FICHA TÉCNICA



Título obra Jacques y su amo

Autoría Milan Kundera

Dirección Ludwik Margules

Elenco Fernando Balzaretti, Patricio Castillo, Rosa María Bianchi

Escenografía Tere Uribe

Espacios teatrales Teatro del Bosque




Cómo citar Rabell, Malkah. "Jacques y su amo, de Milán Kundera". El Día, 1988. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

El Día

Columna Se alza el telón

Jacques y su amo, de Milán Kundera

Malkah Rabell

De este novelista checoslovaco, que hoy leen todos los lectores que se respetan, y hasta los que no se respetan, de Milán Kundera, que ya desde varios años vive en París, se presenta actualmente en el teatro de El Bosque la única obra de teatro que haya escrito: Jacques y su amo, una reescripción de la obra de Denis Diderot: Jacques le fatalista (Diderot autor del siglo XVIII, de quien vamos a hablar en otra oportunidad). Kundera es indudablemente un excelente novelista –aunque no llegue a ser un gran escritor– pero No es un hombre de teatro. Por fortuna la representación de Jacques y su amo fue dirigida con mano maestra por Ludwik Margules y encabezada por una pareja de actores esplendidos, Fernando Balzaretti como Jacques el sirviente, y Patricio Castillo como el amo.

Van años que estoy diciendo que Fernando Balzaretti es uno de nuestros mejores actores, un extraordinario intérprete que el público conoce muy poco, y hasta el mundo del teatro desconoce, ya que este actor de origen universitario ha permanecido fiel a la Madre Universidad y a las representaciones ofrecidas en su ámbito. Nunca fue compensado con un galardón. Lo que prueba que las premiaciones, no sólo en nuestro ambiente sino en el mundo entero y amenudo hasta el premio Nobel, tienen muy rara vez una auténtica razón de ser. Esperemos que la prensa especializada que influye en la opinión pública, tendrá mejor sentido de la justicia artística.

Al parejo con Balzaretti, otro actor de múltiples virtudes, Patricio Castillo, en el papel del Amo de Jacques, creó un carácter al estilo de Diderot sobre todo en su Jacques le fatalista donde anida una fuente de lirismo. Estamos acostumbrados a ver a Patricio Castillo en papeles de carácter, generalmene cómicos. Aquí la dramaticidad aunada a la comicidad impresiona desde la figura física. Este personaje, alto, delegado, con su densa cabellera cana y sus grandes ojos saltones llama la atención por algo extraño, fuera de la simple atracción anatómica. Su dicción es clara y no perdemos una sola palabra de sus larguisimos parlamentos, y todo en el él es de una perfecta naturalidad. Entre él y Jacques se anuda una mano a mano en el cual ninguno de ellos logra dominar al otro. La obra adquiere vida y fuerza por la total imposición de esa pareja.

A esos dos actores se auna una tercera presencia de mucha personalidad: Rosa María Bianchi en el papel de la hostelera, quiza algo sobreactuada en sus temperamentales intervenciones, pero que no deja de imponerse al público.

He leído a Jacques y su amo no hace mucho tiempo, pero como tuve que devolver el libro prestado en una biblioteca, su texto se ha diluido en mi memoria (lo que no me ha sucedido con ninguna de sus libros). En cambio su puesta en escena permanece fresca en mi mente. Ludwik Margules no se mantuvo excesivamente fiel a su lado cómico, y las risas del auditorio no eran constante como lo son en determinados comediógrafos. Kundera no es hombre de teatro, y aún menos es comediógrafo. Los jóvenes amante del teatro suelen decir: "suelta el rollo". Pues Kundera deja escapar unos "rollos" larguisimos, y Margules se dedica a darle una vida teatral a la que no falta originalidad. El viaje por el mundo de Jacques y su amo que el sirviente alegra con las historias de su propia vida, y a las cuales agrega la hostelera sus propias aventuras de un erotismo alegre, son los temas que más desatan las risas.

La escenografía, de Tere Uribe –nombre casi desconocido en la especialidad– en el teatro de El Bosque parecía hallarse casi ausente en las primeras escenas y el inmenso foro se encontraba desnudo. Mas, al avanzar la obra, el espectador se daba cuenta que la mitad del escenario estaba sometido a un mecanismo que le imponía como un oleaje, que hacía subir y bajar el foro, o por lo menos dividía la escena en dos o más partes, que si no mal recuerdo Kundera exigía en su texto.