FICHA TÉCNICA



Título obra El avaro

Autoría Jean Baptiste Poquelin Molière

Notas de autoría Miguel Sabido / adaptación

Dirección José Solé

Elenco Rafael Inclán, Margarita Isabel, Juan Carlos Barreto, Tito Vasconcelos, Patricia Pereyra, Juan Carlos Barreto, Cecilia Tijerina

Espacios teatrales Teatro Tepeyac

Notas




Cómo citar Rabell, Malkah. "El avaro de Moliére remozado". El Día, 1989. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

El Día

Columna Se alza el telón

El avaro de Moliére remozado

Malkah Rabell

Hace algunos años, asistí en Morelia a un festival teatral, donde uno de los grupos presentó una obra de Moliére que brillaba por la ausencia de actores profesionales, de escenografía y de vestuario de la época. Era el más desnudo espectáculo molieresco que presencie en mi vida. Y sin embargo pese al completo desconocimiento del arte histórico de los improvisados intérpretes, a todas luces aficionados, el público reía a carcajadas. Entonces me convencí no sólo de la grandeza de Moliére, sino de su universalidad. Por lo general tenemos la tendencia en afirmar que a Molieére hay que verlo interpretado por la Comedie francaise, o por Louis Jouvet. En realidad, a Moliére lo pueden interpretar actores del mundo entero, y hasta los que no son actores.Y siempre será un triunfo.

Actualmente tenemos la suerte de ver a Moliére en una nueva versión debido a Miguel Sabido y no recuerdo haberme divertido tanto con Moliere como en esta oportunidad en el teatro Tepeyac. Todo mundo –o casi– conoce el argumento de El avaro y no corresponde rememorarlo. Miguel Sabido ya en otras ocasiones había realizado otra versión de la misma comedia, y si mal no recuerdo la otra era bastante distinta de la actual. La anterior resultaba muy refinada, hasta excesivamente. En tanto que el espíritu molieresco influenciado por una compañía italiana que visitaba París por aquella época, 1653, cuando Moliére presentaba su primera creación: El aturdido, y esos cómicos llegados de Italia, con su técnica de la comedia del arte dejaron su sello en el estilo del autor francés. En El Avaro, que vemos ahora en el Tepeyac, en la puesta en escena de José Solé vuelve en cierto modo a notarse la comedia del arte, aunque Moliére escribió su Avaro ya la comedia del arte estaba de su espíritu, ocupado por comedia que podríamos considerar como tragicomedias, tales como Tartufo, Don Juan o el Misántropo.

Pero he aquí que para su nueva versión de El avaro José Solé contó con un actor como Rafael Inclán quien ha excursionado hasta la Carpa. Y el refinamiento de aquella primera versión de Miguel Sabido cambió por completo, más popular, más extravertida y a decir verdad más divertida la cual donde el estilo de Rafael Inclán se halla más a sus anchas. He aquí un actor de quien nunca se podría decir que fue inolvidable. De todo el reparto tal vez a quien primero se olvida es precisamente a Rafael Inclán.

En cuanto al resto del reparto, compuesto en su mayoría por actores jóvenes y desconocidos, les falta bastante madurez histriónica. Salvo Margarita Isabel que en el papel de Frosina, la casamentera, demuestra su habitual capacidad creativa en el escenario, además de mucha gracia y encanto; salvo Tito Vasconcelos quien como Jacques el cocinero se vuelve cómico, el que de actor cómico nunca tuvo nada; los demás tanto Patricia Pereyera la hermana; Juan Carlos Barreto como el hijo perdido y milagrosamente encontrado; Cecilia Tijerina una joven muy bella en el papel de Mariana de quien está enamorado Cleonte el hijo de Harpagán; y por fin Carlos Ignacio como el hijo del avaro, son actores me imagino que de la televisión; y el teatro les permanece ajeno.

¿Y qué decir de la dirección de José Solé quien siempre fue muy aplaudido por sus puestas en escena de obras clásicas? A pesar de que tanto la escenografía como el vestuario, ambos de Roberto Cirou, no pertenecen a la época –siglo XVIII– de la obra, sino más bien resultan representativos del siglo XVIII, época rococó; ni tampoco el espíritu de la comedia molieresca, ¿pues como podernos admitir que en la casa de un ser tan avariento como Harpagán todo sea tan exquisitamente blanco lleno de sedas y encajes? Y cómo es posible que Harpagán, que no quiere dar de comer a sus hijos, tenga tantos lacayos? Pues bien, pese a esta falla de lógica, tal vez deseada, la puesta en escena llenaba de alegría. Había unos gags realmente bien logrados, como la llegada al escenario en el extremo de una cuerda, como caído del cielo, de Cleonte, el hijo de Harpagán. La obra reducida a dos actos por el autor de la nueva versión, Miguel Sabido, adquiría la dinámica admitida por la impaciencia de un público actual. Dinámica moderna que remozaba a Moliére y la ponía al servicio de la palabra y del espíritu molierescos.