FICHA TÉCNICA



Título obra Los negros pájaros del adiós

Autoría Óscar Liera

Dirección Quintanilla, Raúl

Elenco Diana Bracho, Zaide Silvia Gutiérrez, Luis Mario Moncada

Escenografía Germán Castillo

Espacios teatrales Teatro Helénico




Cómo citar Rabell, Malkah. "Los negros pájaros del adiós, de Óscar Liera". El Día, 1991. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

El Día

Columna Se alza el telón

Los negros pájaros del adiós, de Óscar Liera

Malkah Rabell

Esta corta y poética obra del autor sinaloense, Óscar Liera, no ha sido estrenada en la capital por la Compañía Nacional como se ha pensado. Hace ya tres años, en 1987, ha sido presentada en la Carpa Geodésica por un pequeño grupo de intérpretes juveniles, probablemente aficionados, que nos han dado una muy pobre idea de estos Negros pájaros del adiós que Óscar Liera ha escrito para un grupo teatral de Mazatlán donde el dramaturgo prematuramente fallecido vivía por aquella época. Esa representación en la Carpa Geodésica me dejó malos recuerdos y pensé recuperar una visión más optimista de su valor en el escenario de la Compañía Nacional donde actualmente se presenta en el Teatro Helénico. Lo que fue una vana ilusión.

La obra no es un drama, tampoco una comedia. Es difícil colocarla en un género determinado. Más bien se le puede considerar como un juego poético, donde un joven estudiante, Gilberto, se enamora de una maestra francesa, que imagino debe ser una mujer madura, pero que bajo los rasgos de Diana Bracho presenta más el aspecto de una persona juvenil. El breve drama surge de este amor entre un muchacho soñador, lleno de fantasías, a veces macabras, o simplemente drogadictas, cuando cree ver un mundo de pájaros negros, y la mujer madura que choca constantemente tanto con las locuras del joven como con sus infidelidades, que tal vez no sean tales sino necesidades de juegos con una amiga cuyo sexo a veces ignoramos, Angélica. Completa el reparto una mesera de cafetería donde asisten estudiantes de la ciudad, y es interpretada por una muy joven actriz, Zaide Silvia Gutiérrez, que logra darle a su personaje la nota cómica que exige, y que simpatizó mucho al público que no dejaba de reír.

Cuando vi por primera vez la representación en la Carpa Geodésica escribí: Los negros pájaros del adiós forma una larga serie de entradas y salidas absolutamente inútiles, cuando la puesta en escena exige a gritos tan sólo un cambio de área de los personajes en el escenario, permaneciendo los protagonistas en los lugares donde estaban. A mi gran sorpresa en el actual montaje debido a Raúl Quintanilla, es lo que precisamente se hace. En la escenografía de Germán Castillo creada como una especie de puente en torno del escenario, se realizan casi todos los movimientos de los actores. Estos se sientan en el suelo cuando terminan sus parlamentos, cambiando tan sólo de lugar, pero sin abandonar el foro.

De los cuatro personajes que forman el elenco, sólo Diana Bracho en el papel de maestra, es una actriz ya conocida y reconocida, y ni siquiera así logra hacer simpático al personaje. Más bien resulta una protagonista insoportable. Y tal rasgo se hace notable porque el dramaturgo al escribir la obra en Mazatlán se encontró que una de los miembros del Círculo de actores era francesa y no dominaba el español, por lo tanto impuso esa nacionalidad a la actriz, a la maestra que debe pronunciar algunos parlamentos en francés. Diana Bracho, con perfecta imitación del idioma de Voltaire, mezcló numerosas palabras galas sin consistencia entre sí, y a través de la obra resulta insoportable escuchar esa cacofonía sin sentido. Una ligera adaptación de la obra pudo fácilmente cambiar la nacionalidad de la maestra y transformarla en mexicana, de lo que la pieza hubiese ganado bastante.

En cambio, el muy joven y desconocido para mi actor, Luis Mario Moncada, en el papel de Gilberto, la única figura masculina del drama, es simpático, disciplinado y promete mucho para cuando madure un poco más en el arte escénico.

En cuanto a la dirección de Raúl Quintanilla, no sé si la obra no da para más o si el director no supo imponerle mayor fuerza al texto, que sólo merece el calificativo de "pajaritos del adiós".