FICHA TÉCNICA



Título obra El preceptor

Autoría Bertolt Brecht

Notas de autoría Jacob Michael Reinhold Lenz / autor de la obra teatral original

Notas Comentarios al texto dramático El preceptor versión de Bertolt Brecht a la obra homónima de Jacob Michael Reinhold Lenz




Cómo citar Rabell, Malkah. "Una obra poco conocida de Brecht: El preceptor". El Día, 1991. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

El Día

Columna Se alza el telón

Una obra poco conocida de Brecht: El preceptor

Malkah Rabell

Al igual que solía hacer Shakespeare, que creaba la mayoría de sus obras basándose en textos antiguos, en crónicas, y transformándolos en tragedia o comedia geniales; también ese genio del siglo XX, aceptado por unos de rodillas, y por otros con rechinar de dientes, Bertold Brecht, acostumbra adaptar —y la palabra adaptar no siempre corresponde—, textos desde muchos aceptados como clásicos —como por ejemplo su Antígona de Sófocles—, o desde mucho olvidados.

Tal vez sea un caso de olvido el de esa obra alemana de Jacob Michael Reinhold Lenz El preceptor que sirvió para una creación nueva a Brecht, en tanto que ignoramos si Lenz fue poeta o dramaturgo, y que la edición de Teatro completo de Brecht publica sin agregar una sola explicación acerca de su obra ni de sus origenes.

Llegó a mis manos esa comedia que tal vez podría llamarse dramática: El preceptor poco conocida por la mayoría de lectores mexicanos, por igual que pocos conocen al autor en quien se basó Brecht, quien nos da una imagen del maestro alemán diríase que del siglo XVIII, aunque ni el poeta original ni el poeta adaptador lo indican. Una imagen bastante trágica e inesperada. En el prólogo, que presenta al público al desconocido preceptor de simbólico nombre, Lauffer, (quien corre), éste dice de sí mismo: "Estimado público, la pieza que hoy presentamos —Se remonta a ciento cincuenta años atrás— Soy el antecesor y el maestro de escuela alemán al servicio de los nobles, educo a sus retoños..." Y termina después de una larga cadena de quejas y revelaciones con la confesión de lo que enseña: "El abece de las miserias alemanas" (Indudablemente esta última frase pertenece al adaptador). Y surge la pregunta: ¿A qué siglo puede deberse tan amarga afirmación?

Por fortuna, ya desde el primer acto, uno de los protagonistas, un mayor del ejército, en la ciudad prusiana de lnsterburg, se queja ante su cuñado de que los asuntos público andan mal y asegura: "el país no puede reponerse de la guerra de siete años". He aquí un dato que puede ayudar a la búsqueda de la fecha de la acción dramática. ¿Cuál fue la guerra de siete años que desequilibró la vida en Prusia hace 150 años antes de ser escrita la obra? Y aquí surge otra interrogante más: Cuando el autor se refiere al siglo y medio atrás, a qué se refiere? ¿Desde la adaptación brechtiana o desde la creación del original? Sin duda desde este último hecho. Pero hay una pregunta más difícil. Existen tres Guerras de Siete Años en Alemania: la primera la de 1741 hasta 1749; la segunda desde 1756 hasta 1763, y por fin la tercera que data del siglo XIX, la de 1833 hasta 1839. Después de leer el texto por completo me declaro partidaria de la segunda, ni tan lejana, ni tampoco tan cercana para cambiar tan radicalmente.

Brecht, o tal vez el mismo Reinhold Lenz, nos dejan sin información acerca de la vida económica o política de la región, en cambio se detienen en los rasgos psicológicos y costumbristas, así como en las vivencias morales del ambiente. Le dan sobre todo una gran importancia a los hábitos sexuales de la juventud de la época, que hasta nos parecerían muy audaces para nuestra propia época. En cambio en un medio bastante depravado, se le exige al maestro una gran austeridad, que desde luego el preceptor no logra mantener y constantemente pierde la resistencia, como también la pierden sus alumnas.

En tanto los estudiantes masculinos mantienen una moralidad más "filosófica", y hasta cómica, como la actitud de uno de esos jóvenes admiradores de Kant que paga el aborto de su novia, a sabiendas que no tuvo arte ni parte en el desliz de la muchacha, y del accidente es culpable uno de sus compañeros de escuela.

Las mujeres, pese a su juventud son más atrevidas que los hombres. Leen o recitan las oraciones que les enseña el señor preceptor, para luego acostarse con el preceptor en persona. Mas, éste no tiene la culpa. Pide a su amo un caballo para reunirse con su amada en otra ciudad. Pero en Instenburg no hay caballos, probablemente desaparecieron en la guerra, y no hay ni para arar, menos los habrá para "los excesos del preceptor" como dice su amo quien ya le rebajo a Lauffer su sueldo a la mitad. Y Lauffer ha de huir de una casa a otra, de un puesto a otro, ya que en cada uno de ellos hay alguien dispuesto a matarlo, para defender la honra de las angelicales señoritas de la ciudad.

Con un sentido del humor probablemente muy alemán, pero que difícilmente hace reír a un lector latino, Brecht nos hace llegar a un final completamente descabellado, cuando el preceptor ya desesperado se auto-castra. Lo que Brecht considera una historia "que puede pasar hace cien o hace diez años". Según finaliza el narrador.