FICHA TÉCNICA



Título obra Por el placer de matar

Autoría Alfred Hitckcock

Notas de autoría Ángel Nápoles, / paráfrasis a La soga

Dirección Alfonso Nápoles

Elenco Alfonso Nápoles, Raúl Adalid, José Acosta, Mario Delmar, Ellen Gollas, Alberto González, Cristina Villafaña

Espacios teatrales Casa particular de Alfonso Nápoles




Cómo citar Rabell, Malkah. "Por el placer de matar, en un escenario privado.". El Día, 1989. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

El Día

Columna Se alza el telón

Por el placer de matar, en un escenario privado.

Malkah Rabell

Con frecuencia he oído hablar de representaciones en casas particulares de las clases privilegiadas. Nunca me han interesado. Me parecía una perfecta estupidez para rellenar las horas vacías de las damas ricas. Para quienes sienten el gusanillo de la actuación que busquen alguno de los numerosos grupos de aficionados, que en México no faltan y que se toman el teatro en serio, tratando de dominar el espacio de un escenario en lugar de una habitación mucho más fácil de conquistar. Pero un día me llamó por teléfono una voz desconocida que se presentó como el Arq. Alfonso Nápoles quien me invitó a una representación privada, en su casa, a la cual ya había asistido el maestro escritor y crítico Rafael Solana, quien había escrito una crítica elogiosa de la misma. Tengo plena confianza en las opiniones de Don Rafael Solana y se me despertó la curiosidad.

El día señalado llegué a una casa más agradable que lujosa en la bella colonia Del Valle. Me introdujeron en una habitación no muy amplia cuyo fondo estaba misteriosamente cubierto por una cortina. En el cielo raso estaban instaladas las luces necesarias para un espectáculo teatral. A la hora designada empezó la representación.

Cuál no fue mi sorpresa cuando a medida que transcurría la obra me daba cuenta que estos "aficionados" actuaban con la seguridad de unos profesionales y la obra: Por el placer de matar, que resultaba una paráfrasis de la película La soga de Alfred Hitchcock –escrita por el propio arquitecto Nápoles–, se basaba en un hecho real del cual se habló mucho en su tiempo, y acerca del cual yo había leído en muchas oportunidades: Dos jóvenes matan a un amigo por el simple hecho de experimentar la emoción del crimen perfecto, aunque los crimenes perfectos no existen. ¿Locura? ¿Sadismo? O búsqueda de emociones nuevas de un niño "o bien", de un hijo de la alta burguesía (muy rica según lo mencionaba la prensa de su tiempo) que no sabe qué hacer con su vida absurda y vacía de estudiante brillante y muy inteligente, que lo tiene todo y no ha de hacer el menor esfuerzo para conseguir todo lo que desea. El texto del drama representado en la casa del Arq. Napoles nos narra que Antonio, el asesino, ya en su adolescencia, durante una de sus lujosas fiestas que solía ofrecer a sus amigos, preparaba unas sorpresas bastante desagradables, y una de ellas fue el "cadáver" con puñal en la espalda que flotaba en su piscina. Desde luego, el cadáver no era más que un muñeco, pero provocó una fuerte emoción en los presentes. Su auténtico asesinato sigue interesando a médicos y psicólogos, y sobre todo a lideres sociales. Caso que no deja de provocar indignación contra una sociedad que produce semejantes monstruos.

La dirección del Arq. Alfonso Nápoles, estupenda pese a su total novatez en la materia, aprovechó el reducido espacio, que al correr la cortina del fondo mostraba detrás de la amplia puertaventana un jardín donde se producía el asesinato y donde se llevaba a cabo parte de la acción. Este director novel supo dirigir con mano maestra a sus intérpretes igualmente novatos, fuera de Raúl Adalid ya con cierta experiencia, quien en el papel de Antón, el asesino, se mostró excelente.No menos perfecto se mostró Alfonso Nápoles en el papel de Max Mendel, el profesor universitario que descubre el crimen. Perfectamente correctos estuvieron en sus diversos papeles los demás protagonistas: José Acosta, Mario Delmar, Ellen Gollas, Alberto González y Cristina Villafaña. Sería interesante averiguar si también en el desnudo espacio de un escenario frente a un público perdido en la oscuridad de una sala, esos ocho protagonistas que por primera vez intervienen en una obra dramática, también podrían desplegar igual capacidad histriónica.