FICHA TÉCNICA
Título obra La Celestina
Autoría Fernando de Rojas
Dirección Salvador Garcini
Elenco Ofelia Guilmáin, Luz María Jerez, Francisco de la O, Ana Silvia Garza, Jacqueline Fernández, Ernesto Yáñez, Salvador Garcini
Escenografía Antonio López Mancera
Espacios teatrales Teatro Jorge Negrete
Cómo citar Rabell, Malkah. "La Celestina en una nueva adaptación". El Día, 1989. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
imagen facsimilar
El Día
Columna Se alza el telón
La Celestina en una nueva adaptación
Malkah Rabell
De todas las representaciones que vi de la tragicomedia de Fernando de Rojas: La Celestina, la que presencié hace unos días con Ofelia Guilmáin en la figura central y bajo la dirección de Salvador Garcini, es probablemente una de las más débiles. Lo que no deja de extrañar porque Garcini es uno de nuestros dirlctores de escena más talentosos y lleno de fantasía. En cuanto a Ofelia Guilmáin, además de ser la primera dama de nuestro teatro dramático, ya interpretó al personaje de Rojas en diversas oportunidades y siempre con mucho éxito. Esta vez la intérprete no me convenció. Tal vez porque tampoco me convenció la adaptación debida al director y a la primera actriz.
Es cierto que La Celestina más bien fue escrita como una novela, aunque al aparecer editada en 1499 anónimamente en Burgos, llevaba por título: La comedia de Calixto y Melibea en forma dialogada y dividida en dieciseis actos. Unos años más tarde apareció en Sevilla ampliada a 21 actos, y ya titulada: Tragicomedia de la Celestina, palabra que pasó al español como sinónimo de alcahueta.
Del autor dice Gerarld Breman en su Historia de la literatura española: "Parece que se trata de un judío converso llamado Fernando de Rojas. Nada sabemos de él, salvo que nació en 1465, y que pasó la mayor parte de su vida en Talavera donde practicó la abogacía y llegó a ser alcalde. Su esposa también era una conversa y su suegro fue perseguido por la Inquisición como indiferente en religión.
El tema de La Celestina es bien conocido por la mayoría de los espectadores mexicanos, ya que la obra fue representada en México innumerables veces con los más conocidos actores. El relato de amor entre Calixto y Melibea –tan parecido a Romeo y Julieta– ocupa en la adaptación que se presenta en el teatro Jorge Negrete en dos actos, un espacio relativamente reducido. En esta nueva adaptación hasta el personaje de La Celestina, que es la que domina la escena, y que ha sido considerada por los estudiosos de la materia como una de las más espléndidas creaciones de la literatura española, es reducido a bastante poca cosa. Desde luego el espectador moderno no tendría paciencia para soportar mucho más, y la adaptación trae a escena lo más importante tanto de la historia de la pareja de enamorados, como de la personalidad de La Celestina, tan rica en colorido.
La mayoría de los papeles juveniles, tales como de Melibea y Calixto, interpretados por Luz María Jerez y Francisco de la O; Parmenio, servidor de Calixto, actuado por David Ramos; así como Elicia y Areusa, las dos prostitutas protegidas por La Celestina, interpretadas por Ana Silvia Garza y Jacqueline Fernández, son actores muy jóvenes, que carecen aún de madurez escénica. Más bien nos hacen pensar que son alumnos de alguna escuela de actuación. Tan sólo Ofelia Guilmáin es una gran actriz ampliamente conocida y también es un actor de bastantes tablas Ernesto Yáñez, quien para el papel de Senipronio, otro de los criados de Calixto, tiene una ancha figura muy de acuerdo con el personaje. Hasta Salvador Garcini interpreta un reducido papel, el del padre de Melibea.
En su dirección escénica, Salvador Garcini, trató de introducir algunas novedades como el desnudo de Luz María Jerez que aparece en el escenario cuando Melibea se arroja desde una torre. Lo que me parece un desnudo fuera de lugar, y que en esta tragicomedia tan llena de vida me parece poco natural. En cambio lo que llama permanentemente la atención es la escenografía de Antonio López Mancera, que parece muy moderna y le da mucho movimiento a la actuación. En cambio las luces se me antojaban demasiado oscuras para tanta acción en el escenario.
En general el primer acto caía en la monotonía. Pero el segundo adquiría mucho movimiento y acción dramática que apasionó al público.