FICHA TÉCNICA
Título obra ¿Dónde está el tenor?
Autoría Ken Ludwig
Dirección José Solé
Elenco Mauricio Herrera, Patricio Castillo, Javier del Valle, Anna Silvetti, Marco Zetina, Evangelina Elizondo
Escenografía David Antón
Espacios teatrales Teatro San Rafael
Cómo citar Rabell, Malkah. "Dónde está el tenor en el San Rafael". El Día, 1990. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
imagen facsimilar
El Día
Columna Se alza el telón
Dónde está el tenor en el San Rafael
Malkah Rabell
Hace ya mucho, mucho tiempo que no he reído tanto ni tan a gusto como en la comedia que se presenta en el teatro San Rafael: ¿Dónde está el tenor?. Una risa inocente para una comedia inocente, en la cual Mauricio Herrera canta en vivo, sin aparatos. Y nos enteramos que ese simpático actor de cara tan seria como Buster Keaton, alguna vez en su vida –creo que en sus principios artísticos– fue cantante de ópera. Desde luego la música que lo acompaña, y que acompaña a los demás, hace parte de una grabación.
En realidad, la comedia de Ken Ludwig no es precisamente tan cómica. La risa, más bien surge por la vis cómica de todo –o casi todo– el reparto de la obra. Sobre todo el primer acto es un poco seco, un poco pobre en acción humorística, y en general en acción Pero el ritmo logrado por la dirección de José Solé es tan estupendo y rara vez se consigue que todo el conjunto de actores actúe con un tono de tanta unidad. Toda esta historia de un tenor de ópera desaparecido la noche de su presentación en Cleveland en la ópera de Verdi, Otelo, tiene su núcleo en el segundo acto cuando al desaparecido lo reemplaza otro Otelo considerado apenas un principiante, y tiene un éxito fabuloso, por la simple razón de que todo el mundo cree que en el escenario actúa el cantante famoso, y el traje con el maquillaje de Otelo permite semejante equívoco. El autor parece sugerir que no es tanto el valor auténtico de un artista que admira el público, sino el nombre y la gloria impuestos por el triunfo.
Entre Mauricio Herrera y Patricio Castillo, en el papel del cantante aficionado el primero y como el presidente del patronato y futuro suegro del anterior, el segundo, se desarrolla un mano a mano de dos grandes actores de comedia. Y otro mano a mano realmente cómico se lleva a cabo entre Mauricio Herrera y Javier del Valle, dos Otelos absolutamente similares uno al otro, y a quienes ni siquiera puede distinguir el público que conoce el misterio de esas dos semejanzas.
Todos los actores, quien en un protagonista más importante, quien en un papel secundario, todos merecen ser mencionados por la limpieza con la cual dan vida a sus personajes, desde Anna Silvetti en el papel de la esposa del tenor italiano, Tito Merelli (Javier del Valle) que parece dominar el italiano y poseer el temperamento de esposas de esa nacionalidad, hasta el Botones, Marco Zetina que prolonga la poca importancia de su personaje por la vitalidad que le impone; tanto la hermosa Margarita Gralia que se supone es la actriz que interpreta el papel de la heroína de la ópera, como Evangelina Elizondo la jefa del patronato, cada una en una sola aparición, acaparan el escenario y el interés del público.
La escenografía de esa suite en un hotel en Cleveland tiene toda la elegancia y la fantasía que sabe imponer David Antón. En cuanto a la dirección de escena de José Solé a quien durante años hemos conocido como un metteur en scéne de obras serias, sobre todo del repertorio clásico, sorprende por su tono cómico, por su ritmo dinámico y por el manejo de un excelente grupo de actores. Entre dirección y actuación, el espectáculo de esa comedia logró un todo de unidad que rara vez se consigue.