FICHA TÉCNICA
Título obra La pasión de Pentesilea
Autoría Heinrich Von Kleist
Dirección Luis de Tavira, Raúl Quintanilla
Elenco Montserrat Revah, Alfonso Mendoza, Lepoldo Novoa, Ana Gardos
Música Leopoldo Novoa
Espacios teatrales Teatro del CUT
Cómo citar Rabell, Malkah. "Un espléndido espectáculo: La pasión de Pentisilea". El Día, 1991. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
imagen facsimilar
El Día
Columna Se alza el telón
Un espléndido espectáculo: La pasión de Pentisilea
Malkah Rabell
No es nada fácil analizar, o explicar, ni siquiera comprender en su totalidad el espectáculo de Luis de Tavira, que según éste mismo afirma: "... No es la Pentesilea de Kleist, pero parte de una intuición hallada entre las líneas de su poema."
De las escenas violentas, desgarradoras, de tanta gente que se mueve en el reducido escenario del Centro Universitario de Teatro, el CUT, que sin embargo en la escenografía de Gabriel Pascal da la impresión de representar un panorama del mundo, el autor –o los autores– transmiten la sensación de que las guerras son milenarias, y hoy la del Vietnam no es más que una continuación de las guerras de Troya, de las napoleónicas, de las primeras y Segunda Guerra Mundial, y de tantas otras de menor o mayor calibre que desde los principios de los tiempos han anegado en sangre el planeta, el único que los terráqueos han conocido hace aún muy poco tiempo. Las guerras que no son más que la expresión de las pasiones, de los odios, de las violencias anímicas de los hombres de todos los tiempos. Es, como explicaba Freud a Einstein, que los trastornos bélicos del mundo no se deben a razones económicas, sino a las pasiones belicistas de los humanos, a su necesidad de desahogar su contenida violencia.
Todas las escenas bélicas, con la sombra de Napoleón que pasea por sus campos de batallas, con sus soldados griegos y sus amazonas, con su hermoso centauro femenino y su Aquiles desatado, parecen bastante fáciles de captar. Lo difícil es captar el significado más hondo de la pasión de Pentesilea, que es también la pasión de Aquiles. Tal vez esta Pentesilea es un reflejo de la reina Hipólita muerta por Hércules. Probablemente también aquellos dos titanes tuvieron su pasión. Las amazonas que trae a escena Luis de Tavira, son aquellas fabulosas mujeres de las que habla la mitología, las mujeres de algunas razas guerreras que los antiguos suponían haber existido en los tiempos heroicos. Según la fábula las amazonas formaban un Estado en Capadocia gobernado por una reina llevaban un escudo en forma de media luna y se mutilaban la mama derecha para tirar más fácilmente del arco. Pero ese espectáculo no importa mucho por sus raíces históricas, ni tal vez, tampoco por las razones psicológicas de la pasión de los dos héroes, sino por su belleza plástica, por la belleza de la música, así como de la escenografía tan sugestiva. Es un espectáculo terriblemente apasionante, que si se hubiera terminado después del primer acto, nos hubiera dejado un recuerdo imborrable. Lamentablemente tiene una duración de tres horas, divididas en dos actos, de los cuales, el segundo parece excesivamente una repetición del primero. Y la explicación que de ello ofrece Tavira se nos hace bastante oscura: "... era necesario reescribir teatralmente esta paradoja, abrir los abismos del tiempo, verificar todas las versiones hasta encontrar el verdadero desenlace a contracorriente de la historia y llegar al final que es justamente el principio..." Y para finalizar la representación, Luis de Tavira vuelve a las primeras escenas de la obra. El principio es el final.
Había muchos elementos que nos resultaban poco claros. Mas, que importancia tenía la claridad si cada escena nos sugestionaba, nos envolvía en un halo de misterio. Según parece los numerosos actores del reparto, cerca de treinta, son alumnos de la universidad. Como intérpretes no llamaban mucho la atención. Lo que nos mantenía en suspenso fue el diseño general de la puesta en escena. Fue esta música original de Leopoldo Novoa, que ejecutaban en vivo Monserrat Revah, Alfonso Mendoza, y el propio Leopoldo Novoa. Una música que sabemos muy bien que al día siguiente ya no recordaremos, pero, que al salir de la salita del CUT –reducido su espacio a un cupo de 40 espectadores– repercutía no solo en nuestros oídos, sino en nuestras almas. Igualmente bellas eran las voces de los coros. Me imagino que los dos directores de escena, Raúl Quintanilla y Luis de Tavira, eligieron el reparto no tanto por sus actuaciones como por sus voces de cantantes, aunque Ana Gardos en el papel de Pentesilea también demostraba una hermosa voz hablada para la dicción y para la matización de los parlamentos.
Un espléndido espectáculo que entremezcla la luz y las tinieblas, que a veces nos hace pensar de repente en esas series para la televisión que narran las aventuras de unos héroes modernos a quienes unas máquinas misteriosas hacen llegar a tiempo pasados, pero cuya única falla auténtica es tal su excesiva duración.