FICHA TÉCNICA
Título obra Horas muertas
Autoría Raúl Moncada
Dirección Raúl Moncada
Elenco Yolanda Ziman, Raúl Gómez,
Espacios teatrales Auditorio del Instituto Regional de Bellas Artes de Cuernavaca
Eventos Función de las 100 representaciones
Cómo citar Rabell, Malkah. "Horas muertas de Raúl Moncada, en Cuernavaca". El Día, 1992. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
imagen facsimilar
El Día
Columna Se alza el telón
Horas muertas de Raúl Moncada, en Cuernavaca
Malkah Rabell
Han sido festejadas en Cuernavaca, en el auditorio del IRBAC, las 100 representaciones de Horas muertas de Raúl Moncada. Caso raro ya que en esa bella ciudad es la primera vez que un espectáculo dramático llega a tal número de funciones. Lo que prueba que en todas partes del mundo cuando una obra gusta no existen obstáculos para su longevidad en el escenario. En el ANDA se ha discutido acerca de cuáles son los gustos del público en la actualidad cuando una grave crisis económica sacude al mundo entero, y el público disminuye con desesperante rapidez en las salas de teatros. ¿Qué hacer para retenerlo? ¿Cuáles son sus gustos y cuáles las necesidades para su presencia?
Ya en varias oportunidades sostuve la tesis que el público en su gran mayoría busca antes que nada la diversión. Pero resulta tan sólo una verdad a medias. También busca el reflejo de sus propios problemas. En Horas muertas el dramaturgo y director de escena Raúl Moncada, como dijo Salvador Novo, según lo reproduce el programa de mano: "Dentro de la corriente actual de obras dramáticas que plantean un examen de los problemas psicológicos ocasionados en la personalidad de los hijos por el conservatismo de los padres, Horas muertas de Raúl Moncada representa una valiosa contribución imbuida por el realismo de la situación local en que ubica la historia que lo ilustra".
Horas muertas, es una obra de juventud del autor. En la actualidad los problemas psicológicos para los padres en contacto con el mundo moderno son muy otros. Hoy –por fortuna– ya nadie se espanta por una madre soltera, a cuyos hijos antaño llamaban "hijos naturales" cuando no les decían "bastardos". Ya la mayoría de la juventud no se preocupa por el matrimonio y los padres han de acceder de buena o de mala gana, al "compañerismo" de las parejas, lo que antes se llamaba "amor libre" al cual sólo se atrevían los artistas, los comunistas, y los pobres. Hoy la "moralidad" y las "buenas costumbres" así como el "buen vestir" se consideran "estupideces burguesas"... Pero, aquí existe un pero. Las madres posesivas, como las llaman los psicólogos y hasta los psiquiatras, y que tan cabalmente describe Simone de Beauvoir en su Segundo sexo, aún abundan, por desgracia. Hasta las podemos encontrar en mujeres cultas y consideradas modernas. Y éste es el tipo de mujer que eligió Raúl Moncada como protagonista. Y también abundan todavía en nuestro mundo llamado moderno, los hijos débiles y carentes de carácter para defenderse, que se dejan dominar y pisotear, que son la otra cara de la moneda de esas Horas muertas. Y cuando semejante drama familiar está respaldado por una prosa –según dice Luis G. Basurto– "directa, sencilla y firme", y es usada por un conjunto de actores jóvenes que aman su profesión y se entregan a ella con amor, una obra así gusta y llama la atención de un público numeroso, hasta dar lugar al fenómeno de las 100 representaciones, que esperamos podrán aún continuar en los próximos meses.
En cuanto a la actuación del numeroso reparto, todos jóvenes de Cuernavaca que han estudiado su profesión. Cada carácter está bien estudiado y construido por el autor-director, lo que ayuda mucho a sus intérpretes. En el papel de la madre, papel sumamente complejo por la obligación de permanecer constantemente en un estado de antipatía, Yolanda Ziman lo ha logrado sin excesivas exageraciones. Entre los papeles masculinos me pareció especialmente dotado Raúl Gómez en el personaje del inquilino enamorado de una de las hijas de la casa. No puedo mencionar a todos, por miedo de confundir a unos con otros. En conjunto logran lo principal, nunca dejar decaer la obra y mantener el interés del auditorio, el cual recibió el final con un entusiasta aplauso.
Cuernavaca con sus flores y su eterna primavera, siempre fue una ciudad amada por los turistas, hasta por los reyes y los grandes de este mundo. Y los gobernantes de esa ciudad paradisíaca trataron de preparar para esos huéspedes de un día o de un año, hoteles, restaurantes, cabarets y otros lugares de reposo o de diversión. Pero ninguno se preocupó por darle una vida cultural propia. Siempre se pensaba que Cuernavaca se halla demasiado cerca de la capital para necesitar una vida cultural específica. Si algún curioso o estudioso deseaba ver una película o una obra de teatro, o ir a un museo, a dos pasos se hallaba la capital. Pero esta solución no pudo durar eternamente...
... Y Cuernavaca adquiere cada vez más su propio tono, su propia cara, su propia manera de ser culturalmente.
El IRBAC con su modesto teatrito y con sus valientes combatientes escénicos mostró el camino, y los demás los van siguiendo sin las dificultades a los que siempre se han de sobreponer los pioneros. Con razón decía un gran escritor español: "Hijo mío, nunca seas el primero, siempre el segundo. Los primeros abren los surcos, y los segundos se comen la fruta..."
Raúl Moncada fue uno de esos primeros. No tuvo miedo de las dificultades del pionero. Dio de sí todo lo que pudo con generosidad, y hoy ya cuenta con dramas, sobre todo históricos, de mucha profundidad y belleza. Y espero que un día a la entrada del teatrito del IRBAC se levantará un monumento a los primeros que se atrevieron a hacer un teatro profesional en Cuernavaca, y que llevara la inscripción: ¡Raúl Moncada, gracias!