FICHA TÉCNICA



Notas Comentarios a la obra de Tomás Urtusástegui




Cómo citar Rabell, Malkah. "Un nuevo dramaturgo nacional: Tomás Urtusástegui". El Día, 1989. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

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El Día

Columna Se alza el telón

Un nuevo dramaturgo nacional: Tomás Urtusástegui

Malkah Rabell

En la última década volvió a la orden del día el realismo en la dramaturgia mexicana, Poco a poco fueron desapareciendo el teatro del absurdo, la abstracción y la vanguardia, y nuestros autores nacionales se tornaron a buscar la palabra y la idea claras en la vida de nuestro propio pueblo. Y si durante veinte años los dramaturgos mexicanos llegaron casi a desaparecer del teatro nacional, reemplazados por la vanguardia europea y norteamericana, actualmente se presentan cada vez más y más numerosos Uno de los más conocidos y de los más originales es Tomás Urtusastegui.

Si bien Tomás Urtusastegui es indudablemente un autor realista, su realismo adquiere algún rasgo nuevo, poco usado en la mayoría de las obras de nuestros dramaturgos. Como Urtusastegui es médico de profesión, la anatomía, ciertos rasgos de la naturaleza física del ser humano, se introducen con bastante frecuencia en sus comedias y hasta en sus dramas. Tal como es muy visible en su farsa Huele a gas, donde el gas no proviene ni de la estufa culinaria, ni tampoco de la gasolina de los transportes. Simplemente es debido a unos trastornos intestinales. En cambio, la mejor obra de las que ya le conocemos, Cupo limitado sólo tiene muy restringidos recuerdos de anatomía, cuando los seres humanos han de responder con su físico a ciertas dificultades que llegan del exterior. Cupo limitado es un corto drama con un tema rara vez usado por otros dramaturgos. Se trata de un grupo de personas que quedan encerrados en un elevador condenados tal vez a morir asfixiados por falta de oxígeno. El drama no tiene final. Tal vez porque el autor se inspira en Pirandello, quien dejaba el final de sus obrascon un punto de interrogación, considerando que la vida támpbco tiene final: ¿Los encerrados en el ascensor morirán o lograrán salvarse en el último momento? ¡Misterio que el dramaturgo deja por resolver a la imaginación.de los espectadores! Lo apasionante de la obra son las actitudes de cada personaje ante la inminencia de la muerte enlese reducido espacio donde el cupo es para cuatro y donde el destino ha reunido a doce.

Su última obra que aún no ha sido ni representada ni tampoco editada, Póngase en mi lugar. ha llegado a mis manos por sorpresa. Y también ha sido una sorpresa para mí leer una pieza cuyo título más bien nos introduce en la comedia y no obstante nos presenta un drama extraño, precisamente por esa tendencia que tiene el dramaturgo en buscar elementos poco usados. En realidad creo que a nadie se le ocurrió tomar la expresión "póngase en mi lugar" al pie de la letra, como lo hace Urtusástegui. Lo que en este caso permite qué el hombre se transforme en mujer, y ésta adquiera la personalidad de un hombre. Lo que desde luego da lugar a un extraordinario ejercicio escénico entre los dos actores protagónicos. Me imagino que para ningún director de escena resultará fácil encontrar a una pareja de actores capaces y dispuestos a llevar a cabo semejante interpretación que fácilmente puede caer en el ridículo si no descansa en las fuerzas artísticas de dos comediantes de muchas aptitudes. Dos horas, o una hora y media de interpretar a una mujer, vestido el interesado con su normal vestimenta masculina; y hacer el mismo esfuerzo la actriz para interpretar al hombre mientras sigue vestida de ropa femenina, es un esfuerzo colosal, un ejercicio agotador que no se olvida fácilmente.

Todo el resto de la obra Póngase en mi lugar es más bien de un realismo aotidiano, que pone en escena la vida familiar de un matrimonio de clase media baja, que provoca entre sí los habituales choques de una pareja cuyo amor hace mucho pasó a la historia. Pero el final es inesperado y hace bajar el telón en un momento por completo sorprendente.

El Dr. Tomás Urtusástegui es aún un hombre joven, y en el mundo de la dramaturgia tiene poco tiempo. Lo que no obsta que escribe con una sorprendente rapidez y de su máquina de escribir sale regularmente una obra tras otra, dejando sorprendidos tanto al lector corno al espectador por lo poco común, tanto de sus comedias como de sus dramas.