FICHA TÉCNICA
Título obra Yo madre, yo hija
Notas de Título De si tendres liens / título en el idioma original
Autoría Loleh Bellon
Dirección Susana Alexander
Elenco Carmen Montejo, Susana Alexander
Espacios teatrales Teatro Independencia
Cómo citar Rabell, Malkah. "Espléndido mano a mano de S. Alexander - C. Montejo". El Día, 1990. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
imagen facsimilar
El Día
Columna Se alza el telón
Espléndido mano a mano de S. Alexander - C. Montejo
Malkah Rabell
Cuando el cinema internacional comenzó a desligarse del sistema de stars, inició para la pantalla grande la decadencia económica. El público desertaba cada vez más las salas cinematográficas, contentándose con la televisión en el hogar. Si antaño se transformaban numerosas salas de teatro en cines, hoy sucede lo contrario. Las salas cinematográficas se transforman a menudo en teatros.
Lo que sucedió al arte industria, empieza a suceder al teatro en México. Por más que nunca hubo en el DF tal cantidad de espectáculos como actualmente, por más que en nuestra capital hay noches cuando se presentan hasta 80 representaciones, lo que ha permitido a México figurar en cuarto lugar de los teatros occidentales, la mayoría cuenta con muy reducido auditorio. Y son desde luego las "compañías independientes" –nombre que a veces encubre simplemente la presentación de actores aficionados o incipientes– las que sufren las desoladas vaciedades de las salas. El público llegó a añorar la figura del actor maduro en su oficio. Y así como vemos salas reducidas a un mínimo de espectadores, a su vez un nombre brillante de actor conocido en la cartelera atrae a una multitud ávida de presenciar el auténtico arte histriónico. En mis años juveniles consideré lo más importante para el escenario contar con una obra de valor. Pero a medida que pasa el tiempo, me doy cuenta que es el actor, el intérprete de calidad que resulta corazón y cerebro del arte escénico. Sin actor no hay teatro. Y si el actor valioso cuenta además con una obra que gusta, llega el triunfo completo.
Tal es el caso de Yo madre, yo hija. Bastó el nombre de dos actrices excelentes: Carmen Montejo y Susana Alexander para llenar la amplia sala del lejano teatro Independencia, hoy llamado, no sé por qué, San Jerónimo, con un público entusiasmado, que no teme el sacrificio de un viaje difícil.
Ya hace varios años, Manolo Fábregas reunió a esas dos actrices en una obra estadunidense: Buenas noches, mamá. Esta vez las reúne un drama de autora francesa, Loleh Bellón. Yo madre, yo hija reemplazó el título original, mucho más apropiado: De si tendres liens (Tan tiernos lazos), título bastante irónico para explicar esa famosa relación de amor-odio entre madre e hija. Loleh Bellón se cuidó mucho de subrayar con rasgos demasiado oscuros el odio y, en cambio, sacó a relucir la ternura. En realidad esa pareja de madre-hija es bastante normal. Sus lazos y sus choques son los que encontramos en cualquier familia que se respeta, sobre todo en la clase media: divorcio de la madre; deseo de ésta de vivir alegremente los años que aún le quedan de juventud; desvalidez de los años de senectud. Y de parte de la hija: celos infantiles; caprichoso deseo de apegarse a la madre, y a su vez la lucha para conquistar la independencia. Y por fin, la eterna vuelta al redil, el eterno cordón umbilical que une a esos dos seres.
Bajo la dirección de Susana Alexander –que ya nos demostró en otras oportunidades sus conocimientos en este campo– ambas intérpretes han logrado sendas creaciones. La presencia renovada en el escenario de Carmen Montejo que tantas veces nos entristecía con su amenaza de irse definitivamente del teatro, nos alegró y admiramos su arte de múltiples facetas histriónicas. Resplandecía de una segunda juventud, y como sólo lo saben hacer las grandes actrices dramáticas, también nos hizo reír. En cuanto a Susana Alexander en el papel de la hija, de la niña, tuvo que exagerar un poco para subrayar la diferencia entre las dos edades, la de la niña y la de la adulta.Recuperaba la naturalidad cuando aparecía como la mujer hecha y derecha que a su vez debe cuidar de la madre ya anciana. A las dos actrices las acompañaban sólo dos figuras masculinas: Eduardo Liñan y un muy joven actor, Pablo Ferrel, en papeles muy reducidos.
En resumen: un mano a mano espléndido, Susana Alexander y Carmen Montejo, que el público recompensó con entusiasmo aplausos prolongados dignos de un concierto sinfónico.