FICHA TÉCNICA
Título obra Un conejo llamado Harwey
Autoría Mary Chase
Dirección Rafael Sánchez Navarro
Grupos y Compañías III Festival de la Ciudad de México
Elenco Patricia Rivera, Ignacio López Tarso, Adriana Roel, Gabriela Goldsmith, Odiseo Bichir
Espacios teatrales Teatro Manolo Fábregas
Cómo citar Rabell, Malkah. "Una comedia simpática Un conejo llamado Harwey". El Día, 1991. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
imagen facsimilar
El Día
Columna Se alza el telón
Una comedia simpática Un conejo llamado Harwey
Malkah Rabell
En medio del oleaje tumultuoso del III Festival Ciudad de México, con sus espectáculos casi diarios y a veces hasta de tres por día, se ha filtrado e impuesto un estreno de teatro nacional, el Manolo Fábregas, con una comedia norteamericana de una autora que me resulta completamente desconocida: Mary Chase y su Conejo llamado Harwey, que la empresa anuncia como estreno, pero que algunos indiscretos aseguran ya haber visto hace muchos años. Personalmente nunca he visto y ni siquiera oído mencionar a ese conejo que no deja de ser simpático, aunque no exista fuera de la mente trastornada del protagonista, interpretado éste último por Ignacio López Tarso.
Esa comedia nos hace reír alegremente porque la locura que en ella se presenta, no es una desgracia, ni una burla, como provoca por lo general la demencia, sino una dicha que de ese "Conejo llamado Harwey" se transmite a todos los personajes que lo rodean. Una locura que permite ser buenos, generosos, amables y amados por todos a todos los atacados por sus síntomas. Y por lo mismo el público se siente feliz y por completo ajeno al complejo de culpa que provoca la vista y la presencia de un ser humano que ha perdido el sentimiento de la realidad.
En los últimos años la moda, la comodidad y sobre todo las condiciones económicas han obligado a la mayoría de los ochenta teatros que funcionan en la capital mexicana a buscar representaciones con un mínimo de reparto. Lo mismo sucede en otros países, y hasta durante el festival hemos presenciado espectáculos con un reducido personal. La compañía argentina con Yepeto contaba con dos protagonistas que hablaban, y un tercer personaje, una mujer que no decía una sola palabra; la brasileña intérprete, Denise Stoklos, reinaba sola en el escenario y hablaba por todos los personajes de su María Estuardo. Por fortuna para alegría de todos los espectadores, la comedia de Mary Chase que se presenta actualmente en el teatro Manolo Fábregas cuenta con un numeroso reparto, encabezado por dos grandes actores, Ignacio López Tarso y Adriana Roel. Mas, quien sabe debido a qué mala suerte el estreno carecía de programas de mano, y hemos de mencionar a la mayoría de los actores de memoria, según recordemos sus interpretaciones.
De los otros actores que completaban el reparto, nos pudimos dar cuenta que aún les faltaba por lo menos una semana más de ensayos para redondear la representación. A quien más parecía faltar preparación fue a la joven actriz Patricia Rivera en el importante papel de la enfermera, cuya presencia quedaba especialmente subrayada en los anuncios periodísticos por un llamativo recuadro. La Srta. Rivera parecía no saber muy bien si su papel era dramático o cómico. Corría de un lado para otro riéndose sin ton ni son. Quizá el director, igualmente joven, Rafael Sánchez Navarro, haría bien bien en explicarle de qué se trata. Un poco en el mismo tono de perdido que busca su propia sombra, resultaba Odiseo Bichir como uno de los médicos psiquiatras, cuyos pecados no lograba comprender. Por fortuna los actores veteranos salvaban la situación. Por allí andaba Rubén Rojo, con muchas tablas, y en su papel de psiquiatra jefe, el más loco de todos, como debe ser un auténtico especialista de enfermos mentales, nos hacía mucho reír. También una jovencita, Gabriela Goldsmith, seguramente novel en el oficio, resultaba encantadora. Si no me equivoco, esta joven actriz tiene mucho porvenir en la profesión.
Desde luego, resulta inútil hablar de los dos monstruos sagrados como Adriana Roel y López Tarso, que fueron excelentes, y Tarso hacía mucho que no demostraba tanta gracia cómica como en ese papel de enfermo mental que transmite sus fantasías a toda la gente que se cree mentalmente sana.
El problema, o los problemas, que le tocaron al director Rafael Sánchez Navarro, no eran pocos, con esa comedia bastante complicada con las constantes entradas y salidas del reparto, actores que a veces con las emociones del estreno se equivocaban, salían por una puerta y volvían a entrar por otra. Rafael Sánchez Navarro que apenas hace unos años se inició en el arte dramático como actor en papeles tan complejos como Amadeo Mozart o el Hombre elefante, conquistando de inmediato sus laureles de primera figura, parecía tener algunas mayores dificultades en domar las responsabilidades directivas. Pero todo vendrá a su tiempo y el hijo no tardará en alcanzar al padre en esa compleja tarea de dirigir a los demás, con un poco de paciencia y de calma, que es la mejor manera de transmitir la seguridad a los actores.