FICHA TÉCNICA



Título obra Las Ubarry

Autoría Óscar Liera

Notas Comentarios de la autora al texto dramático Las Ubarry de Óscar Liera




Cómo citar Rabell, Malkah. "Las Ubarry de Óscar Liera". El Día, 1991. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

El Día

Columna Se alza el telón

Las Ubarry de Óscar Liera

Malkah Rabell

Durante mucho tiempo he considerado como la mejor obra de Óscar Liera, la última que escribió: Las dulces compañías. La mejor, como si fuera un símbolo de adiós a la vida que abandonaba a los 40 años, que abandonó hace algo más de un año, el 5 de enero de 1990, después de una misteriosa y larga enfermedad, que ninguno de sus amigos se atrevió a nombrar.

Me equivoqué. No es Las dulces compañías la mejor de sus creaciones, aunque fuera la última de su vida prematuramente acabada. Es otra obra. Una pieza corta, terrible, desgarradora y hasta terrorífica. Lleva el muy sencillo título de Las Ubarry. No cuenta con más que dos personajes en el escenario: una madre y una hija, y el autor usa y a veces abusa de un lenguaje de literatura. Sus anotaciones al margen llevan el sello de la novela o del cuento. En una palabra de la narración, un lenguaje bello, a veces más bello que el empleado por las dos protagonistas, las últimas representantes de la familia Ubarry, de quien dice en un breve párrafo: "Frente al espejo de biselados límites contenido en el marco art-nouveau... se reflejaba la cara marchita de la madre.Como un espectro fantástico sobre los sueños del lago".

Y dos páginas más lejos anota en otro párrafo: "Todo se sometió al silencio y se abrió una pausa como grandes fauces que lanzaban un bostezo apagado..."

Mas, tampoco falta belleza a esa terrible prosa que intercambian la madre y la hija, cuando ésta última trata de transformar —por medio del maquillaje— a su progenitora de sesenta y pico de años en una joven madura de treinta, para que ésta fuera la hembra fértil capaz de traer al mundo al último vástago masculino, al heredero de la familia Ubarry, ya que ella, la hija fue "descuartizada", vaciada por las manos de los cirujanos, ya incapaz de dar a luz.

Y la hija exige a esa madre —tal vez más normal, o simplemente menos loca que su descendiente—, que debe intentarlo ese sacrificio de la procreación, con todos los machos que pueda... porque, según sus palabras: "tiene que eternizar la estirpe de los Ubarry... Y recuerda que ha de ser un hombre joven... Y te verán los machos, con sus simientes guardadas... te verán en la esencia de la belleza... Y todos te desearán, y tendrán que hacerte concebir un hijo... Y allí estará nuestra felicidad, cuando entren en ti y depositen con desespero las semillas cuando tus óvulos se impregnen de células masculinas... Ves, es muy sencillo volver a ser feliz..."

Ubarry, familia que se considera predestinada al poder, a la fama, a la gloria y a la fortuna, con derechos de sembrar el miedo en su derredor. Porque: "Los Ubarry fueron grandes... y poderosos... y muchos temblaban ante su nombre tan sólo..."

Óscar Liera, que nació en Culiacán, Sinaloa, el día 24 de diciembre de 1946, conoció a esos amos medievales, que dominaban por el miedo, por el terror, y se creían elegidos por la voluntad divina para imponer su fuerza. La madre recuerda con nostalgia: "Mi abuelo mató a muchos sin compasión... Él sabia lo que hacía, y los curas siempre le perdonaban..."

Los Ubarry compraban la indulgencia de la Iglesia como compraban todo, y según dice la hija: "¿No fue una vez tu madre y se compró al cura para que no confesara ni diera la extrema unción a doña Cándida, antes de que muriera? ... ¿No compró así la eterna condenación de su peor enemiga?"

Tal vez fue debido a esos recuerdos de su infancia que Liera odiaba tanto a la Iglesia, a sus hombres y a sus poderes, que mencionaba en casi toda su obra, y sobre todo le sirve de sostén en la obra Cúcara y Mácara.

Tema tan simple y tan complejo a la vez. Obra corta y tan sugestiva, donde recurre a su eterna pasión, a su eterna persecución del sexo, pero de una manera tan nueva, que se antoja que es un hallazgo absolutamente personal y novedoso. Esa hija que toma los atributos de la madre, en tanto la madre se torna un personaje de menor sin voluntad propia, en una lucha tan absurda que espera de una mujer sesentona el milagro de volverse fértil y darle un nuevo vástago a una casta de hacendados, se antoja influido por alguna pieza de lonesco. Pero no lo es y su realización no tiene nada de risible. Es trágico y en cierto modo terrorífico. Y permanecerá ligada al nombre y a la obra de Óscar Liera mientras dure el nombre de la trayectoria artística del prematuramente fallecido dramaturgo sinaloense.