El Día
Columna Se alza el telón
Alma y sangre de teatro: Manolo Fábregas
Malkah Rabell
Título que pedí en préstamo a Luis G. Basurto de ese hermoso artículo que publicó en el libro dedicado a Manolo Fábregas bajo la denominación: Manolo Fábregas, un Hombre de teatro; 40 años de producción: 1950-1990. Libro que se debe a la responsabilidad de Fela Fábregas, a quien Basurto considera: "el ángel titular, la pareja impar, la parte importantísima de la carrera y de la fuerza (de Manolo Fábregas)". Nada puede ser más cierto.
Y es Fela Fábregas que compone la introducción de ese libro, y sin ser escritora ni pretenderlo, escribe con una gracia y una sencillez que conquista todos los corazones e impone a todas las sensibilidades la figura del hombre que ella, en otro libro, llamó con una seguridad que sólo crea el amor: "El mío". A la primera mirada que uno echa sobre el libro abierto de "Manolo Fábregas, el hombre de teatro" se nos escapa una exclamación admirativa: "¡Qué joven, Dios mío, qué joven!". Así era ese hombre de teatro hace 40 años cuando iniciaba su carrera de director, de productor y de primera figura dramática en una serie de producciones impresionantes. Y con él resultaban igualmente jóvenes la mayoría de su reparto, los que llegaron a ser los compañeros de trabajo de sus mejores triunfos. Allí estaba en numerosas fotos, en el abril de 1945, la noche del Sábado de Gloria, Andrea Palma, que iniciaba una temporada de La dama de las camelias en el teatro Virginia Fábregas que una actriz no muy respetable logró transformar en Fru-Fru. Allí estaban, aún muy jóvenes, Guillermo Murray, Ofelia Guilmain, Carmen Montejo, Rita Macedo, y tantos otros. Allí estaban en decenas y tal vez centenares de fotos las reproducciones de sus 12 obras estrenadas en 27 años, cuya cronología es ya historia, entre las cuales se pueden citar obras como las magníficas comedias musicales: Mi bella dama, El hombre de la Mancha, Hello Dolly o El violinista en el tejado.
Según nos dice Hugo Argüelles en otro de los brillantes artículos que forman el libro: "Manolo Fábregas, había creado un nuevo gusto en el espectador mexicano y éste le correspondía el hallazgo asistiendo a sus producciones en número cada vez mayor, a tal punto que por esa asistencia se llegó a establecer un récord: había un público que iba al teatro musical de Manolo Fábregas en número de tres millones. Y esto fue un logro que nunca antes nadie había obtenido en el teatro mexicano".
No es sólo por su aporte a la comedia musical, por su introducción de tal género en México que hay que agradecerle, sino por su perfección del teatro mexicano que él puso a nivel de las grandes capitales. Recuerdo que después de una ausencia de 15 años, al volver a México, mi madre me llevó a ver a Mi bella dama, y quedé maravillada. México que hace unos 20 años antes carecía de toda madurez profesional, y contaba apenas con 3 ó 5 teatros, ¿cómo pudo adquirir tanta perfección?
Hoy, leyendo la tan sencilla, sincera y humana introducción de Fela Fábregas, se llega a comprender muchas cosas, y hasta se logra avergonzar de ciertas actitudes y no pocas tonterías de los sabihondos, entre quienes lamentablemente me contaba durante bastantes anos. Yo que amo a los actores y conozco sus penas y luchas ¿cómo pude dejarme enceguecer por las vanidades intelectualoides. Cierto, el teatro universitario ha hecho mucho por el desarrollo del teatro moderno en México en muchas áreas y géneros. Pero eso no da derecho a despreciar lo que se ofrece al gran público y que de éste se recibe. Ni tampoco los experimentos que toda clase de teatristas realizan.
Y sólo nos queda repetir un párrafo del mismo libro, un párrafo debido al gran defensor del teatro mexicano: Rafael Solana, que escribe: "Pasa a la historia (Manolo Fábregas) no sólo como un enorme actor y un gran director, sino, tal vez, sobre todo como un productor atrevido y valiente, al que no arredraron los gastos para dar calidad suprema a los espectáculos por él montados. La gente del teatro le agradece las largas y grandes temporadas en que ha dado trabajo a miles de operatorios o de empleados, con lo que es un benemérito no sólo del arte, sino de la industria teatral que a él le debe más que nunca ha debido a nadie."
He aquí una obra que es un documento sobre 40 años de teatro en México, un documento muy cuidadosamente elaborado sobre una época, y a la vez sobre los avatares que un productor ha sufrido en su largo camino de creación. Un documento que todo amante del arte escénico, todo teatrista ha de guardar en su biblioteca.