FICHA TÉCNICA



Título obra Los ladrones del tiempo

Notas de autoría Michael Ende / autor de la novela Momo; Sabina Berman / adaptación teatral

Dirección León Singer

Elenco Flor Edwarda Gurrola, Jacobo Atri, Darío T. Pie, Diego Luna

Escenografía Teresa Uribe

Iluminación Teresa Uribe

Espacios teatrales Teatro Julio Castillo




Cómo citar Rabell, Malkah. "Para niños de 7 a 70 años: Los ladrones del tiempo". El Día, 1991. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

El Día

Columna Se alza el telón

Para niños de 7 a 70 años: Los ladrones del tiempo

Malkah Rabell

Para quienes no han leído la muy clara y estilísticamente sencilla novela del escritor alemán Michael Ende: Momo (¿insinuación al Dios de la risa?), resulta tal vez algo deshilvanado el texto escénico de Sabina Berman, basado en el original de Ende, puesto en escena por León Singer en el teatro Julio Castillo y representado los sábados y los domingos a las 12 horas de la semana. Resumen demasiado escueto para ser profundizado por la mayoría del público adulto, resulta en cambio más divertido para los niños que siguen con una poca acostumbrada atención la muy débil acción que sobre todo consiste en bailes, cantos y ciertas escenas cómicas, como representar al narrador de esta extraña historia bajo los riesgos de Albert Einstein, ya viejo, interpretado por Jacobo Atri, ya joven actuado por Darío T. Pie, y hasta niño, en la actuación de un menor: Diego Luna.

La novela original expone su moraleja como una defensa del tiempo libre para dedicarlo a la bienhechora actividad de reír, de amar, de alegrarse en compañía de seres queridos y de amigos.

Un tiempo libre para, como dice el autor: "para informarse largamente sobre el estado de salud de los demás, para charlar amigablemente, para admirar las flores en un balcón o dar de comer a los pájaros. Y hasta los médicos tengan tiempo para dedicarse extensamente a sus enfermos..." Un tiempo libre que los malvados e invisibles "hombrecillos grises", tratan de robarle al hombre de nuestro siglo empujándolo a calcular cada minuto, cada segundo y cada hora de su vida, para dedicarlos a un empleo determinado que rinda riqueza y utilidad. Los únicos que se salvan todavía de semejante esclavitud son los niños que aún saben jugar y amar gratuitamente.

Para saber a conciencia en qué consiste el aprovechamiento del tiempo que para la humanidad de nuestro siglo se ha transformado en una verdadera esclavitud, basta escuchar parte del discurso que uno de los "hombrecitos grises", que Sabina Berman llama "Los ladrones del tiempo", expone a Momo, la niña de la calle, que no sabe leer, pero sabe escuchar, y también sabe que el tiempo se mide con el corazón: "Tenemos que permanecer desconocidos... nadie ha de saber que existimos... –expone uno de esos misteriosos seres– Sólo mientras nos mantengamos desconocidos podremos hacer nuestro negocio... un negocio difícil, sangrarle al hombre su tiempo... porque todo el tiempo que ahorran, nosotros nos lo quedamos... lo almacenamos... lo ansiamos... ¡Ah, no sabéis lo que significa vuestro tiempo! Pero nosotros lo sabemos, y os lo chupamos hasta la piel... Y necesitamos más... porque nosotros también somos más... cada vez más".

La novela es una moraleja para una gran parte de nuestra humanidad, y expone las características de esa parte del planeta en quienes se agazapa el cuidador del tiempo, quien con un látigo en la diestra impide la felicidad de sus prisioneros. El miedo de perder el tiempo es como un contagio, y llegó a tales exageraciones que hasta se cuida de que se aproveche bien el tiempo libre.

Parece extraño que un público infantil esté tan atento a una obra que más bien podría parecer incomprensible para su edad, y tal vez podría aburrirlos. Desde luego, mucha de esa atención se debe a la dirección, que León Singer tuvo la habilidad de hacer muy alegre, y sobe todo porque la mayoría del conjunto interpretativo está formada por niños actores. Hay detalles inesperados y divertidos, como la presencia de la tortuga Casiopea la que expresa por medio de unas palabras que aparecen en el dorso de su caparazón y son visibles desde cualquier lugar de la sala. En el papel de Momo, la joven Flor Edwarda Gurrola ha sido excelente. La acompaña una larga lista de interpretes infantiles, lo que rara vez podemos encontrar en una representación infantil. No hay como los niños en el escenario para divertir a los niños en la sala.

El precioso programa de mano que representa un reloj, que termina por unas palabras que encierran la explicación de las ideas de ambos autores, Michael Ende, el novelista, Y Sabina Berman, la dramaturga: "¿Podrá Momo, con la ayuda del guardián del Tiempo, lograr escapar a la trampa tendida por estos diabólicos personajes (Los Hombrecillos Grises, los Ladrones del Tiempo) y salvar el mundo".

Para enterarse del final, lleven a sus niños el sábado o el domingo por la semana al teatro Julio Castillo donde un mundo de niños les darán la respuesta.