FICHA TÉCNICA



Notas Semblanza del dramaturgo Óscar Liera, pseudónimo de Jesús Cabanillas Flores




Cómo citar Rabell, Malkah. "Dejó de existir el dramaturgo Óscar Liera". El Día, 1990. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

El Día

Columna Se alza el telón

Dejó de existir el dramaturgo Óscar Liera

Malkah Rabell

Se fue uno de nuestros mejores dramaturgos jóvenes, Óscar Liera. Se fue para siempre para las regiones de las cuales nunca se vuelve, de las cuales nadie volvió. Tenía 43 años y hace ya mucho que no era sólo una promesa sino una realidad, una realización. Aunque así como su frágil salud no poseía una línea recta, así tampoco sus obras no siempre manteníanse a la misma altura. Las había muy buenas, y otras muy cuestionables. Había en su mente y en su alma ciertas dudas acerca de muchas cosas. Sobre todo de las religiones. Y esas dudas lo llevaban a creaciones muy dudosas. Como lo fue Cúcara y Mácara que despertó la rabia de los fieles a la Virgen Mexicana, a la Virgen de Guadalupe. Lo que no dejó de provocar no sólo escándalos, sino en una noche hizo subir al escenario a un grupo de rabiosos armados de cuchillos y palos. No mataron a nadie, pero dejaron malheridos, algunos de gravedad, a no pocos de los jóvenes actores estudiantes, muchachos universitarios que participaban del espectáculo.

Lo conocí en Guanajuato, durante un festival Cervantino. Vino con ya no recuerdo qué grupo y se hizo amar por todo el mundo por su carácter amable, por su rostro risueño, por su voz alegre. Y ese joven bueno, amable y talentoso un día se enfermó en su ciudad natal, Culiacán de Sinaloa, y cuando lo volvimos ayer, ya no era más que la sombra de sí mismo. Nunca volvió a recuperar la salud. Y no logramos comprender como ese hombre deshecho seguía escribiendo, seguía creando. Dejó una serie de piezas, de comedias y dramas. Algunas cortas, según él pretendía que debían ser la mayoría de las obras escritas para el escenario. La más importante de sus piezas cortas: Las Ubarry, viajó por toda la República, aunque no permaneció mucho tiempo en la escena del DF. Otra obra corta, muy bella: Pesadilla en una noche de verano, sólo fue puesta en escena con grupos universitarios.

Su primera obra larga: El Lazarillo, adaptación del Lazarillo de Tormes, la obra anónima, que él mismo puso en escena con mucho sentido de la dirección, tampoco se alejó mucho de los grupos universitarios, aunque la obra resultaba muy bella y llamativa.

Su primera obra de largo alcance, y que por fin lo coloca en las filas de los dramaturgos profesionales, es Las juramentaciones que sólo ocupa algún tiempo el escenario del Teatro Coyoacán, más o menos por los años 1983 o 1984, no lo recuerdo con precisión. Tampoco recuerdo muy bien quienes formaban el grupo de excelentes actrices del reparto femenino.

Las fábulas perversas, dirigida por Soledad Ruiz, y El camino rojo a Sabaiba, dirigida por Adam Guevara, y otras numerosas obras aparecieron una tras otra. Pero su última obra: Las dulces compañías, dirigida por Julio Castillo, que lo colocó definitivamente en las primeras filas de los dramaturgos mexicanos de la nueva generación. Excelentemente puesta en escena en el pequeño teatro NET, mereció un premio como la mejor obra del año 1988, otorgado por la Asociación Mexicana de Críticos de Teatro, quien ya le galardoneó con semejantes premios unos años antes por Las juramentaciones.

Y fue en realidad su Dulces Compañías que lo señaló a la atención pública como uno de nuestros mejores dramaturgos jóvenes. Con esa obra sucedió una cosa extraña. Actualmente que Óscar Liera falleció, el día 5 de enero de 1990, a los 15 días de haber cumplido los 43 años, resulta ya la tercera víctima que desaparece de los creadores de la obra. El primero, Julio Castillo, el director; el segundo el coproductor, Fernando del Prado, y ahora el propio dramaturgo. Los tres, hombres no mayores de 45 años.

A Óscar Liera –pseudónimo de Jesús Cabanillas Flores– probablemente lo podrá reemplazar algún nuevo autor y director en el escenario mexicano, pero nunca en los corazones de sus múltiples amigos.