FICHA TÉCNICA
Título obra Entre ramas de la arboleda perdida
Autoría Pellicena, José Luis
Dirección Pellicena, José Luis
Elenco Pellicena, José Luis
Eventos Festival de la Ciudad de México
Título obra La ópera de los tres centavos
Autoría Bertolt Brecht
Dirección Dr. Manfred Wekwerth
Elenco Stefan Lisewski, Franziske Troegner
Música Kurt Weill
Eventos Festival de la Ciudad de México
Cómo citar Rabell, Malkah. "Alemania (RDA) y España en el Festival de la Ciudad de México
Brecht y Kurt Weill en el Berliner Ensemble". El Día, 1990. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
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El Día
Columna Se alza el telón
Alemania (RDA) y España en el Festival de la Ciudad de México
Brecht y Kurt Weill en el Berliner Ensemble
Malkah Rabell
Hay mucha gente que cree, honestamente, que Bertolt Brecht crea la música de sus propias obras, y sobre todo lo consideran el compositor de las canciones de "Maxkie Navaja". Nada más falso. En la sombra de Brecht (Brecht supo siempre imponerse de tal manera que todo el mundo quedaba en su sombra) se hallaba el músico, el compositor alemán Kurt Weill, autor de casi toda la música de las obras brechtianas, y sobre todo de esa obra, la más conocida en el mundo entero del repertorio del famoso dramaturgo alemán: La ópera de tres centavos (o la ópera de dos centavos, como la llaman aún en la edición de sus obras completas). Y no me avergüenzo decir que de esa "Ópera" de Brecht, lo que más me gusta es precisamente la música de Weill.
Para los que sólo entendemos un poco el alemán, se nos escapa la poesía de las canciones brechtianas, esas canciones que casi siempre existen en la mayoría de las obras del "teatro épico".De esa poesía el famoso crítico alemán Kurt Tucholsky en la época de los inicios de Brecht, decía "tal vez nos hallamos ante el máximo poeta alemán de nuestros días" (cito de memoria). También decía Tucholsky, que personalmente desconocía a Brecht: " Debe ser muy malvado ese joven escritor".Es lo que no se equivocaba. Las ideas principales del discutido dramaturgo giran en torno de la "maldad humana", que solamente puede expresar y comprender un autor impregnado de igual maldad. El protagonista y "héroe" de la Ópera de tres centavos, Mackie Navaja, es un espécimen de tal índole, un personaje que: "–Pasó su vida en el prostíbulo– Y a sus conciudadanos los esquilmó –el mundo lo colmó de honores– hasta que una ramera lo entregó" según canta Peachun, el rey de los mendigos. El carácter y la conducta de Mackie Navaja no Importa mucho al autor quien considera un final feliz la salvación de Mackie perdonado por la reina Victoria. El mundo para Brecht es un lugar –según cantan y lo repiten una y otra vez los coros– para "Fressen" (tragar) y sólo más tarde viene la "moral".
Pero más allá de la ética y de la estética de Brecht, se halla en esta representación del Berliner Ensemble en la puesta en escena del Dr. Manfred Wekwerth, poco conocido en México, una puesta en escena magnífica. que para quienes hemos visto a la misma obra una media docena de veces, ofrece un nuevo panorama: el interés del texto, con sus prostitutas y sus mendigos que han de pagar a Peachum un porcentaje por el derecho de ejercer su "oficio". Si algo llama negativamente la atención en el montaje de La ópera de tres centavos es la edad avanzada de casi todo el conjunto, y en especial de Mackie Navaja que indudablemente debe ser joven, y en la interpretación de Stefan Lisewski se nos antoja un señor de buena sociedad inglesa ya en plena senectud. Asi mismo Polly la hija del matrimonio Peachum, interpretada por Franziske Troegner parece una prima-dona de antigua ópera; su madre, Renate Richter es más joven y más bonita que ella. En cambio todas las rameras que rodean a Mackie son más bien caricaturescas.
Monólogo de José Luis Pellicena
En cambio, qué joven, qué lleno de savia viva, tempestuosa nos resulta ese extraordinario actor español José Luis Pellicena en su monólogo: Entre ramas de la arboleda perdida, donde nos refiere la vida y la obra de Rafael Alberti. Ese largo monólogo, casi tan largo como su título, nos parecía corto, porque Pellicena le da vida a cada palabra, a cada gesto, a cada expresión del rostro, como si le diera su propia sangre. Él mismo parece Alberti en aquellos años cuando se nos antojaba tan bien parecido al lado de su esposa María Teresa también ella hermosa, cuando ambos llegaron a Argentina y los vi por primera vez en un mitin de refugiados españoles.
El monólogo es probablemente el género dramático más difícil de realizar. Se corre siempre el peligro de cansar y aburrir al público con la presencia de una sola persona en el escenario. José Luis Pellicena supo salvar todos los escollos. Transmitió con tal naturalidad hasta los momentos más difíciles, ya cuando repetía trozos de poesía de Alberti, o cuando nos contaba los momentos más difíciles de la vida de ese gran poeta, que perdíamos la memoria que de un actor se trataba, y sólo oíamos a un hombre, a un ser humano... Y nada más difícil para un intérprete, para un actor que perder su máscara de comediante y quedarse con el rostro al descubierto, con su voz que nos envuelve, con su aliento que nos penetra.
Un gran actor, José Luis Pellicena que transmitía la personalidad y las vivencias de otro gran artista, Rafael Alberti. Y en el desnudo escenario del teatro Jiménez Rueda creíamos ver al propio Alberti interpretado por un hombre, sólo un HOMBRE.