FICHA TÉCNICA



Título obra Sugar

Autoría Bob Marril

Notas de autoría Billy Wilder / autor del guión Una eva y dos Adanes

Dirección Enrique Reyes

Elenco Laura Flores, Eduardo Palomo, Jorge Muñiz

Coreografía Javier García

Música Jule Styne

Espacios teatrales Teatro Manolo Fábregas




Cómo citar Rabell, Malkah. "Sugar, comedia musical en el Manolo Fábregas". El Día, 1992. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

El Día

Columna Se alza el telón

Sugar, comedia musical en el Manolo Fábregas

Malkah Rabell

¿Qué se puede decir de una comedia musical, fuera de lo que ya dice en el programa de mano debajo del título, en letras minúsculas: "Original de Peter Stone; letras de Bob Marril. La obra que inmortalizó Marylin Monroe"? La palabra "inmortalizó" me parece un poco fuerte, y no creo que en esta comedia basada en un guión de Billy Wilder, hubo algo de inmortalizar. Por lo mismo, diremos que, como en todas las comedias musicales, hasta en las peores, se ha cantado, se ha bailado y se ha dicho chistes, algunos buenos y otros malos, pero con los cuales el público se ha conformado y tal vez divertido más que con otros.

Pues sí, creo que fue en el 1951 que la famosa Marylin Monroe creó esa comedia bajo el título de (si no me equivoco) Una Eva y dos Adanes, título bastante más sugestivo que el actual lacónico Sugar pero el cual cumple con su deber de poner en evidencia la personalidad de la protagonista.

A decir verdad el papel de Sugar, es bastante oscuro por más luz que se lance sobre su nombre, y consiste más en mostrar las piernas que en inmortalizar un personaje. A Dios gracias la actual Sugar del teatro Manolo Fábregas también tiene lindas piernas. Es, además lo único lindo que tiene. En el Diccionario Larousse del Cinema que ofrece un espacio bastante reducido para hablar de la estrella más reluciente en su tiempo de Hollywood, aclara: Norma Jean Baker, llamada Marilyn Monroe, fue la reemplazante de las Phyllis Naver, de las Clara Bow, de las Jean Harlow, y más recientemente de Rita Haywort, etcétera. Pero llegó mucho más lejos por su fantasía, por su autocrítica divertida, y por su inteligencia... ¿Entonces, no puedo comprender cómo semejante fenómeno de "inteligencia" podía representar en la mayoría de sus películas a una niña boba? Desde luego la nueva Sugar de México, Laura Flores –cuyo nombre nunca tuve el honor de escuchar– no logra ni la mitad de las boberías de la encantadora Marylin Monroe.

A su lado fungían en los papeles de músicos enamorados de Eva ambos, los dos Adanes, cuya fama tampoco llegó a mis oídos, Eduardo Palomo y Jorge Muñiz como Joe y Jerry. Tengo la desgracia que en mi memoria se han mezclado los dos nombres y no puedo deslindar a uno del otro. ¿Quién es Jerry y quién es Joe? Pero ambos han hecho los máximos esfuerzos para divertir al público. Y lo han logrado. Sobre todo creo que Eduardo Palomo como Joe. No hay nada que divierta tanto al público como ver a un hombre vestido de mujer y haciéndose pasar por un ser de sexo contrario al suyo. Aquí, los dos Joe y Jerry, para escapar de la persecución de unos gangsters se visten de mujer. Y como ya nadie recuerda la formidable interpretación en la pantalla de la pareja Tony Curtis y Jacques Lemon, nuestros dos cómicos nacionales, Eduardo Palomo y Jorge Muñiz, con sus exageraciones y con su juventud, conquistan al público. En realidad lo mejor de ese montaje de otro desconocido, el director escénico Enrique Reyes, que se basó en el del norteamericano para Broadway, David Meriansky logró llenar el escenario del teatro Manolo Fábregas de un movimiento dinámico debido sobre todo al numeroso cuerpo de baile, con 10 hombres e igual número de bailarinas, quienes además de bailar bajo la coreografía de Javier García, hacían un poco de todo, hasta actuaban en papeles secundarios y parecían estar en todas partes. Comedia musical con música de Jule Styne, que se ofrecía en vivo, y que como comedia hacía reír con sus chistes a veces buenos y a veces bastante tontos. Pero se mostró tan original en una última escena cómica (no la voy a contar para que no me regañen) que era un verdadero hallazgo.

Lástima que la escenografía fuera tan pobre, aunque cambiaba constantemente, pero realizada en papel que se movía al menor soplo del aire. El nombre del escenógrafo no aparece en el programa de mano, pero seguramente permanece fiel al original de Broadway. A su vez el cuerpo de baile, sobre todo el femenino, cambiaba con mucha frecuencia de vestimenta. Todo ello significa un desgaste económico para el productor. Y no obstante da la impresión de modestia y hasta de pobreza. Es la mayor dificultad del género musical, exige un excesivo desembolso.

Y no podía dejar de pensar, mientras me hallaba sentada en la oscuridad de la sala: ¿Cómo la hubiera montado Manolo Fábregas?