FICHA TÉCNICA
Título obra El vestidor
Autoría Ronald Harwood
Dirección Juan Morán
Elenco Roberto Sen. Guillermo Zarur, María Idalia, Virginia Gutiérrez
Productores Luis Pablo Jiménez
Cómo citar Rabell, Malkah. "El vestidor, con sus nuevos intérpretes". El Día, 1991. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
imagen facsimilar
El Día
Columna Se alza el telón
El vestidor, con sus nuevos intérpretes
Malkah Rabell
Hace más o menos una década, se presentó en el teatro Insurgentes la obra del dramaturgo inglés: Ronald Harwood, El vestidor. Fue un extraño éxito, casi un inesperado triunfo. Ni el público, ni tampoco –creo– los actores, conocían el nombre de Harwood. En cuanto a la prensa, no suele hablar de los autores, y tan sólo lo hace muy contadas veces, cuando de gente muy, muy famosa se trata. Así que ni la prensa se explayó mayormente acerca de su personalidad. Y Ronald Harwood permaneció como un ilustre desconocido.
Sin embargo a los pocos días de haberse estrenado El vestidor, resultaba ya conocido y archi-reconocido por todos los habitantes de la capital mexicana. La opinión pública lo ponía a cuenta de los famosos actores que encabezaban el reparto del drama: Ignacio López Tarso y Héctor Bonilla. No obstante hoy nos damos cuenta que tanta curiosidad por una obra desconocida, sólo se debió a un milagroso azar.
Después de una larga temporada El vestidor desapareció de la cartelera. Pero parece que el público no lo olvidó. Y cuando de repente volvió a anunciarse con nuevos intérpretes, los espectadores lo volvieron a recibir como a un hijo que vuelve a su casa después de un largo viaje. Y ni siquiera el hecho de que los nuevos protagonistas resultaban más o menos desconocidos, sin un pasado de "gloria" asustó al público ni tampoco al nuevo productor, Luis Pablo Jiménez.
El vestidor, carece de un tema profundo, hasta podría decirse que carece de historia. Es más que nada la historia del teatro vista desde las bambalinas, donde dos hombres, la estrella y su "vestidor" esperan palpitantes, como si se tratara de la primera vez, la entrada al escenario del primero de ellos, del star, de un actor ya envejecido que cien veces ha interpretado al rey Lear, y cien veces entró y salió del escenario con la misma corona y con el mismo manto del trágico personaje de Shakespeare. Y no obstante tiene miedo, el mismo miedo que sintió a la primera aparición ante el público, el mismo miedo que siente todo verdadero actor ante el auditorio, aunque Denise Diderot diga lo contrario. Historia del teatro, historia del alma de un intérprete nato, de un comediante que lleva sangre de actor con sus miedos, sus angustias y sus eternas inseguridades. Diderot decía que los actores son unos farsantes (cito de memoria) que imitan los sentimientos pero no tienen ninguno. Y Ronald Harwood dice –o mejor dicho sugiere– que viven todos los sentimientos que expresan al público. Harwood a veces hace reír por las debilidades tan humanas del comediante, y a veces provoca el llanto ante la tragedia anímica de su héroe. Mas, siempre ama a su protagonista y lo pinta con pinceladas conmovedoras.
Y al lado del rey, Harwood diseñó a un protagonista nuevo, El vestidor el hombre que en el camerino del comediante viste al rey. Y si hemos visto centenares de veces a los reyes shakespearianos nunca hemos visto a un "vestidor", nunca se nos ha ocurrido pensar que el hombre o la mujer encargados de vestir al primer actor también tienen alma y angustias y miedos, y sufren si los olvidamos entre la multitud anónima.
Roberto Sen como el rey, tiene cara de rey, de un rey shakespeariano, con su barbita y su boca amarga y sus arrugas en la frente y sus ojos de angustia. En cambio, Guillermo Zarur tiene un rostro sin historia, y sin embargo es un hombre con historia, con un dolor escondido y una amargura secreta, un hombre que no ha dado su corazón a un personaje inventado, sino a un hombre vivo, a su star. Las máscaras son para las "estrellas", en cambio su dolor de hombre simple, es un dolor verdadero. Y esta diferenciación entre ambos rostros y ambas personalidades es lo que hace la fuerza del drama, y la fuerza de los dos actores, Roberto Sen y Guillermo Zarur a quien la dirección ha dado en designar como el auténtico vestidor, anunciándolo como el que "ES" el vestidor. Y desde el inicio de la temporada el público ha respondido con buena voluntad a la presencia de esos dos nuevos rostros de Roberto Sen y de Guillermo Zarur. Y hemos oído decir a la gente de las butacas: "No tienen nada que envidiar a los anteriores".
Las figuras femeninas sólo tienen papeles episódicos: María Idalia como la esposa del rey, y Virginia Gutiérrez como una actriz principiante. Ambas sin fallas.
Igualmente nuevo nos parece el director Juan Morán. Nunca lo he visto en una dirección con anterioridad. Es la nueva generación interpretativa de México que se adelanta al primer plano y en actitud de batalla ocupa sus recién conquistados lugares. Sólo nos queda aceptarlos y desearles buena suerte.