FICHA TÉCNICA
Título obra Sor-presas
Notas de Título Nonsense / título en el idioma original
Autoría Dan Gogging
Dirección Alejandro Oliva
Elenco Marga López, Susana Zavaleta, Garda Santini, Laura Luz, Maru Dueñas, Carmen Durand
Espacios teatrales Teatro Virginia Fábregas
Cómo citar Rabell, Malkah. "Sor-presas en el Virginia Fábregas". El Día, 1990. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
imagen facsimilar
El Día
Columna Se alza el telón
Sor-presas en el Virginia Fábregas
Malkah Rabell
¿A qué orden monástico pertenecen esas monjas que en el nuevo y reducido teatro Virginia Fábregas representan la comedia musical norteamericana de Dan Goggin, que en inglés lleva quizás un título más apropiado: ¡Nonsense!. ¡Sí! hay mucho de nonsense, o de falta de sentido común en esas monjas que nos dejan "Sor-prendidas". Pero divierten con sus cantos y con sus bailes, aunque con bastante poco sentido del humor. Monjas que deseaban, que han soñado en ser actrices, y hasta vedettes, y que han terminado su carrera de fantasía bajo el hábito monástico, en la vida del claustro, la cual según nos lo presenta Sor-presas no es tan triste como lo imaginábamos. Si lo tomáramos menos en serio podríamos hasta imaginarnos que las monjitas se la pasan haciendo tape y otra clase de coreografía, acompañadas por el canto y la música, cuyo autor ignoramos ya que el programa de mano no lo menciona. A menos de que sea el mismo Dan Goggin el autor de la música de esa comedia musical que casi carece de prosa. Como asimismo carece de argumento, de tema y de ideas. Son monjas sin partido político y sin disciplina religiosa. O por lo menos es lo que se deduce del espectáculo.
Se trata de una representación femenina, reducido a la actuación de cinco intérpretes encabezadas por la primera actriz Marga López, que hace el papel de la madre superiora en medio de un grupo de hermanas no muy respetuosas de su directora espiritual. El programa de mano trasmite el agradecimiento para Marga López de la compañía juvenil que parece iniciar con Sor-presas su actuación profesional. La primera figura del espectáculo es bien conocida del público y se hace inútil hacer su presentación. En cambio, las cuatro jóvenes actrices que la acompañan: Susana Zavaleta, Garda Santini, Laura Luz, Marú Dueñas y la suplente Carmen Durand, se me hacen perfectamente desconocidas, aunque ninguna de ellas deja de tener temperamento escénico, voz y capacidad coreográfica. Creo –si no me equivoco de personaje– que la mejor de ellas es Laura Luz. Las otras tres, son menos temperamentales, pero dan la impresión de lograr con el tiempo una seria posición en la nueva generación de intérpretes mexicanos.
En cuanto a la obra, esta comedia musical bastante insignificante, tiene según parece más de cuatro años de representarse en Nueva York, y en otras capitales del mundo. Y según nos informa el programa de mano Nonsense ganó cuatro premios en 1986; Oater Critics, Circle Awards, incluido el premio al Mejor Musical de Off-Broadway es decir representada fuera de Broadway. Todo ello me hace pensar que la comedia musical que tenía en los Estados Unidos su máximo centro de triunfos, debe hallarse bastante de capa caída. Y como la obra también se representa en Madrid, Buenos Aires, Roma y otras, se me ocurre que el género de la comedia musical debe encontrarse bastante en decadencia.
Sin embargo, no obstante la modestia del tema, bajo la dirección de Alejandro Oliva, la representación logra adquirir una atmósfera sugestiva, ya que el director vistió de monjas y monjes a todos los empleados del teatro, que no sólo exhibían su vestimenta, sino que adquirían gestos y actitudes especiales, dignos de su estado monástico. Y todos esos menudos detalles, reunidos con una escenografía basada en el original de Nueva York que daba una nueva imagen de esas monjas "perestroikas" que viven en unos dormitorios que parecen más bien habitaciones de estudiantes de secundaria, adornados con fotografías de actores cinematográficos entre quienes no podía faltar Marylin Monroe a semivestir, y con sus cantos y sus bailes casi permanentes no dejaban de divertir al público, que llenaba el nuevo teatro Virginia Fábregas.