FICHA TÉCNICA
Título obra El pelícano
Autoría August Strindberg
Notas de autoría Tina French / adaptación
Dirección Alberto Atala
Elenco Marta Aura, Laly Raffiel, Mel Herrera, Hugo Semolini, Ángeles Bravo
Escenografía Javier de la Garza
Espacios teatrales Foro del Museo Rufino Tamayo
Cómo citar Rabell, Malkah. "El pelícano de August Strindberg". El Día, 1989. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
imagen facsimilar
El Día
Columna Se alza el telón
El pelícano de August Strindberg
Malkah Rabell
En la obra de todo autor, todo creador, ya pictórico, ya literario, están depositados los jirones de su vida, está transfigurada su propia existencia. Pero, según dice Kive Staif en su introducción al Teatro Escogido de August Strindberg: "esa supuesta ecuación matemática no se cumple necesariamente... Una vida humana puede quedar registrada en los elementos anecdóticos, circunstanciales de una obra pero no puede llegar a explicar la grandeza de una obra..." Y así, aunque August Strindberg, el genial dramaturgo sueco, nacido en 1849, en toda su creación dejó huella de sus sufrimientos psicopatológicos, y en su libro: El hijo de la criada cuenta la historia de su vida y la de su madre, sirvienta en una casa burguesa cuyo dueño fue su amante y el padre de August, el origen ilegítimo de éste no explica la genialidad del escritor, pero sí deja mucho que pensar a sus biógrafos. Yen realidad aunque para quienes han estudiado su obra, su misogénia se explica principalmente por sus orígenes de hijo ilegítimo, a mí me parece que debía ser al revés. Lo natural sería que odiara a su padre, y no a su madre, la víctima.
Este odio a la madre es sumamente visible y exasperado en El pelícano. En ese drama el autor recurre a una leyenda que pretende que el pelícano nutre a sus hijos con su propia sangre. Y uno de los personajes, el yerno regala a su suegra, que a la vez es su amante, un poema titulado: El pelícano. Más, la obra termina con la seguridad de los hijos de que el auténtico pelícano en su vida familiar fue el padre quien los nutrió con su sangre en tanto la madre exhibió rasgos de vampiro y se alimentó a sí misma con la sangre de sus hijos. El autor presenta a los alimentos, que le sustraía su madre como un símbolo de la sangre. Tanta maldad digna de una madrastra recuerda las opiniones de Freud, quien decía que en la literatura antigua el miedo de ofender la sagrada imagen de la madre, hacía que los escritores inventaran al personaje de la madrastra (sobre todo usada en los cuentos infantiles). Strindberg tal vez fue uno de los primeros en arrancar la máscara del sublime amor materno y gritar su misogenia con violencia.
En el papel de la madre en El pelícano –que actualmente se presenta en el pequeño y agradable Foro del Museo Rufino Tamayo– Marta Aura, excelente actriz insuficientemente conocida e insuficientemente aprovechada para papeles importantes, ha hecho una brillante creación. En la adaptación de Tina French el final ha sido un poco cambiado, pero sin quitarle nada al texto original. El expresionismo que en la segunda parte de su vida dominó la creatividad del autor sueco le ha dado la oportunidad a Marta Aura de imponer a la protagonista la manera distorsionada de aquella escuela que sobre todo se impuso en las artes plásticas. En el resto del reparto predominó más bien el naturalismo. Tanto la hija, interpretada por Laly Raffiel, como Mel Herrera en el papel del hijo, han dado a suspersonajes el tono del sonambulismo. Los dos parecían vivir en el sueño, sobre todo Laly Raffiel. En cuanto a Mel Herrera, muy joven actor, aún le falta experiencia escénica. En el personaje del yerno, casado con la hija por la esperanza de una herencia que nunca llegó, Hugo Semolini resultó de mucha naturalidad. Hasta en el reducido papel de la sirvienta resultó muy natural Ángeles Bravo.
Según parece nace en México una nueva generación de directores de escena. Alberto Atala, se nos hace un buen representante de tal generosa en escena de El pelícano ha dado muestras de saber manejar a su elenco, tanto en su plasticidad como en su dicción que era clara, lo que no es precisamente muy fácil en un teatro que tiene bastante mala acústica.
En cuanto a la escenografía, en un montaje que recurre a veces al expresionismo, lo correcto sería que también el escenógrafo Javier de la Garza recurriera a elementos expresionistas en lugar de la pobreza artística de tono real.