FICHA TÉCNICA
Título obra Eclipse
Autoría Carlos Olmos
Dirección Xavier Rojas
Elenco Beatriz Aguirre, Marta Aura, Lilia Aragón, Betzabeth Serai, Gastón Tusset, Armando Palomo
Escenografía David Antón
Espacios teatrales Teatro Granero
Cómo citar Rabell, Malkah. "Eclipse, la mejor obra de Carlos Olmos". El Día, 1990. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
imagen facsimilar
El Día
Columna Se alza el telón
Eclipse, la mejor obra de Carlos Olmos
Malkah Rabell
Ese drama de una familia mexicana de provincia, al borde del mar, se me hace una de las mejores, si no la mejor obra teatral del aún joven dramaturgo mexicano, Carlos Olmos. O como él mismo dice: "El eclipse, la más reciente y quizá la más personal de mis obras, fue inspirada por el paisaje, la música y los mitos de mi infancia, pero su tema y su atmósfera moral responden a mis inquietudes actuales".
A menudo el teatro de Carlos Olmos me dejaba en la oscuridad, en las tinieblas de un lenguaje complejo y de un tema embrollado. Nada de eso sucede con El Eclipse. Tal vez hay todavía una influencia en ese drama del teatro mexicano de la época folklórica, alguna voz íntima de los jóvenes autores de la década de los cincuenta, pero con una violencia tan desatada que la pieza –aunque no es pieza– adquiere un temperamento desgarrador y único.
A veces una obra tiene tanta suerte que su calidad encuentra la perfección en todos los ámbitos: dirección, actuación, escenografía, música, y todo lo que puede imponerle color y fuerza dramática. Es el caso de esa "noche cósmica" como Carlos Olmos designa el "eclipse". Caso que se da pocas veces. Ya que aquí ese espléndido director de escena que desde cincuenta años es Xavier Rojas, puede dar testimonio de su medio siglo de competencia. Es quien dirige la representación con un equipo de actores como pocas veces se puede reunir.
Y empecemos con Beatriz Aguirre en el papel de Dominga, la primera que aparece en escena al iniciarse el espectáculo, hermosísima con su cabello blanco y vestido negro de luto por un marino que acaba de fallecer. Beatriz Aguirre muchas veces me ha molestado por su tendencia a la sobreactuación, pero no sé si debido a su largo alejamiento del escenario en los últimos años, o a la mano firme y disciplina directiva de Xavier Rojas, la intérprete adquirió una naturalidad de la cual generalmente carecía. Y pese a un papel de mujer violenta y dura de carácter presentaba un increíble encanto.
A su lado Marta Aura, otra estupenda actriz que vemos demasiado raras veces en el escenario, creó un tipo de mística algo trastornada, influenciada probablemente por alguna secta, y mantuvo en suspenso al público. La tercera figura femenina, Lilia Aragón en un personaje desagradable, de mucha violencia y dureza, logró no obstante conquistar la simpatía del auditorio tanto por su belleza como por su fuerza dramática. El cuarto papel femenino le correspondió a una actriz jovencita. A todas luces bisoña, Betzabeth Serai, aún carente de la madurez del oficio la reemplazó por la instrucción directiva. Se notaba que cada paso y cada actitud de la joven intérprete habían sido asimilados con paciencia y seriedad.
En cuanto a los dos hombres que creaban el drama e imponían el suyo a toda la familia, el hijo de Mercedes y nieto de Dominga, con su amigo llegado de la capital para presenciar el eclipse, Gastón Tusset como este último y Armando Palomo, el hijo de la familia, el maestro de la escuela del pueblo que mantiene con su sueldo la casa, pero quien con su conducta la destroza, ambos han hecho un excelente mano a mano.
Todo el conjunto, esos seis personajes creaban un drama más bien de caracteres, casi carente de un argumento que los unificara. El único lazo de unión entre ese grupo familiar resultaban sus lazos de sangre, y a veces perdíamos el sentido de las relaciones entre unos y otros.
En el reducido teatro Granero, de escenario circular resulta difícil imponer una escenografía, y David Antón, esta vez se contentó con manejar más bien objetos en lugar de lienzos pictóricos. Lo que no fue impedimento que tales objetos, con su sinfonola y su ficción de palmeras lograran imponer una atmósfera de mar y calor, con su drama de cada personaje y de todo el grupo.