FICHA TÉCNICA



Título obra Una voz en el desierto

Autoría Maruxa Vilalta

Dirección Maruxa Vilalta

Elenco Adalberto Parra

Espacios teatrales Foro Sor Juana Inés de la Cruz




Cómo citar Rabell, Malkah. "Una voz en el desierto de Maruxa Vilalta". El Día, 1991. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

El Día

Columna Se alza el telón

Una voz en el desierto de Maruxa Vilalta

Malkah Rabell

Esa voz pertenece a San Jerónimo, cuya vida y muerte describe la escritora, periodista, dramaturga y directora de escena, Maruxa Vilalta en una densa obra que como la explica en la introducción Luis G. Basurto, recientemente fallecido, pudo ser... Tragedia o misterio, este clamor en el desierto cuyo protagonista, tantas veces motivo de biografías y de pinturas casi siempre falsas o con verdades a medias –la peor forma de la mentira– ha descubierto en su auténtica identidad mística y humana esta Maruxa que no pretende hacer un teatro netamente histórico, pero que nadie podrá dudar que es testimonio. Testimonio vivo de la vida severa, aguda como la punta de una aguja cósmica, y sin embargo rica en jugosas humanidades, al servicio de la verdad y del amor".

Y cuando tuve la oportunidad de leer, antes de presenciar en el escenario este testimonio, lo tomé por un magnífico documento, o tal vez por una novela biográfica histórica escrita con sangre del corazón, una novela espléndida que competía en riqueza lingüística con ese hermoso y tan humano preámbulo de Luis G. Basurto.

Lo único que se me olvidó por completo al leer esas páginas densas de descripciones y de estudios, es de que se trataba de una obra de teatro. Y el castigo no tardó en alcanzarme. El teatro se vengaba y devolvía en el skene una imagen muy empobrecida. El teatro tiene su lenguaje propio, sus misterios imposibles de alcanzar en una novela. La compleja trama, la difícil técnica vivencial de esos 17 cuadros en manos de un grupo de jóvenes intérpretes universitarios, que aún no merecen el título de actores, dejaba descarnado el texto. Y ni siquiera la intervención ya de mayores posibilidades, de más honda experiencia de un actor como Adalberto Parra en el papel de Heronymus, logró darle existencia de espectáculo maduro en el teatro: Sor Juana Inés de la Cruz del Centro Cultural Universitario.

Pero olvidémonos por un corto instante del teatro y devolvamos la atención, nuestro interés, al libro, al protagonistas, al Monje que no quiso ser Papa, a Heronymus, quien en esos 17 cuadros cambia constantemente de países, de ciudades, de épocas y de sitios donde vive y se dedica a sus múltiples trabajos literarios y religiosos, entre los cuales son sobre todo importantes sus traducciones del hebreo y del arameo, lenguas consideradas en aquella época como despreciables, y también sus traducciones del griego y del latín, y no menos importantes sus propias creaciones que tantas críticas y hasta a veces el título de hereje le valieron.

En esos 17 cuadros aparece el santo ya en Belén, la ciudad donde nació Cristo en Tierra Santa, mientras corre el año 419. Y retrocediendo nos hallamos en Roma en 385, y en Constantinopla en 395, o en Jerusalén en la misma época. Un monje que ha viajado y cuya vida y andanzas demuestran que la antigüedad llevaba a ciertos personajes por el mundo entero conocido. Ciertas personalidades famosas y activas no temían cambiar constantemente de lugar habitacional, donde permanecían algún tiempo; no temían cambiar de ciudades, de países, de monasterios, y quedarse a vivir en el desierto, donde San Jerónimo alzó su convento.

La autora, Maruxa Vilalta, demuestra una gran sabiduría acerca de la época y de su historia; la historia de sus múltiples grandes personajes, de sus papas y de sus reyes. Coloca a San Jerónimo en el centro de un mundo en plena lucha por el poder, por la gloria y la inmortalidad, un mundo antiguo donde Jerónimo tuvo que buscar la paz del alma y del espíritu en el desierto, lejos de las ambiciones desatadas de políticos y guerreros, donde empezaba la lucha de los pueblos pobres y bárbaros que iniciaba la destrucción del imperio romano en Occidente y en Oriente entre llamas y muerte.

La escenografía de José Santiago, daba interés a los movimientos escénicos que ocupa bandos áreas distintas; arriba y abajo; el vestuario le daba colorido. Pero era sobre todo la personalidad de San Jerónimo que surge de ese maremágnum de acontecimientos históricos, que sacuden a los pueblos de la antigüedad que dan interés a la obra y a su puesta en escena por Maruxa Vilalta.