FICHA TÉCNICA



Notas Balance anual del teatro en la Ciudad de México en 1988




Cómo citar Rabell, Malkah. "El panorama teatral en México en 1988". El Día, 1988. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

El Día

Columna Se alza el telón

El panorama teatral en México en 1988

Malkah Rabell

Hace unos años escuché a un conferencista francés en el IFAL, quien aseguraba que en Francia los críticos teatrales son los más enojones y los más exigentes de todos los críticos. El orador se preguntaba por qué. Y yo hago la misma pregunta. Pero desde entonces muchas cosas se me han aclarado. Ningún crítico tiene tantas dificultades para luchar contra la soledad de sus tareas como el especialista en el arte teatral. Ver una obra escénica y recordar todos los detalles es su obligación. El crítico de las artes plásticas puede volver a examinar una y otra vez las obras expuestas en la misma visita. Y aún más fácil le resulta tomar fotografías de las mismas obras. El crítico literario tiene el texto constantemente a mano, y puede revisar los párrafos que le resultaron poco claros. Creo que son los especialistas en música que tienen la tarea más difícil. Más, hasta los musicólogos se proveen de discos. Los siguen en dificultad los especialistas en artes teatrales. Lo más difícil es verse abocado a diversos espectáculos en la misma noche, o en la misma semana. Y estas tareas nunca fueron tan arduas y, numerosas en México, como en 1988.

Hubo épocas cuando en nuestra capital existían cuatro o cinco teatros, y la labor del crítico era de lo más tranquila. Además todo el mundo era crítico. A medida que pasan los años los teatros aumentan de número, y los espectáculos se multiplican. Pero nunca de la manera tan impetuosa como en este 1988, cuando en la ciudad se presentan a menudo de 70 a 80 espectáculos por noche, que no tardan en desaparecer. Y para el crítico es una constante persecusión de las nuevas obras. Ya no es cuestión de visitar los espectáculos ofrecidos en los teatros tradicionales. Se ofrecen obras en los lugares más increíbles: en casas particulares apenas adaptadas para las nuevas exigencias; en bibliotecas, librerías, restaurantes, cabarets y al aire libre. De la universidad, ni que hablar, es un mundo teatral aparte. El crítico más calmado, más tranquilo, cuando ve que tiene 20 invitaciones para siete días de la semana no deja de volverse neurótico. Y cuando para colmo de males, el médico le prohibe estar constantemente encerrado en salas con grandes amontonamientos humanos, entonces el especialista se siente por completo desdichado e inútil.

Extraño año este 1988. Mucha, muchísima cantidad, y en realidad bastante poca calidad. No había importantes puestas en escena ni grandes espectáculos que atrajeran la atención del público mayoritario. Lo más importante fueron las obras de autores nacionales. Entre tal cantidad de producción, resulta difícil hacer una selección más o menos correcta. Si al fin del año un crítico ha escrito acerca de cien representaciones, es casi imposible exigirle de que se acuerde de cual es cual, y sobre todo que ofrezca detalles acerca de las actuaciones, escenografía, direcciones y musicalizaciones. Durante años he escrito acerca del panorama teatral de cada temporada sin preocuparme de consultar con artículos, anotaciones o notas. Lo hacía todo de memoria. En el presente año, hasta con mis publicaciones a mano, se me hace difícil opinar.

Algunas virtudes de tantas representaciones me vienen a la memoria. Como obra nacional no puedo olvidar una pieza corta de Tomás Urtusastegui: Cupo limitado que se ofreció en un foro poco profesional como el De la Conchita que parecía exprofeso construido para esa puesta en escena de Morris Sariego que sucede en un elevador y necesita un espacio muy reducido, escenografía debida a Alejandro Luna. De los mejores interprétes pienso en dos figuras masculinas como Fernando Balzaretti y Patricio Castillo en esa tragicomedia muy poco teatral de Milán Kundera: Jacques y su amo. Asimismo Ludwik Margules dirigió la obra de Kundera con mucho acierto, en el teatro del "Bosque". También fue excelente la dirección del prematuramente desaparecido director Julio Castillo de la obra de Oscar Liera: Dulces compañías que se presentó en el pequeño teatro NEK (Núcleo de Estudios Teatrales). En el campo femenino recuerdo a Margarita Sanz en La marquesa de Sade de Yukio Mishima. En la misma obra en el papel de la madre de la marquesa de Sade fue espléndida una actriz a quien nunca se dio bastante importancia, Angelina Peláez, la que por lo menos merece el premio de coactuación. La obra de compañía extranjera de la que más se habló por su poesía y belleza, fue la del teatro soviético de Yakutia: Mi costa anhelada que de paso para el Festival Cervantino se presentó en el DF.

Existen todavía numerosos detalles de este año presente de los cuales hablaremos en otra nota.