FICHA TÉCNICA



Título obra El cid

Notas de autoría César Castro / selección y adaptación a el El Romancerode El cid

Dirección César Castro

Elenco César Castro

Espacios teatrales Teatro Rodolfo Usigli




Cómo citar Rabell, Malkah. "César Castro en El Cid". El Día, 1992. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

El Día

Columna Se alza el telón

César Castro en El Cid

Malkah Rabell

Lo conocí, a César Castro, hace muchos años, tal vez veinte, tal vez más cuando él era aún muy joven, un actor que apenas se iniciaba, pero que ya prometía llegar a !as alturas del mejor arte teatral. No, no recuerdo en qué papeles lo he visto, ni tampoco en qué teatro se presentó. Olvidamos tantas cosas y tantas caras en la vida con el paso de los años. De repente volvió a resurgir el olvido, de la lontananza de esa vida trashumante que es el destino de tantos actores. Se iba a presentar en el papel del "Mío Cid", y en el programa de manos se explicaba que había estudiado: "En las escuelas de la ANDA, del INBA, en el Centro Universitario de Teatro de la UNAM, en Scholl of the Performing Arts, en Winster Salem, North Carolina, USA, en el Actor's Studio con Huta Hagen en New York y en el Estudio de Actores con Dimitrios Sarras".

Pero en ninguna parte nos explicaban qué había hecho en el largo tiempo cuando dejó de estudiar.Quizá fue ese el tiempo cuando participó en obras como Los albañiles y El juicio, de Vicente Leñero, en Un pequeño día de ira de Emilio Carballido, en Álbum de familia de Peter Ustinov, en Muchacha del campo de Clifford Oddets, El burlador de Sevilla de Tirso de Molina, y en Macbeth de Shakespeare, ésta última para la New York Shakespeare Company en NY.

Lo que nos presenta la imagen de una vida agitada y trashumante, durante la cual además ha dirigido varias obras dramáticas, así como la televisión para Educación Audiovisual de la SEP.

Si anduvo por el mundo con diversas obras y diferentes papeles, esperemos que ahora ya volvió al hogar para quedarse. Y su primer espectáculo fue en el teatro Rodolfo Usigli, con El Cid.

En el escenario desnudo de ese teatro pequeño y lejano, casi escondido en una de las callejuelas de Coyoacán, sólo adornado con dos espadas, la famosa "Colada" y la otra probablemente de origen musulmán, con un telón blanco en el centro del escenario, que llevaba dibujada una inmensa cruz, reflejo de la época medieval, de cruzadas, de disputas escolásticas y de guerras fratricidas. Época de poemas épicos y cantares de gesta, aunque el texto que interpreta César Castro, único actor en el escenario, es más bien debido a una selección realizada por el mismo Castro del Romancero de El Cid.

César Castro, madurado por los años y por el teatro, se presenta como el juglar que interpreta una serie infinita de personajes, ya ancianos, ya jóvenes y hasta niños, quien nos narra los hechos, las batallas, las vidas y las muertes de los intérpretes. Y durante casi dos horas, en el transcurso de dos actos, cambia para cada una de las figuras, de cara, de voz, de caminar, de carácter, con una memoria prodigiosa que no necesita de apuntador, con un rostro cambiante y expresivo que no necesita de máscara ni de maquillaje para transformarse en uno u otro de los héroes de la obra.

No siempre logramos captar todo el argumento, los sucesos ni los parlamentos. Lo voluminoso del texto hace desaparecer muchos detalles y la presencia constante del actor nos hace olvidar qué dice para preocuparnos únicamente de cómo lo dice. César Castro confirma todos los dones que le he visto cuando apenas se iniciaba en el arte dramático, y en la difícil multiplicación de los personajes pone el sello de un verdadero actor que penetra a lo hondo en cada carácter.

Nada más difícil que interpretar una obra de una sola figura, que carece de apoyo de algún compañero. En el presente caso ni siquiera es un monólogo que da vida a un solo ser humano, sino tiene que desdoblarse en una multitud de actores. Castro tiene escenas que son desgarradoras, como su juego con ambas espadas, como si volviera a su pasado; sus intentos de danza; o sus escenas con sus dos hijas, y con sus dos maridos, los primeros que les robaron sus dotes.

Lástima que el espectáculo, la representación no contó con la presencia de un público más numeroso, debido probablemente a la poca propaganda y al desconocimiento de ese teatrito aún poco "calentado". Actualmente que México cuenta con tal cantidad de teatros y de espectáculos, un actor de la categoría de César Castro debe encontrar su definitivo destino artístico en la madre patria que necesita intérpretes de su calidad y de su preparación.