FICHA TÉCNICA



Título obra La conspiración de la Cucaña

Autoría Luis de Tavira, y Alfonso de Maria y Campos

Dirección Luis de Tavira

Grupos y Compañías Compañía Nacional de Teatro

Elenco Blas Braidot, Juan Felipe Preciado, Gastón Tusset , Jorge Martínez de Hoyos, Ofelia Medina, José Antonio Alcaraz

Música Luis Rivero




Cómo citar Rabell, Malkah. "La conspiración de la Cucaña en la CNT". El Día, 1989. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

El Día

Columna Se alza el telón

La conspiración de la Cucaña en la CNT

Malkah Rabell

Un espléndido espectáculo, aunque como argumento no puede decirse lo mismo. Sobre todo si se pretende hacer una representación debida a Luis de Tavira un homenaje teatral a Alfonso Reyes. Y nos preguntamos: ¿qué clase de Alfonso Reyes nos presenta? Pues, bastante pobre. Un personaje preocupado constantemente en comer. Aunque la comida sea el manjar de los reyes, tan permanente preocupación para un creador literario hasta nos resulta ridículo.

Un espléndido espectáculo realizado por la Compañía Nacional de Teatro, que indudablemente ha sido inspirado en la representación del grupo español llegado para el Festival de la Ciudad de México: Dancing. Pero tal inspiración no resulta falla alguna. También el propio Dancing ha sido inspirado en una película El baile. Pero el filme se adapta –si no me equivoco– en la historia de los últimos años de Francia; en cambio Dancing se inspira en una narración bailada de los últimos 50 años de historia española. En cambio la realización de Luis de Tavira se inspira naturalmente en los años políticos de las últimas décadas de México. El primer acto se sitúa en España, en el Hotel Savoy a Madrid de 1923. A veces existe cierto caos y confundimos la conspiración de Tacubaya de 1913 con la reunión del Hotel Savoy donde se presentan los enemigos de Alfonso Reyes, a quienes se agrega la amiga del famoso escritor mexicano, la Diva, que más tarde resulta ser la Imperio Argentina, bautizada con este nombre por Alfonso Reyes. Lo pobre de esta parte es que no vemos la grandeza de Reyes. Más bien surge un señor snob, a veces hasta ridículo, que nos deja indiferentes y a quien no logram los admirar.

En cambio toda la primera parte se basa en un ballet de meseros y meseras del restauran del Hotel Savoy, bellísimo y original; una escenografía no menos original, consistente en una inmensa mesa de billar que ocupa casi todo el escenario, La danza, el canto, los movimientos de los cocineros, todo ello crea una riqueza de vaivén, todo el escenario se agita, es casi una revista.

Mucho más interesante es la segunda parte, cuando llegan los refugiados españoles a México, cuando se organiza el movimiento de su llegada, y el presidente Cárdenas admite su importancia para la cultura del país. A la realización total se mezclan numerosos bailes que no tienen mucho que ver entre sí, pero el conjunto crea mucha alegría y diversión, aunque todo gira en torno de la comida, lo que termina por fastidiar.

Una de las escenas más divertidas es la "Comida en la colonia Condesa en México 1958" con todos los amigos de Reyes entre quienes reconocemos a Salvador Novo, aunque sólo lleva el nombre de "El contemporáneo". Es la escena donde más lucen su arte histriónico los intérpretes. Luis de Tavira supo reunir a un grupo novedoso de actores: Blas Braidot que todavía nunca participó en el teatro mexicano fuera del creado por él mismo famoso ya Contigo América; Juan Felipe Preciado, que vimos poco en los últimos tiempos, como el "Cronista de la ciudad"; "El contemporáneo". interpretado por José Antonio Alcaraz, que ha hecho todo lo posible para sugerir a uno de los más famosos del movimiento contemporáneo, Salvador Novo; Gastón Tusset en diversos papeles, en todos especialmente simpático. Y el que brilló particularmente en sus diferentes personajes, fue el excelente actor Luis Gimeno. Y por fin como Alfonso Reyes, Jorge Martínez de Hoyos, a quien veo en teatro por primera vez, y sobre todo como la Diva, Ofelia Medina.

Con sus escenas de violencia, de rebeliones, magníficamente realizadas, de un realismo que destrozaba los nervios; con sus danzas, cantos, escenas cómicas, todo de una especial originalidad; con su música muy melódica de Luis Rivero, y sus textos de Alfonso de María y Campos y Luis de Tavira, dio como resultado un espectáculo original muy divertido, que nos mantuvo durante tres horas despreocupados por el tiempo, sin darnos cuenta de las horas que pasaban.

Un excelente espectáculo... pero lamentablemente faltó la unidad, ausente toda continuidad, y muy poco dedicado a la gloria de Alfonso Reyes.