FICHA TÉCNICA
Título obra Bandera negra
Autoría Horacio Ruiz de la Fuente
Dirección Roberto Spriu
Elenco Roberto Sen
Escenografía Leticia Serrano
Cómo citar Rabell, Malkah. "Bandera negra y pena de muerte". El Día, 1991. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
imagen facsimilar
El Día
Columna Se alza el telón
Bandera negra y pena de muerte
Malkah Rabell
El monólogo es indudablemente un género especialmente difícil con la necesidad de un gran actor para realizarlo. En los últimos tiempos hemos visto que no solamente faltaban actores de mucha fama para realizarlos en nuestros teatros, sino que por lo general lo llevaban al escenario principiantes que no conseguían trabajo en las compañías ya formadas. Por fortuna Roberto Sen sin alcanzar la misma brillantez de su predecesor, Enrique Rambal –a la memoria de quien dedica su espectáculo–, ha demostrado muchas virtudes histriónicas en el mismo personaje del trágico padre que espera a la puerta de la cárcel el fin de su único hijo condenado a la pena capital.
¡Pena capital! ¡Pena de muerte! Una venganza contra un individuo que ha matado a alguien a veces precisamente por venganza. Pero cuando un hombre mata a su hermano el hombre, se llama crimen. Cuando lo comete la Sociedad se llama Justicia. ¿Y qué peor crimen que la guerra? ¿Qué peor crimen que la bomba atómica?
Muchos países han suprimido de su código penal tan tremenda pena. Pero cosa extraña, son precisamente las sociedades revolucionarias que más han recurrido a ese crimen. Ningún rey ha matado a tantos seres humanos como la guillotina de la revolución francesa. Y la Francia republicana ha tenido que esperar al socialista Mitterrand para poner fin a tan salvaje castigo. Por fortuna México ha suprimido la pena de muerte de su libro de justicia. Y por lo mismo, tal vez hoy para el espectador mexicano la pena capital en el escenario no provoca la misma angustia que provocaba en la España de Franco. De ahí que numerosos espectadores en esa noche del estreno en el teatro Helénico del monólogo del autor español Horacio Ruiz de la Fuente: Bandera Negra consideraron a ese terrible drama como una obra ya pasada, ya envejecida. No obstante la Comisión Nacional de Derechos Humanos responsable de esa representación, no pudo encontrar ninguna obra más de acuerdo con nuestro tiempo.
Tampoco Roberto Sen pudo encontrar mejor papel, más a su medida que ese papel tragicómico que permite al intérprete escenas desgarradoras y a la vez momentos hasta cómicos, que ofrecen al público la posibilidad de dar un respiro a la tragedia. Por fortuna el final de la obra es casi feliz. Aunque nos presenta la dolorosa pregunta: ¿más vale conservar la existencia encerrados de Por vida en la cárcel que morir por voluntad ajena, que según dice Publio Siro, es morir dos veces? Pero no podemos dejar de pensar que mientras hay vida, hay esperanza.
Y Roberto Sen, como el padre desgarrado por el sufrimiento, nos cuenta la historia de su hijo, y nos da una lección contra la existencia de una muerte a manos de un verdugo. Y bajo la dirección de un actor lleno de años y de sabiduría en su profesión como Roberto Spriu, crea un personaje complejo que bajo los efectos del alcohol logra olvidar su dolor durante un corto espacio de tiempo, para volver instantáneamente al recuerdo de su tragedia. Los dos actos se hacen cortos, y el intérprete que hace poco nos llamó la atención en su actuación de la obra El vestidor, nos vuelve a demostrar en esa trágica Bandera Negra la multiplicidad de sus posibilidades histriónicas. Es multifacético y no permite cansarse al auditorio.
No se puede llamar escenografía a los pocos elementos colocados en el escenario por una joven profesional aún poco conocida: Leticia Serrano. Pero el tema del drama no permite mayor recurso imaginativo.