El Día
Columna Se alza el telón
Rodolfo Usigli: un escritor contra su tiempo
Malkah Rabell
Caso singular, el de Rodolfo Usigli, un hombre y un escritor que siempre nadó contra la corriente, o las corrientes de su tiempo y de su vida. Fue realista cuando los de su época, sus colegas dramaturgos mexicanos de renombre, se entregaban a la vanguardia heredada de Francia con sus hermetismos abstractos, que impusieron a los teatros experimentales como el Ulises y el Orientación. Y siguió siendo realista cuando de nuestra escena se apoderó el anti-teatro. Se impuso el teatro profesional en días cuando los autores con tendencias reformadoras militaban en las filas de la experimentación diletanti.
Fue el primero que enjuició no sólo a los hombres de la Revolución, sino a la Sociedad Post-revolucionaria. Tanto la que llegó al poder político como la que se impuso en el campo económico, la que formó la nueva burguesía. En cuanto a esta última la imagen que dio de ella no fue siempre realista. Había mucho de embellecimiento o de simple fantasía en sus personajes. Como en La familia cena en casa, donde uno de los protagonistas, Fernando Rojas, que parece una reproducción autobiográfica del propio dramaturgo, a una pregunta de la dama de la alta sociedad:
"¿Qué tiene nuestra clase?" responde, "Que no tiene clase señora. Nunca saben ustedes de qué lado están, oscilan entre Porfirio Díaz y Plutarco Elías Calles, entre el diablo y el mar azul. Aquí no se pisa la tierra, sino el dinero... Aquí no hay raíces, no hay tierra. Es una frontera infinita..." Encantador melodrama que para enjuiciar a la nueva clase en el poder, se va por la tangente.
Epidérmicamente la Revolución y sus lejanos ecos aparecen desde sus primeros dramas. Ya en El niño y la niebla(1936) busca imponer una realidad mexicana, resultado de una época de revueltas e inquietudes, donde el protagonista trata de encontrar refugio entre las filas de Adolfo de la Huerta. Mas, en este caso la situación política social del país sólo sirve de telón de fondo. La trama central se base en un conflicto familiar inspirado –diría yo– en El padre de Strinberg, Influencia sobre todo visible en los dos primeros actos, cuando enfrenta a dos seres, marido y mujer, que se odian y destrozan mutuamente en la lucha por la posesión del hijo, por el dominio del alma frágil de un muchacho de 15 años.
La gran diferencia entre el autor mexicano y el escandinavo, deriva del estudio de las individualidades. A diferencia de Strinberg, Usigli busca la razón de la lucha de esos dos seres en motivos de índole esotérica, y no en choques de sexos, en motivaciones profundamente enterradas en las zonas oscuras de la muerte. La Laura de Strinberg aniquila a su cónyuge por un don destructivo, por el deseo de alzar su propia personalidad sobre el cadáver del horrible, como un hongo venenoso que creciera encima de los desechos de un animal muerto. Usigli en cambio le da a esa lucha entre la pareja motivos realistas, demasiado obvios, que le quitan misterio al drama, y lo transforman en un melodrama. Marta, para dominar la situación incurre a un medio tan fantástico como el sonambulismo de su hijo. Por otra parte, la causa de su desamor por el esposo no se debe a la rebelión de un alma fuerte que se niega a someter a su compañero "macho", sino a la razón tan simple como otro amor. Una sencilla intriga amorosa que recurre a un crimen para desembarazarse del estorbo. Si la heroína de Strinberg hace enloquecer al protagonista: la de Usigli es una demente ella misma, hija de locos, y su crimen tiende a ser físico, brutal y obvio.
Usigli ha escrito tres Coronas: la de Sombras, la de Luz y la de Fuego. Todas en sentido inverso a las direcciones que seguían el Gobierno, la Iglesia y la Intelectualidad de su tiempo. En un Estado que oficial, patriótica y furiosamente era juarista, Usigli, presentó a un Maximiliano, mártir, liberal utópico y gobernante lleno de buena voluntad; en un país profundamente católico, Rodolfo Usigli dudaba del milagro guadalupano, y lo atribuía a una maquinación de Carlos V; frente a una intelectualidad que se preciaba de indigenista, colocó la lucha anti-española bajo un interrogante y del héroe, del águila caldo, Cuauhtémoc, hizo un problemático aliado del enemigo a quien se negó a matar: "¿Y qué será si doy muerte a Malinche? – ¡Ay sobre las cenizas del árbol de Castilla vendrá el odio ancestral y reptil de las tribus y una vez más por siglos nos veremos dispersos como lava que arroja de su centro el volcán –Y una vez más no habrá aquello que sé que hay que buscar– No habrá Patria mexicana en la que hasta el español ha de ser parte Corona de Fuego.
Y en un momento cuando la Revolución llega al poder y quienes han galopado a través de cien batallas entre filas carrancistas, zapatistas y villistas, encuentran su puerto en la Casa del Gobierno, Usigli escribe su drama cumbre, su obra de mayor envergadura El gesticulador, donde enjuicia esa Revolución y sus hombres, y se erige en juez de una epopeya que después de un largo baño de sangre busca su remanso de paz. (Continuará)