FICHA TÉCNICA
Título obra Vidita salvaje
Autoría Francois Campeaux
Dirección Rafael Banquells
Elenco Fernando Ciangherotti, Mónica Prado
Espacios teatrales Teatro Manolo Fábregas
Cómo citar Rabell, Malkah. "Una comedia de los bulevares, Vidita salvaje". El Día, 1991. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
imagen facsimilar
El Día
Columna Se alza el telón
Una comedia de los bulevares, Vidita salvaje
Malkah Rabell
Hace ya bastantes años, escribí que el Goncourt entrega la mayor parte de sus premios a los extranjeros francófonos, ni siquiera escritores conocidos, sino simplemente porque la literatura del forastero resulta más novedosa y rica en problemas desconocidos que la de los escritores franceses. La comedia Vidita salvaje del autor galo Francois Campeaux, lo confirma, con su historia de un novelista parisiense que nunca logró el éxito, hasta que se encontró una colaboradora "salvaje", dueña de una fortuna en pepitas de oro y ex alumna de la Universidad, que lo lleva a su isla natal donde descubre una vida nueva, al estilo de Gauguin, con gente, problemas y paisajes novedosos y desconocidos en la madre patria. Entonces el autor parisiense anónimo, encuentra el éxito y desde luego el reconocimiento del premio Goncourt. Todo ello escrito en un tono de comedia de los "Boulevares" que en el teatro Manolo Fábregas es aceptada con entusiasmo por su habitual auditorio que no deja de reír durante más de dos horas.
Ese domingo, cuando la amplia sala del teatro Manolo Fábregas se hallaba repleta, sentada en la fila G, en el único asiento desocupado, con un espectador de una cabeza más alto que yo, instalado justamente delante de mi, no veía nada y oía muy poco, y me divertía aún menos. Sin embargo logré descifrar la historia de Campeaux, que interpretada por un conjunto de actores desconocidos, que bajo la dirección de Rafael Banquels –su última dirección según reza el programa– no demostraban una especial capacidad cómica, fuera de Juan Ferrara que sin llegar a la alta comicidad, en cambio resultaba como de costumbre un excelente intérprete.
En cuanto a los demás actores, parecían en su mayoría hallarse por primera vez en el escenario, fuera de Fernando Ciangherotti en un papel de completa inutilidad y estupidez, en el cual se encontraba tan poco a sus anchas que casi lo desconocía. Lourdes Munguía en el papel de la Vidita salvaje Guau, guau carecía de dirección y no se entendía casi nada. Parecía que hablaba en un idioma realmente salvaje. Otra desconocida para mí se me hacía Mónica Prado. Por lo menos si no sabía actuar, no dejaba de ser bonita y elegante. Todos los demás seguramente eran salidos en alguna de las 999 escuelas que surgen constantemente en la capital y probablemente también en la provincia. En cuanto a las dos escenografías, resultaba simpática la del primer acto, aunque creo que ningún escritor desconocido vive en París en tan elegante departamento, y cómica la del segundo. Pero el programa de mano no se molestó en nombrar al responsable.
Para quienes sospechan que el DF carece de público, bastaba mirar la sala de espectáculos repleta hasta sus últimos rincones del teatro Manolo Fábregas. Lo que sí falta es un público con mayores exigencias artísticas, sobre todo dramáticas; un público más exigente en cuanto a valores cualitativos, un público más preparado y ambicioso, lo que no dejará de llegar en un país que ama el teatro como México. Los públicos lo que buscan es divertirse. Según veo por una comedia como esa Vidita salvaje tampoco el auditorio francés es mucho más ambicioso que el nuestro, sigue con sus antiguas inclinaciones por el repertorio de los "Boulevares", y no se siente por ello disminuido.
Muchos estudiosos de las artes teatrales consideran que se trata de una diversión, de un lugar para olvidar las penas cotidianas. Poco a poco nuestros espectadores irán buscando algo más substancioso. En cuanto a la diversión, ¿acaso no la buscan hasta en las regiones más preparadas? En cuanto a los pocos valores de los nuevos actores y otros teatristas. Es necesario esperar un tiempo providencial hasta que estas nuevas fuerzas maduren.