de escenografía, pero en cambio tenían un excelente manejo de luces, tan importante en el modesto teatro.

Me atrevo a decir que en el presente año es éste el mejor grupo que se presenta, sobre todo en su afán de "teatro de búsqueda".