El Día
Columna Se alza el telón
Rodolfo Usigli: un hombre contra su tiempo
Segunda parte
Malkah Rabell
Si en El niño y la niebla se ha inspirado Usigli en Strindberg, en otras de sus obras ha buscado inspiración en Bernard Shaw que fue su ídolo y su maestro, su ejemplo y su juez, cuyas largas introducciones a las obras publicadas ha tratado de imitar, tanto por el espacio como por el tono. Y mucho en sus obras se inclina al diálogo inteligente y a los parlamentos excesivos, al estilo shawiano, del cual lo aleja en cambio la búsqueda de los elementos melodramáticos.
El tono melodramático se repite en una y otra oportunidad a lo largo de la producción de Usigli.No es un pecado de juventud, ni tampoco de vejez, sino de momentos temperamentales, de apresuramiento artístico de un escritor que ha escrito mucho y tal vez demasiado, o de repentinos y normales deseos de conquistar al público. Él, que tuvo que esperar 12 años para ver subir al escenario su Gesticulador, y otro tanto para encontrar en su camino a un Seki Sano para que montara Corona de sombras, ve aceptado en seguida su El niño y la niebla o Jano es una muchacha.
Su mejor inspiración la encontró en ese drama de un hombre frente a una sociedad, un drama. El gesticulador, que no sólo puede ser considerado la mejor producción de la dramaturgia mexicana, sino tal vez del arte dramático de América Latina. Entre El niño y la niebla y El gesticulador, escrito el primero en 1936 y el segundo en 1937, sólo hay un año de diferencia en el tiempo, pero un mundo de diferencia en la calidad, en la búsqueda y en la hondura.
El gesticulador es por una parte el drama de una sociedad y por la otra el de una conciencia. Se trata de un hombre que hace los gestos que no le corresponden, que imita primero a una clase social, luego a otra persona. Primero imita ni siquiera a la gran burguesía, sino a la burguesía media, siendo él mismo un profesor universitario. Más adelante empieza a remedar los gestos de otra persona cuya identidad se adjudica, los gestos del general César Rubio a quien sabe muerto a traición por sus propios compañeros de armas. El profesor y el general tienen ambos el mismo nombre y apellido: César Rubio, los dos son oriundos del mismo pueblo. Y cuando el vivo vuelve a su aldea natal después de larga ausencia, todo el mundo –empezando por los políticos locales que ven en él al hombre que puede servir sus designios– desea encontrar en él al muerto, al general desaparecido.
Y la multitud que endiosa no al individuo sino sus éxitos, cuando se le dice que César Rubio es un héroe. todos están dispuestos a ver en él los rasgos más extraordinarios, aquellos que él nunca tuvo, y hasta sus propios hijos se dejan arrastrar por la sugestión.
Dos dramas se yuxtaponen en El gesticulador, lo social y el individual. El social consecuencia de una larga y sangrienta revolución. Y en 1937 Usigli presenta el drama de México de su provincia, que debe soportar en los cargos legislativos, en los puestos de mando a hombres que hablan de la Revolución y actúan en nombre de sus intereses propios. Y como drama individual, el de un hombre que pese a todos sus conocimientos, a su honradez y a su deseo de servir a su país, ha de sufrir la miseria y las humillaciones.
Y vuelve a ser México el centro de equilibrio de sus tres "Coronas": tres géneros, tres épocas y tres hechos históricos distintos, que dan lugar en La corona de sombras al drama de Carlota y Maximiliano; en Corona de luz a la comedia del milagro guadalupano; y en Corona de fuego, a la tragedia de la Pasión de Cuauhtémoc. A las tres las unifica una idea central: la unidad de la Patria, la necesidad de unir al pueblo mexicano.
Y si en la comedia trata de demostrar la falsedad del milagro guadalupano, no deja de creer en él, en cuanto ha servido para unir en la fe al conquistador y al conquistado; como dice fray Juan de Zumárraga: "Veo de pronto a este pueblo como coronado de luz, de fe. Veo que la fe corre ya por todo México, como un río sin riberas. Ese es el milagro".
En cuanto a su drama y a su tragedia –aunque en realidad ambos podrían clasificarse en el segundo género– Usigli consideraba al enemigo como la levadura que sirve para unificar al pueblo. Sin Maximiliano y sin los franceses, a Juárez lo hubiese –como lo afirma– matado una bala mexicana; y sin los españoles, nunca los pueblos indígenas, divididos por el odio de tribus, hubiesen encontrado el lenguaje de una patria común.
Hombre completo de teatro, ha sido catedrático de historia y técnica de teatro en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, y fue jefe en un tiempo de la Sección de Teatro de Bellas Artes. Hizo sus estudios de composición dramática en la Universidad de Yale con una beca de la Fundación Rockefeller junto con Xavier Millaurrutia. Sus observaciones sobre preceptiva dramática, lo llevaron a escribir un Itinerario del autor dramático, así como un ensayo histórico-crítico sobre México en el teatro. Tanto México como el teatro fueron sus pasiones y en la introducción a sus obras completas, escribió: "No ha habido en mis sueños o en mis realizaciones dramáticas, más que un solo héroe, un solo personaje central, un centro de equilibrio y de vida: quiero decir, un: Teatro Mexicano.